[SITGES 2018] Mandy: el show de Nicolas Cage

Cage es el mejor efecto especial que verás en cualquier película de este año.

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06 de octubre de 2018

En el mundo del cine hay actores y ‘actores’. Unos se limitan a recitar sus lineas, con mayor o menor fortuna, mientras que otros viven sus papeles con intensidad, se convierten en su personajes y los llevan hasta las últimas consecuencias. Lo fácil sería decir que Daniel Day-Lewis pertenece a este grupo, pero sin ponerlo en duda, el que desde luego se ha convertido en un paradigma de la categoría es el siempre entregado Nicolas Cage. De manera expresionista, mirándose en iconos como Lon Chaney o Klaus Kinski, Cage ha transformado cada una de sus interpretaciones en algo digno de analizar y admirar, incluso cuando para pagar las facturas se ve involucrado en cuatro bodrios al año y, con suerte, alguna película buena entre medias. Este no es exactamente el caso. De hecho, os animamos a hacer algo: pedid un deseo. Porque Mandy no es menos milagroso que ver una estrella fugaz en mitad de la noche.

Los ingredientes siempre habían estado ahí y más allá del factor determinante (Cage), todo lo demás parece alguna clase de alineación de planetas orquestada por una deidad muy puesta en lo que se podría llamar ‘Cageísmo’. Mandy cuenta con una excelsa banda sonora del tristemente fallecido Jóhann Jóhannsson, que remite al giallo y al fantaterror europeo, con sintetizadores y otros recursos que, en suma a su fotografía granulada e híperestilizada, con niebla constante, colores chillones y primeros planos hacen de la experiencia de ver el film algo único y realmente embriagador. Por supuesto esto tampoco pilla por sorpresa teniendo en cuenta quién es su director: Panos Cosmatos. Su debut, Beyond the Black Rainbow (2010) era un film inclasificable e insobornable, que se dividía en una serie de viñetas a cada cuál más desquiciada, apostando por la abstracción incluso en el plano narrativo (su guión podía escribirse en una servilleta) que por algo más sopesado.

Mandy es un tema diferente. Sigue funcionando en el plano puramente sensorial, pero en el fondo su personaje se debe a una misión concreta: la venganza. Si el John Carpenter de los 80 hubiese dirigido John Wick con Cage como protagonista se parecería a esta desbocada, alucinógena y sangrienta producción que no gustará a todo el mundo por igual, pero que desde luego ha llegado para ampliar el listado de héroes memorables a los que Cage ha insuflado aliento. Lo cuál no es poco decir, por otro lado.

Así pues y en resumen: si practicáis el ‘Cageísmo’, es decir, ver todas las películas del actor de forma religiosa esperando dar con joyas de lo trash como El hombre de mimbre, Next o Ghost Rider (película a la cuál hay un guiño en Mandy), con esta nueva película tenéis material para muchos revisionados. Porque lo que Cosmatos ha hecho por la figura del miembro de los Coppola es ni más ni menos que su película definitiva, casi a modo de testamento. Si Fellini tuvo Fellini 8 1/2 y Tarkovski se despidió de nosotros con Sacrificio… Mandy cubre ese mismo hueco y se convierte en la película total de Nicolas Cage. Por lo menos, de momento.

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