Sexo y perdición: ‘El ángel azul’ cumple 90 años

Unas piernas de infarto, medias negras, un sombrero de copa y un barril. Marlene Dietrich y Emil Jannings protagonizaron uno de los grandes clásicos del cine.

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01 de abril de 2020

En El ángel azul, un antro dedicado a las variedades ubicado en un barrio obrero de una ciudad portuaria alemana, se podía ver y disfrutar, a veces más, a veces menos, de trucos de magia, números cómicos, canciones, coreografías, las picardías de las vedettes y payasos (con cara triste). La principal atracción de uno de sus espectáculos itinerantes era la cabaretera Lola Lola, una fémina de piernas irresistibles. No tenía especial clase o delicadeza, más bien un aire chabacano y gestos vulgares, pero rebosaba erotismo.

Cuando estaba en la tarima del escenario, de los accesorios que complementaban el ajustado vestido y falda destacaba su sombrero de copa plateado y unas medias negras sujetas con ligas. Su pose era ya perfecta para despertar el deseo sexual cuando se sentaba en un barril, sujetándose la rodilla con las manos mientras cantaba estrofas como “Estoy hecha para el amor. De la cabeza a los pies”. ¡Oh, sí! ¡Así se dice, Lola Lola!

Marlene Dietrich protagonizó, en blanco y negro, la que se convertiría en una de las imágenes más emblemáticas de la iconografía erótica del cine. Y se mantiene pese a que hayan pasado 90 años. La de Dietrich tiene un añadido que la hace incombustible al tiempo, irrepetible, el de las pioneras en ese aún incipiente espectáculo o arte (el séptimo) que era el cine. Der blaue engel (El ángel azul) la dirigió Josef von Sternberg. El cineasta también había caído rendido a los pies de la actriz. Fueron amantes, él la esculpió como diva. Fue su pigmalión y la dirigió en seis películas más durante su etapa en Norteamérica.

A causa de ella, otros méritos de la película han quedado atrás como el que se tratara de la primera superproducción sonora alemana (rodada simultáneamente con una doble versión en inglés) o que obtuviera un enorme éxito internacional. O que, adaptando la novela Profesor Unrat de Heinrich Mann, se hubiera concebido a mayor gloria de uno de los mejores actores de la época, el gran Emil Jannings. La suya fue sin duda otra enorme interpretación, aunque eclipsada por la de Dietrich, devoradora de hombres en la pantalla, mujer fatal carne de mitología trascendiendo más allá de ella.

Para más inri, el personaje de Jannings, un severo y rígido profesor de instituto ya entrado en años, con cincuenta y bastantes, llamado Immanuel Rath (y apodado por los alumnos más díscolos como “Profesor basura”), supo bien lo que significaba caer atrapado en las redes de Lola Lola. Conocerla y caer prendado de ella desembocaría en un pacto casi mefistotélico. Un trato sellado con el matrimonio.

A partir de allí (y de una elipsis magnífica, mediante las fotografías que vende Lola Lola, y que pueden hacer falta más adelante, por si escasea el dinero), su vida iría derechita al cubo de la basura. A la ruina personal, profesional y económica. Nunca el canto imitando el de un gallo, “kikirikí”, había sonado tan patético.

Respecto a ello, puede también que alguien llegue a pensar que Immanuel Rath, gracias a Lola Lola, pudo salir de su cerrado mundo de pupitres, pizarras y libros para saborear las mieles de la líbido, del sexo, de vivir en las propias carnes y en la cabeza lo que estar loco por alguien y que, de otro modo, nunca hubiera conocido. En cualquier caso, el telón puede bajarse para Rath, Lola Lola, la fauna de seres que les rodean o la película, pero siempre nos quedará la imagen de esa cabaretera sentada en un barril (Liza Minnelli también lo clavó, con una silla, en Cabaret de Bob Bosse). Además de constatar que si hay algo que atrae más al público que el sexo es el morbo.

Lo comprobamos al final, en ese tugurio humeante y húmedo, por el alcohol y los bajos instintos, de El ángel azul abarrotado hasta la bandera, con la asistencia desde el más mísero muerto de hambre al más honorable cargo público de la localidad, para ver la nueva sensación del momento: el espectáculo de la degradación y la humillación. La última función de alguien que, no hace tantos años, fue un distinguido y respetado docente y ahora se ha convertido en una mera pantomima como persona y el hazmerreír de la profesión (de la suya o de cualquier otra).

‘El ángel azul’ se estrenó en Berlín el 1 de abril de 1930 (en España el 9 de enero de 1931).

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