Shyamalan: El bicho raro más influyente del siglo XXI

Se cumplen 20 años del estreno de ‘El sexto sentido’, un título importantísimo que cambió el cine de género… ¿Cuántas películas no existirían hoy sin Shyamalan?

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04 de agosto de 2019

Todo comienza con el despido de alguien, en este caso de David Vogel. Era el presidente de Disney a finales de los 90 y un día, sin consultar nada a sus superiores, compró el guión de El sexto sentido por dos millones y medio… Y además prometió a un desconocido Shyamalan la silla de director. Le echaron, claro, pero la producción de la película siguió adelante. 

Era el verano de 1999 cuando El sexto sentido llegó a las salas de cine norteamericanas (en España hubo que esperar al otoño) y resultó una bomba. La gente salía exaltada del cine con la cabeza loca por ese giro final (el, probablemente, más espoileado de la historia) que en el fondo era el más lógico posible después de toda una serie de elegantes pistas dadas muy poco a poco por el director durante todo el metraje. 

“Bruce Willis está muerto” es cultura popular, es una cita tan famosa como “Este es el comienzo de una nueva amistad”, “Sayonara Baby” o “Que la fuerza te acompañe” y encima no pertenece al guión de película, si no a las reacciones en cadena del público tras ver la película. 

De la noche a la mañana Shyamalan se convirtió en uno de los directores más prometedores de Hollywood. 

Pero M. Nigth. Shyamalan tiene un problema, tiene un ego enorme. Lo intenta canalizar de varias maneras, una de ellas reservándose un cameo en sus películas que a veces resulta tener algo más de peso de lo que debería. El director, terriblemente influenciado por Hitchcock, guarda para sus películas la misma ambición comercial que el cine de Steven Spielberg. Y esto le convierte en un megalómano. 

Tras El sexto sentido realizó El protegido, que es una película fascinante, un drama de tono crepuscular que profundiza en el nacimiento del superhéroe antes de que los superhéroes rompieran la taquilla. Se la pegó porque Disney la vendió mal, este sería el primero de muchos problemas que tendrían luego. 

Así que Shyamalan continuo con Señales, un thriller sobre una invasión extraterrestre a nivel mundial que el director decide contarnos a través de una pequeña familia quebrada por la pérdida de un ser querido y con una crisis de fe monumental. Funcionó y lo volvió a partir en taquilla. Se estaba preparando para su gran obra maestra, que vendría, justo después: El bosque. 

El bosque es un cuento. Un cuento lleno de lirismo con el que Shyamalan se sumerge en el terror del ser humano al progreso, en la pureza, en el liderazgo, en el amor incondicional y la valentía, en la mentira y en las mil encrucijadas políticas y sociales en las que los seres humanos nos vemos envueltos sin tener absoluta idea. Y cómo lo cuenta… La maestría del director con la cámara, con el tempo, con la dirección de actores. Sin duda El bosque es una de las películas más importantes de nuestro tiempo. Pero fracasó estrepitosamente, el público no la entendió porque Disney no supo venderla, su campaña de marketing simulaba una cinta de terror vertiginosa y tremenda… Nada más lejos de la realidad. 

Y aquí comenzó el principio del fin. La Joven del Agua es un ataque de ego y venganza de Shyamalan contra la industria y la crítica de cine en forma de cuento. Una película que se podría definir por las decisiones equivocadas de un director devorado por su propio ego. Shyamalan intentó salvarse con un género que domina. El incidente pretende ser hermana gemela de Señales o de El sexto sentido, pero hace aguas en parte porque la falta de química entre sus actores es abrumadora, tuvo peores críticas que La Joven del Agua. Shyamalan estaba desapareciento, iba a tocar fondo. 

Se podría pensar que Airbender, el último guerrero es la película con la que Shyamalan dirigiendo el guión y las ideas de otro, había tocado fondo… Pero no, a pesar de las críticas horrendas y de las burlas a su talento todavía quedaba un escalón por bajar. Iba ser Will Smith y su obsesión por convertir a su hijo en una estrella quién llevaría de la mano al director a lo más profundo del pozo. After Hearth es tan mala que funcionó como tumba artística tanto para el hijo de Smith, como para el director ya desprovisto de toda personalidad. 

Pero, sorprendentemente, una productora independiente le salvaría el culo. Blumhouse recibió un guión muy sencillo de Shyamalan que decidió producir de la mano de Universal. Un guión simple, sin demasiados efectismos, sincero y que le hizo regresar a sus orígenes. La visita es una película pequeña y maravillosa. El mejor regreso posible para este director. Volvía a estar entre nosotros. 

Y entonces, dos años después, en 2016, estrena Múltiple y nos vuelve a helar el corazón con un final absolutamente inesperado. Múltiple es la historia de un psicópata y sus víctimas, un tipo con 23 personalidades distintas y una 24 llamada La Bestia que aún no ha despertado. Al final no deja de ser una película de personajes abandonados, quebrados, gente en un mundo gris…  Y en el último minuto Shyamalan hace algo fascinante, conecta gracias al cameo de Bruce Willis, esta película con el protegido. Funda en un instante su propio universo superheróico que concluirá dos años después con Glass

Y esta, a grandes rasgos, es la historia de un director tambaleante con un estilo propio y decenas de cualidades que han resucitado géneros e influenciado a otros creadores empezando por un mito de su filmografía:

GIROS INESPERADOS

Los giros inesperados en el último minuto de metraje son, desde El Sexto sentido, una seña de identidad de Shyamalan FALSA. Solo cinco de sus once películas tienen realmente este giro: La citada El sexto sentido, El protegido, El bosque, La visita y Múltiple. Y cada una de estas películas, que se ha llegado a definir como finales de dos horas, tienen una historia construida sobre personajes, sobre dramas complejos y donde poco a poco se va desgranando este salto final en el argumento que no es otra cosa que las consecuencias de todas esas pequeñas pistas que nos ha puesto el director a través de su narrativa y de los personajes que circulan por ella. Afortunadamente el público ya no ve sus películas esperando esa sorpresa final. 

Sin embargo, no son pocos los directores que han usado este recurso después de él: Martin Scorsese en Suther Island, Chistopher Nolan en El truco final, Alejandro Amenabar en Los Otros… 

LA ORIGINALIDAD

Hay pocos directores vivos tan originales como Shyamalan. 

Cada una de sus películas propone un universo entero con nuevas leyes naturales o con la irrupción de elementos macabros. Shyamalan redefine géneros, como el superheróico o el de terror, y consigue hacerse hueco en la era de Marvel. Hace cine de adultos con elementos cogidos de los cuentos de las abuelas sin necesidad de maquillar a los actores de monstruos… Como haría Guillermo del Toro. Shyamalan construye civilizaciones, utopías sociales o nos lleva al otro lado de la mano. 

Su cabeza está repleta de ideas maravillosas. No todas funcionan. Pero sí que merece la pena visitarlas todas. Aunque solo sea la casa de tus abuelos que hace tiempo que no ves o la habitación que hay al otro lado de ese pomo que hace años que no puedes girar. 

LA ATMÓSFERA

Aquí Shyamalan es un superdotado. 

¿Qué momento os ha hecho levantaros del asiento de toda su filmografía? Podríamos empezar con la escena del niño de El sexto sentido yendo a mear, el extraterrestre de señales en la fiesta de cumpleaños, o las apariciones del monstruo de El Bosque… Nos levantamos del asiento con estas escenas (y con la mano en la boca si somos muy sensibles) porque Shyamalan construye para nosotros una atmósfera perfecta que provoca que la inmersión del espectador en la historia sea sumamente fácil. 

Para llevarla a cabo utiliza un fuerte control del ritmo, sus películas no son lentas pero tampoco son frenéticas, y por supuesto una puesta en escena brutal y que casi siempre tiene la importancia de un personaje más. Por ejemplo las salas en las que están encerrados los personajes de Glass, o la casa de los abuelos (esos cimientos) en La visita, o la tienda de campaña de Samuel Joel Osment. 

Como cineasta, este es su truco más elaborado.

EL HUMOR Y EL DRAMA

Hay pocos directores vivos que consigan este equilibrio mejor que Shyamalan. 

Si no fuera por el suspense que se va alimentando en Señales, esta película sería una comedia. Y lo mismo ocurre con El incidente desde su sola propuesta. La venganza de los árboles hacia la humanidad provocando suicidio colectivo es pura ironía… 

LA SENSIBILIDAD

 

Shyamalan es un genio dirigiendo a actores. La sensibilidad con la que arma las historias de sus personajes se ve después reflejada en la mirada de unos actores que, casi siempre, obviemos a Mark Wahlberg, están maravillosos. Escuchan, observan, son pacientes, hablan con sinceridad… 

 

Muchos cineastas han adaptado la atmósfera o los trucos de este director a su cine… ¿Cuántas películas tipo Shyamalan que no son de Shyamalan se han estrenado desde El Sexto Sentido?

Por poner varios ejemplos:

Take Shalter tiene la misma atmósfera que Señales. Probablemente sería muy distinta si no existiera el cine de Shyamalan. 

La nueva hornada de nuevos directores de terror/suspense beben directamente de la obra de Shyamalan. 

Robert Eggers retrata en La Bruja el aislamiento de una familia en el campo y los terrores de la más pequeña de la misma forma que Shyamalan nos contaba su cuento macabro en El bosque. ¡

David Robert Mitchell establece un universo distinto y muy original con It Follows, cuya puesta en escena y uso de espacios recuerda enormemente al estilo de Manoj. 

Y Ari Aster, que acaba de estrenar Midsommar, hizo en Hereditary ese ejercicio cinematográfico casi olvidado en el género de terror que es mezclar con contundencia y mucha sensibilidad el drama familiar con lo paranormal. Exactamente igual que hizo Shyamalan en El sexto sentido, con el precioso detalle de que Toni Collette participa en ambas películas casi 20 años después haciendo un papel de madre echa polvo y enormemente superada por las circunstancias. 

Desde esta escena:

A esta:

Ojalá que Shyamalan siga haciendo cine mucho tiempo.

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