¿Se toma en serio ‘Vengadores: Endgame’ los viajes en el tiempo?

La película de los Russo introdujo un elemento jamás visto en la franquicia y de gran legado en la ciencia ficción, pero parece que no lo respetó demasiado

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11 de mayo de 2019

[ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DE VENGADORES: ENDGAME]

Cuando directores y guionistas no se ponen de acuerdo sobre un detalle de la trama concreto sabes que, más allá de si el asunto te molestase en su momento o no, algo anda mal. Es lo que ocurrió cuando Stephen McFeely y Christopher Markus, guionistas de Vengadores: Endgame, fueron preguntados por cómo funcionaban los viajes en el tiempo en su película, y su respuesta contradijo punto por punto lo dicho anteriormente por los directores Joe y Anthony Russo.

Dado lo cuidadosamente que Marvel diseña cada centímetro de su universo, esta confusión choca bastante con el modo en que muchos pensábamos que Kevin Feige hacía sus planes, y más al tratarse de lo que pretendía ser el gran final de los seis personajes con los que empezó todo y, por lo tanto se cerraba una etapa. Y sin embargo, a última hora no le importó introducir un elemento tan importante como los viajes en el tiempo aunque no hubiera habido ni rastro de él en los once años anteriores, mientras que su descubrimiento por parte de los protagonistas permitía resolver el angustioso cliffhanger con el que nos había dejado Infinity War.

Por mucho que hubiera sido más o menos insinuado en Ant-Man y la Avispa en tanto a la enigmática naturaleza del reino cuántico, desde el estreno de Vengadores: Endgame no han faltado las voces criticando esta trama por la improvisación que desprende y la escasa lógica a la que parece obedecer, siendo aún más grave este caso que el de Juego de tronos, que anteriormente también recurrió a las movidas espaciotemporales pero al menos lo hizo cuando quedaban unos cuantos capítulos para su final. ¿No es lo suficientemente respetuosa Vengadores: Endgame con algo tan complejo como son los viajes en el tiempo? Examinemos la cuestión.

Después del chasquido

Concebir Vengadores: Infinity War como El imperio contraataca del género superheroico estaba llamado sin duda a sorprender a fans de medio mundo, pero tenía sus problemas. En su anterior película, Joe y Anthony Russo encaminaron toda la trama al momento en que Thanos (Josh Brolin) conseguía todas las Gemas del Infinito y, luego de un chasquido inolvidable, se llevaba por delante a la mitad del universo tal y como había planeado.

El cliffhanger se prolongó durante un año en lo que los Russo ponían a punto Endgame, y ya en esos meses empezó a especularse con que lo que había ocurrido no era irreparable en absoluto. No en vano, aún había películas planeadas con algunos de los héroes que se habían deshecho en cenizas y, por si fuera poco, incluso no tardamos en ver un tráiler de Spider-Man: Lejos de casa donde Peter Paker (Tom Holland) aparecía vivito, coleando y con su eterna cara de buen chico de Queens. Por entonces se hizo correr el rumor de que este film de Jon Watts oficiaba de precuela a los acontecimientos de Infinity War, pero la cosa ya olía a chamusquina.

No obstante, durante los primeros minutos de Endgame todos se esfuerzan por asegurar que no hay vuelta atrás; que nada puede hacer volver a los caídos. De hecho, los Russo hasta se atreven a colocar una escena devastadora en la que Thanos es decapitado por Thor (Chris Hemsworth) una vez este y sus amigos descubren que el Titán Loco se ha deshecho de las gemas y es imposible revertir el chasquido, y transcurren cinco años sin que los protagonistas puedan hacer otra cosa que asimilar la derrota, y tratar de seguir adelante.

Son unos minutos, casi una hora, tremendamente sombríos y atípicos para una película de Marvel, donde el guión se hunde en la imprevisibilidad y el único asidero que encuentra el espectador es contemplar la evolución de los personajes en esta coyuntura (especialmente entrañable lo del Capitán América de Chris Evans, encauzando su labor heroica en grupos de apoyo a los damnificados por Thanos). Hasta que, de pronto, Ant-Man (Paul Rudd) consigue escapar del reino cuántico… y Marvel vuelve a ser Marvel.

La fiesta viene con Scott

No es nada casual que, justo cuando se desvela la posibilidad de los viajes en el tiempo en Endgame, vuelvan de repente las risas. La oportunidad de volver al pasado hace renacer la esperanza en los Vengadores, que de inmediato se ponen a trabajar juntos y diseñan un plan para volver a diversos puntos y lugares de los años anteriores donde sustraer las gemas. En dicho plan el retornado Ant-Man y las partículas Pym son indispensables, pero por supuesto son Bruce Banner (Mark Ruffalo) y Tony Stark (Robert Downey Jr.) quienes llevan la voz cantante.

Así, estos dos se pasan días en el laboratorio diseñando una estrategia para robar las gemas antes de que Thanos las consiga, pero el guión en ningún momento nos explica cómo funciona exactamente el reino cuántico, y de qué forma puede ajustarse a los traslados espaciotemporales. Y lo cierto es que entonces al público no le importa mucho, bien porque está demasiado entusiasmado con volver a ver a los Vengadores manos a la obra, o bien porque es cuando Endgame saca la artillería pesada de los chistes desmitificadores, y se suceden veinte minutos del pobre Scott Lang transformándose de forma alterna en niño y anciano, y de referencias incesantes a Regreso al futuro y otros films de ciencia ficción.

Estos guiños meta, que ya han sido bendecidos por el propio autor de la trilogía de Marty McFly, son un claro precedente de los estragos que causarán los héroes durante su viaje, dividiéndose por equipos para ir obteniendo las Gemas. Antes de que la misión dé inicio, Tony le quita hierro al peligroso tema de las paradojas temporales, y a continuación los personajes no hacen otra cosa que incurrir en ellas de un modo tan negligente como hilarante.

Thor le arrebata el Mjolnir al Thor de El mundo oscuro, Bruce se enfrenta al Anciano (Tilda Swinton), e incluso un fallo lamentable permite que a Loki (Tom Hiddleston) robe el Teseracto poco después de la batalla de Nueva York de 2012 y se refugie en una nueva dimensión. Por no hablar de que el Thanos del pasado acaba descubriendo el plan y, utilizando la partícula Pym, logra volver al presente en compañía de Nebula (Karen Gillan), la Gamora que interpreta Zoe Saldana (y que en 2019, recordemos, está muerta) y un gigantesco ejército.

Y sí, es todo un caos. En ningún momento los Vengadores se plantean si no se les está yendo de las manos el viaje, o de las posibles consecuencias que tendrá (el Anciano, a este respecto, sólo suelta vaguedades), y el mayor inconveniente que, aparentemente, llega a causar este robo intertemporal es el citado regreso de Thanos, que en cualquier caso conduce a una batalla tan épica que cómo vas a tener narices de quejarte. Pero ha habido quejas, y son plenamente legítimas, ¿verdad?

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O lo tomas o lo dejas

El primer argumento en defensa de esta chapucera utilización de un tropo que se ha usado tanto y tan bien en la literatura y el cine es que, veamos, Vengadores: Endgame no es ciencia ficción, ni tiene por qué guiarse por su lógica. En un universo donde conviven dioses nórdicos, magos que viven en sitios llamados Sancta Sanctórum y hay tantos alienígenas como planetas, que a alguien le dé por viajar al pasado sin preocuparse por salvaguardar el continuo espacio tiempo no debería incomodarle a nadie.

Sin embargo, es legítimo concebir estos desbarajustes como una coartada para que la historia continúe y dé al público lo que quiere, y en este punto es cuando dicho elemento adquiere una especial significancia en Endgame. El viaje temporal, en resumidas cuentas, sirve a una función narrativa bastante más elaborada que el simple “arreglemos esto” que abanderan los Vengadores, y esta está estrechamente vinculada a la naturaleza de la película de los Russo como celebración.

Endgame quiere festejar los once años transcurridos desde el estreno de Iron Man en 2008, y por eso a nadie se le ocurre fabricar excusas para que esta juerga encuentre trabas o alguien llame a la policía quejándose del volumen de la música. En suma, el penúltimo film de la Fase 3 de Marvel rinde pleitesía al fanservice más descarado (pero también más hermoso), dándole la oportunidad de recordar cómo han molado todos estos años, sin que le importe a este respecto incurrir en comportamientos que a Doc Brown le habrían hecho poner los ojos en blanco.

El Capitán América enfrentándose a su yo de 2012, Tony Stark teniendo una emotiva reunión con su padre antes de nacer, o Peter Quill (Chris Pratt) rememorando el momento en que nos enamoramos de Guardianes de la galaxia para siempre, responden exclusivamente a esta fiesta. Incluso, en este empeño de celebrar el pasado e incluso reinterpretar parte de sus referentes, los Russo tienen el cuajo de hacer de Thor: El mundo oscuro una película indispensable para su trama, aun cuando el film de Alan Taylor sea de los menos apreciados de toda la franquicia.

El viaje temporal, por tanto, no posee rigor científico alguno, y sólo se pliega al espectáculo y al guiño cómplice. Está en tu mano si lo compras o si prefieres por el contrario invertir la tarde en diseñar líneas temporales y universos alternativos que no te llevarán a ningún lado, pero en cualquier caso estas correrías resumen por sí solas la esencia de Vengadores: Endgame. Una película que le da todo lo que quiere al fan, que lo homenajea sin sonrojo, y que en base a eso no le importa si sus decisiones tienen sentido dramático, o pueden cargarse el universo a través de una superparadoja.

 

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