Scarlett Johansson integral

Princesa del cine de autor y nueva heroína del cine de acción: la ecuación Johansson para triunfar en Hollywood.

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10 de febrero de 2020

“Estoy abierta a cualquier papel. Me veo como a alguien a quien contratar y pienso en mi carrera de la manera más libre posible. No la he planeado y me gusta así. Me da más oportunidades y no espero nada.” Es el sueño de todo actor pero no todos han conseguido lo que ha logrado Scarlett Johansson, como explica la actriz en una entrevista para Vulture. No estamos hablando de cómo poder ser sexy y al mismo tiempo saber dominar a los ejecutivos de la fábrica de Hollywood con su voz sinuosa, sino de una currículum que compagina pequeñas y arriesgadas cintas de pedigrí indie con grandes blockbusters. De una carrera que la ha coronado como la princesa del cine de autor estadounidense y como la nueva heroína del cine de acción.

Hace 20 años de su debut en el cine y con más de 55 películas tras de sí, podemos afirmar no sólo que ya desde pequeñita hacía gala de carácter sino que, además, existe una ecuación Scarlett para hablar de su filmografía. La fórmula es clara y meridiana: por varios largometrajes de corte intimista rueda una película de elevado presupuesto y mucha ambición. Con el paso del tiempo, esta receta se ha hecho más evidente, sobre todo estos últimos años, en los que la actriz nos ha regalado trabajos a cuál más marciano, cada uno de ellos en las antípodas del anterior: ¿Qué tienen que ver Capitán América: Civil War con ¡Ave, César!, Ghost in the Shell: El alma de la máquina? Poco, aparte de la apabullante presencia de Johansson. Repasamos la carrera de Scarlett a partir de esta particular ecuación y a través de sus distintas etapas en el cine.

De niña a mujer

A Scarlett la hemos visto pasar de niña a mujer en pantalla y ya a los diez años nos deslumbraba con un pequeño primer papel de la mano de Rob Reiner en Un muchacho llamado Norte. La ristra de cineastas que la auparon en sus años adolescentes es para quitarse el sombrero: de Robert Redford en El hombre que susurraba a los caballos (1998) a los hermanos Coen con El hombre que nunca estuvo allí (2001). Ese mismo año nos regaló a Rebecca, la compañera de armas de Enid (Thora Birch) en la adaptación del cómic de Daniel Clowes, Ghost World (Terry Zwigoff, 2001): otro papel classy que sumar a su por el momento escueta filmografía.

Ghost World

No hay que olvidar que el currículo de la pequeña Scarlett también se fraguó en esos años con olvidables papeles secundarios en trabajos como Causa justa (Kate Amstrong, 1994), comedias familiares teen como Mi hermano el cerdito (Erik Fleming, 1999) o la trecuela de Solo en casa (Raja Gosnell, 1997). Su cumbre en el mainstream de aquellos años y una cinta justamente reivindicada como película de culto es Arac attack (Ellory Elkayem, 2001), de las últimas películas de ScarJo que todavía escondían sus incipientes curvas.

Juventud enigmática

Sofía Coppola nos descubrió en 2003 un nuevo perfil de Scarlett al arrancar su Lost in Translation con el trasero de la actriz enfundado en un transparente culotte rosa palo y, aunque Johansson fue nominada para el Oscar a la Mejor Actriz, su papel de Charlotte se convirtió en icono del indie de los noughties. Ese aura enigmática también la explotó en la cinta de época La joven de la perla (Peter Webber, 2003), donde interpretaba a la misteriosa chica que pintó Johannes Vermeer en el cuadro homónimo; mientras que ese año tuvo tiempo para viajar a la costa de Amalfi para repetir en el melodrama con la ambiciosa A Good Woman, basada en una obra de Oscar Wilde. Una cinta de pedigrí literario en la que le daba la réplica a Helen Hunt vistiendo un provocador vestido plateado con el que reconquistar a su marido (Mark Umbers). En efecto, en 2003, ScarJo apostó por convencernos de sus dotes como actriz.

A Good Woman

El nacimiento de una sex-symbol

Match Point

En 2004 comienza la década prodigiosa para la estrella y entre ese año y el siguiente pasa de formar parte del plantel de guapas heroínas de Michael Bay con su trabajo en La isla a tener a medio mundo a sus pies gracias a su reinterpretación de la femme fatale contemporánea en el noir intimista Match Point, de Woody Allen. Su papel de Nola, que consiguió después de que Kate Winslet lo rechazara, marcará su romance con el cineasta neoyorquino, quien diría de la estrella que “es encantadora, muy brillante y muy divertida: cuando aparece en el set de rodaje, la temperatura sube 20 grados”.

Con Scarlett subía el termómetro en las salas de cine, en el papel cuché y también en la televisión: sí, ella también tuvo su cameo en El séquito. Pero en su nueva condición de sex-symbol tampoco se libró de papeles mediocres, como los que protagonizó en Una canción del pasado (Shainee Gabel, 2004) y Algo más que un jefe (Paul Weitz, 2005).

¿Ambición rubia?

Entre los años 2006 y 2008 Johansson trabaja como una posesa, aunque no acaba de acertar con los personajes que escoge: este período es uno de los más caóticos en la filmografía de la actriz y el que revela sus problemas al haber sido encasillada como la nueva ambición rubia. Continúa con la fórmula cine de autor y cine taquillero, pero los resultados dejan bastante que desear: sus dos siguientes trabajos con Woody Allen no dieron la talla (Scoop, Vicky Cristina Barcelona), en La dalia negra (Brian de Palma, 2006) parece que sólo está ahí por su físico, mientras que en El truco final (Christopher Nolan, 2006), Rebecca Hall le roba protagonismo en pantalla. Como también sucedía en Vicky Cristina Barcelona.

Vicky Cristina Barcelona

Más extraña es su filmografía comercial de esa época: Diario de una niñera (Annie Braddock, 2006), que pretendía resucitar a la ScarJo teen; Las hermanas Bolena (Justin Chadwick, 2008) con la que pisó la Berlinale sólo para recoger malas críticas; y The Spirit, de Frank Miller, en la que Warner trataba de aprovechar el éxito de Sin City sumando curvas peligrosas (Eva Mendes, Paz Vega, Johansson) al clásico tebeo de Will Eisner. Sin mucho fortuna, todo sea dicho.

Johansson, la vengadora

Otra casualidad consiguió resucitar la errática carrera de la estrella: Emily Blunt rechazó el papel de Natasha Romanoff, conocida por los marvelitas como la Viuda Negra, y en 2010 Scarlett Johansson demostró que no tenía problemas para ceñirse un apretadísimo cuerpo negro y repartir patadas como panes en Iron Man 2, de Jon Favreau. El azar nos regaló a una gran superheroína y a ella un futuro prometedor, pese a que en Los Vengadores (Joss Whedon, 2012) se la echa un poco de menos ante tanto lustre de testosterona.

Entre 2010 y 2012 también flirteó con cierto cine de autor (Un lugar para soñar, de Cameron Crowe) y hasta se atrevió a emular a Janet Leigh en el biopic Hitchcock (Sasha Gervasi, 2012). Apenas un aperitivo de lo que andaba preparando para los años siguientes.

HITCHCOCK

Scarlett todopoderosa

“Ahora mismo, me resulta más interesante escoger un papel que puedo interpretar pero que no sé muy bien cómo, que buscar personajes tipo ‘Oh sí, puedo hacerlos’ y hacerlos y ya está”, contaba Johansson en marzo de este año en una entrevista en The Guardian. Tras observar su trayectoria desde enero de 2013, no podemos más que darle la razón: Scarlett ha pasado de ser la mujer más sexy del mundo, según Esquire, a ser cuerpo , rostro y voz de personajes que van más allá de lo humano; ha conseguido reírse de su condición de sex-symbol en Don Jon (Joseph Gordon-Levitt, 2013) y al mismo tiempo saber encarnar a una alienígena en Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013) o a una supermujer en Lucy (Luc Besson, 2014).

Si en 2013 ScarJo se centró en películas más o menos modestas e iconoclastas como la de Gordon–Levitt; como Her, de Spike Jonze, donde, por cierto, también acabó sustituyendo a la actriz original del reparto, Samatha Morton; o como Under the Skin; en 2014 la hemos visto apoyando a su colega Jon Favreau en #Chef en su regreso al cine indie; amén de repetir como la Viuda Negra acompañando a Steve Rogers en Capitán América: El soldado de invierno y dar el salto definitivo como la sustituta de Angelina Jolie a la hora de empuñar armas de fuego y disparar a matar de la mano de Luc Besson en Lucy.

Lucy

Heroína manga

Tras un parón en 2015, que sólo se saltó para volver al universo Marvel con Vengadores: La era de Ultrón, ScarJo regresaba en 2016 en algunas de las películas más destacadas del año: como la sirena de los hermanos Coen en ¡Ave, César!, uniéndose al bando de Iron Man en Capitán América: Civil War, y prestando su voz a los personajes de El libro de la selva y ¡Canta!. Ahora, estrena 2017 en la piel de otra mujer de armas tomar, la mayor Motoko Kusanagi de Ghost in the Shell: El alma de la máquina.

Su fichaje no ha estado exento de polémica racial; han sido muchos los que han puesto en duda su capacidad para hacer justicia a las películas de Mamoru Oshii (y el manga de Masamune Shirow). Más allá de las acusaciones de ‘blanqueamiento’, la película dirigida por Rupert Sanders recupera a la Scarlett más guerrera, esa actriz que un buen día decidió aparcar las curvas que funcionaban como reclamo en Hollywood y por fin ha podido hacer efectiva la ecuación que lleva años tratando de poner en funcionamiento: riesgo profesional y personajes de acción al límite. Pero, ¿no estamos en realidad hablando de lo mismo?

El Oscar se le resiste

Aunque parezca mentira a la vista del currículum que acabamos de repasar, Scarlett Johansson cuenta con un total de cero premios de la Academia de Hollywood. Anomalía que podía haber cambiado este año, pero que finalmente no ha sido así. La actriz ha encadenado dos interpretaciones en títulos con aroma a Oscar: en la sátira antinazi Jojo Rabbit de Taika Waititi y, sobre todo, en el nuevo drama de divorcio de Noah Baumbach: Historia de un matrimonio, donde su separación de Adam Driver ha conquistado a crítica y público. Ambas le han valido dos nominaciones a los Oscar 2020, pero el galardón a mejor actriz se lo ha llevado Renée Zellweger (Judy) y el de mejor actriz de reparto su compañera Laura Dern (Historia de un matrimonio). Este año volverá con la primera película de Viuda Negra en solitario. Ya sea como superheroína o como cualquier otro personaje, seguro que no tardamos en verla otra vez nominada a los premios de la Academia.

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