[SEMINCI 2015] Resaca de cine de autor

Jornada de transición con Margarethe von Trotta y algunos títulos grandes aún por llegar.

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29 de octubre de 2015

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  • Para un cineasta a concurso debe ser una putada que te programen a las 09:00 AM, la primera sesión del día durante el Festival. También puede serlo para un cronista, más en esta Seminci abarrotada de programación, con veintiún títulos solo en Sección Oficial, con una calidad media por encima de la de anteriores ediciones, pero con no tantos momentos sublimes como los que tuvo, por ejemplo, la 59ª Edición. Otra cosa son las secciones paralelas y los ciclos, incontestables este año, por urgencia y oportunidad. Lástima que por autoimpuesto criterio periodístico nos los estemos perdiendo.

    Como decía en mi precipitada primera crónica, la impresión es que no hay mucha prensa acreditada este año en Valladolid. Al menos de la que sigue el día a día del festival: no solo se nota en las proyecciones, sino también en los (confortables) espacios reservados para los encuentros y el trabajo, en los corrillos que se forman después de cada proyección (me lo advertía un compañero ayer), en las páginas de la prensa diaria. Quizás es que todo el pescado ya estaba vendido antes de empezar el certamen, o que no sea más que el reflejo de los nuevos tiempos para el Séptimo Arte, pero supongo que al director del Festival, Javier Angulo, esto le hará más bien poca gracia…

    Pero no quiero que, como dice la canción de los Celtas Cortos, esta gran melancolía por los tiempos pasados (en los que el cine era una fiesta para los periodistas de guerrilla, que rima con “pacotilla”) acabe conmigo, ni me haga perderme más que la primera sesión (a estas horas, se presenta en el Calderón L’artèria invisible de Pere Vilà Barceló, una de las películas más esperadas) por redactar estas líneas, así que resumo lo más destacado de la jornada de ayer.

    ¿Qué películas hemos visto? El mundo abandonado (Die abhandene Welt), de Margarethe von Trotta, que se me quedó pendiente y que además pasa por ser uno de los títulos favoritos del festival. Muy alemán el filme, y muy femenino: hay una secuencia de cama muy representativa de esta doble idiosincrasia, en la que después del coito, la mujer (Sophie, interpretada por Katja Riemann), coge sus cosas y se dispone a marchar, sin esperar nada a cambio, pero es inquerida desde el lecho por su ocasional partenaire, quien la invita a compartir con él algo de cariño… Interpretada también por la mítica Barbara Sukowa (Berlin Alexanderplatz, Lola), y con pronunciado cariz autobiográfico, ya que von Trotta conoció a su hermanastra después de la muerte de su madre, la película desarrolla de manera magistral el tema del doppelgänger (literalmente, “el doble”, “el que camina al lado”), tan caro a la mitología y a la literatura germánica.

    Boda de papel (Hatuna MeNiyar), de Nitzan Gilady, es una de las dos películas israelíes a competición este año (el primer pase de la segunda, Tikkun, fue suspendido ayer por problemas técnicos). Emotiva y con distintos puntos de interés: las protagonistas femeninas, Moran Rosenblatt y Asi Levi, again, el centrar el conflicto en el romance que mantienen una chica con una (leve) discapacidad intelectual y el hijo de su jefe, dueño de una fábrica de papel higiénico. Muy sutilmente tratato el tema amoroso, ojo, que esto no es el Yes we fuck (documental que aborda la sexualidad de personas con diversidad funcional) de la ficción israelí y, aunque se trate de una tragicomedia, la sangre no llega afortunadamente al río, que uno ya se temía un desenlace desastroso al gusto de Goran Paskaljevic, el fantástico cineasta balcánico que este año preside el Jurado Internacional. Donde sí que hay sangre, y sexualidad incómoda, es en el sobresaliente cortometraje letón Castratus, el jabalí, de los hermanos Lauris y Raitis Ábele, que provocó que más de uno entornáramos los párpados ante determinada secuencia. Narcotízadme en estos casos, ya que la sangre y la aguja, o el escalpelo, no los soporto ni en los alumbramientos…

    De ce eu? (¿Por qué yo?), del rumano Tudor Giurgiu, tiene un discurso interesante, pero dado el estado de ánimo que me invade en determinados momentos durante este festival, y también debido al frenesí de cine, desplazamientos, etc, etc., que acumulo, me resultó un tostón de cámara nerviosa y montaje demasiado sincopado para la cantidad de datos, información y personajes que necesito ir procesando como espectador. Y la reseño porque el cineasta es una figura capital para entender el nuevo cine rumano, productor de El viaje del director de recursos humanos, y del Caníbal de Manuel Martín Cuenca, ex director del Festival Internacional de Cine de Transilvania, y además (y por eso estará esta película seleccionada en la Oficial), ganador del Premio a la Mejor Película de Punto de Encuentro en la Seminci del 2012, gracias a De caracoles y hombres (no la pude ver desgraciadamente; ¿para cuándo un archivo fílmico Seminci de consulta?). De ce eu? es cine investigativo, casi documental, demasiado prolijo en datos y personajes para pretender a la vez alcanzar algo similar a una catarsis emocional tipo The firm o El topo, películas que me vienen a la cabeza cuando analizo el personaje que interpreta Oana Giurgiu y la estructura en tres actos que finalmente adopta la película.

    ¿Qué encuentro hemos celebrado? La Mesa en torno a “El cine y el cambio climático”, que ya recorrió antes los festivales internacionales de Berlín, Cannes, Venecia y Guadalajara, y que estuvo moderada por Donald Ranvaud, presidente de la organización Connect4Climate, y que contó con la participación del documentalista medioambiental Javier Trueba, el director de cine Ernesto Cabellos, el físico y profesor de la Universidad de Valladolid, Carlos de Castro, y de la coordinadora estatal de Ecologistas en Acción, Elvira Cámara.

    Ranvaud destacó que gracias a la labor de Connect4Climate, los grandes estudios de Hollywood, como Sony, Fox y Universal, “tienen un protocolo de actuación para reducir la huella de carbono, y nuestra intención es concienciar a la industria del cine para disminuir esa huella un 30%, ya desde el propio guion”. Por su parte, el profesor Carlos de Castro dijo que “nos estamos jugando el apocalipsis de la civilización, pero de una forma lenta y progresiva”, no como lo describe Ice Age 4, por ejemplo, sino desde la perspectiva científica en que lo hace Inteligencia Artificial, de Steven Spielberg. Elvira Cámara puso de manifiesto las distorsiones del discurso cinematográfico respecto al cambio climático, como “la aparición del problema de forma súbita, de tal forma que los personajes parecen no haber podido hacer nada para prevenirlo, la presencia del héroe solitario que tiene la responsabilidad de salvar el mundo, cuando las luchas medioambientales son siempre colectivas…”, criticando además los modelos de representación, al decir que “se presenta a los ecologistas como radicales, a los vegetarianos como colgados, a los que consumen alimentos biológicos como snobs y a los que utilizan la bici como transporte como bohemios”. Javier Trueba, tras señalar que decidió dedicarse al cine documental sobre naturaleza tras ver la película Dersu Uzala, de Akira Kurosawa, reconoció haber visto en sus viajes “auténticas destrucciones catastróficas de bosques y espacios naturales”, que no ha podido incluir en los montajes finales porque dificultaba su exhibición. Por último, Ernesto Cabellos habló desde su experiencia en el rodaje del documental Hija de la laguna, presente en “Tiempo de Historia”, y que retrata la lucha entre los habitantes de las Lagunas de Conga, al norte de Perú, y la empresa minera Yanacocha, por conservar el agua de la Laguna Azul, bajo cuyas aguas hay supuestamente mineral precioso. Para Cabellos lo más importante era dar la voz a este pueblo indígena y que su voz llegase a audiencias extranjeras, para que “que les lleve a plantearse a sí mismos su actitud como consumidores, porque podemos estar portando sobre nuestros cuellos, muñecas y manos sangre y destrucción”.

    ¿Qué vino hemos catado? Un par de copas de Valpincia de Rueda acompañando una ración de sepia a la plancha, y de postre una manzana. Ligerito, para digerir mejor las espartanas imágenes y el desenlace de ¿Por qué yo? (De Ce Eu?).

    Espigadera: El mundo abandonado, de Margarethe von Trotta, puede optar a todos los premios por tres razones: la película es muy buena, la distribuye Golem (que además ha estrenado otras dos películas premiables en el Festival), y la dirige una cineasta singular. Sin más novedades por lo demás, desde la capital castellana, cubierta ahora por un cielo nublado y lluvias que parece nos van a acompañar hasta el desenlace del certamen

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