[Seminci 2019] ‘Papicha’ o cómo levantar el velo que separa a las mujeres argelinas de la libertad

La directora lleva a la ficción la nefasta represión de la mujer durante la Década negra argelina que obligó a su familia a exiliarse a Francia

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24 de octubre de 2019

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  • “Hermana, tenemos estima por tu imagen. Cuídala o lo haremos nosotros”. Así de contundentes (y amenazadores) son los carteles que empapelan, cada vez con mayor frecuencia, las paredes de Argel. Allí estudia Nedjma en un campus universitario que, progresivamente también, se va convirtiendo en una cárcel.

    Ambos episodios son síntomas de la Década Negra argelina, el conflicto armado entre el gobierno argelino y rebeldes islamistas que se desarrolló en los años 90 dejando unos 200.000 muertos, y que la directora Mounia Meddour elige como telón de fondo de su primera ficción.

     

    Las cosas no siempre han de ir a mejor, parece advertirnos esta emigrante argelina cuya familia tuvo que marcharse a Francia cuando ella tenía la edad de su protagonista, 18 años, y su padre, el cineasta Azzedine Meddour, comenzó a recibir amenazas de muerte.

    Más que en lo autobiográfico, la directora saca partido al cariz documental de su experiencia, permitiéndonos a través de Papicha conocer la experiencia de ser mujer en un país árabe amenazado por fundamentalistas. A través de Nedjma y sus amigas, compañeras en el campus universitario que fuman, beben y salen por discotecas como chicas libres, Meddour consigue que nos identifiquemos con sus protagonistas y que entendamos lo importante que es preservar y defender las conquistas del feminismo occidental, ridículamente recientes, por otra parte.

    Meddour elige el campo semántico de la moda para hablar de la libertad de la mujer. Frente al hiyab de las fundamentalistas, Nedjma sueña con convertirse en diseñadora y celebrar un desfile en la cafetería del campus. Para evidenciar el contraste, Meddour fotografía las telas con sensualidad, resaltando el sonido de los tejidos al frotarse entre tintes o al secarse al viento.

    Es ahí, en esas secuencias poéticas y casi abstractas, donde Papicha destaca cinematográficamente, así como en las secuencias más naturalistas del día a día de las protagonistas, con una contundente Lyna Khoudri al frente, a la que próximamente veremos en lo próximo de Wes Anderson. También, y sin ánimo de caer en spoilers, en la brutal puesta en escena de los asesinatos, que reflejan una talentosa personalidad cinematográfica.

    Sin embargo, a Meddour le resulta más difícil nivelar los dos tonos en los que se mueve su cinta, la algarabía de unas estudiantes con las hormonas revolucionadas –son geniales los momentos festivos en el campus– y el terror en el que van siendo cercadas por los integristas, y según avanza Papicha, va perdiendo esa sutileza y ese naturalismo del comienzo. En cualquier caso, y aunque el arco de los personajes pueda sonar a clásico o a visto con anterioridad, qué duda cabe de que hay cuestiones, como la fragilidad de la libertad de la mujer, que nunca está de más recordar.

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