Santiago Segura: “No podemos permitirnos que el cine muera”

Hablamos con el director de ‘Padre no hay más que uno 2: La llegada de la suegra’, cuyo estreno el 29 de julio se ha convertido en la gran esperanza del cine español

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29 de julio de 2020

Foto: Jacobo Medrano

Santiago Segura (Madrid, 1965) ameniza la sesión de fotos contándonos una anécdota de El Fary. “Le pedí que cantase en una canción que había compuesto Kiko Veneno para Torrente, el brazo tonto de la ley y se negó. Yo insistía y él: “Que no, que no, que no”. Hasta que me dijo: ‘¡Santiago, es que la canción deja mal a Torrente y Torrente es fan de El Fary!”.

Hablando de canciones, él mismo ha compuesto la de Padre no hay más que uno 2, la secuela de la película más taquillera de 2019 en la que incorpora a Loles León a su vontrappesca familia: Toni Acosta y él interpretan a los padres de cinco hijos, entre los cuales están las propias hijas del director, Calma y Sirena. “Escribí el guion pensando en ella y sabiendo que íbamos a tener mucha química porque en la vida real tenemos esa relación de amor-odio”, explica de la actriz a la que conoce desde hace 30 años.

Segura no solo colecciona anécdotas. Su productora, Amiguetes, donde tiene lugar la entrevista, está llena de pequeños tesoros de cinéfilo empedernido, desde carteles a figuritas pasando por una máquina tragaperras de Torrente. Durante el confinamiento, nos cuenta, a lo que se ha dedicado es a revisitar clásicos, a llenar “sus pequeñas lagunas de cinéfilo”.

¿Qué lagunas?
Había visto todo Fellini pero no Il Bidone, así que aproveché para verla. Arizona, con Marlene Dietrich y James Stewart. Tiré del hilo de Marlene Dietrich y me vi muchas películas de Josef von Sternberg. Qué elegancia, no ha pasado el tiempo por ellas. Veía The French Connection, de Friedkin, y entonces me acordaba de que no había visto Vivir y morir en Los Ángeles, así que la veía. Leí una anécdota que me gustó mucho de Friedkin. Contaba que había visto una película de Buñuel y había dicho: “Traedme al actor español”. Y le habían llevado a Fernando Rey cuando quería a Paco Rabal. La anécdota es muy buena pero luego leí que no fue así. La realidad es que Friedkin quería a Paco Rabal y como no podía, llamó a Fernando Rey. Se quedó con Paco Rabal en mente y le llamó para Carga maldita. De Buñuel no había visto Ese oscuro objeto de deseo y aproveché para verla. También volví a ver Los viajes de Sullivan, aunque esta la he visto 500 veces. 

Una película sobre lo necesario que es hacer comedias en los tiempos de crisis…
Cuando la vi de pequeño me encantó. Me sentí muy identificado. Pero el cine es como el agua del río, nunca puedes beber dos veces el mismo agua. No me gustó tanto Los viajes de Sullivan ahora como cuando era niño. Y lo mismo me ha pasado con El guateque. De pequeño me parecía lo más divertido del mundo. Luego la volví a ver en el cine Alexandra y me aburrió un poco. Pero ahora la he vuelto a ver y la he puesto en su sitio, que es el de la genialidad de Peter Sellers. Y luego hay directores que me parecían un bluf en su momento y ahora mucha gente me da la razón. Por ejemplo, Peter Greenaway o Jim Jarmusch. 

¿Y te ha pasado lo contrario?
Eso menos. Pero yo soy más de Fellini que de Pasolini. Soy mucho más de Truffaut que de Godard. Godard me parece pretencioso y Truffaut me parece puro cine. Con los cinéfilos pasa como con los fans de los Beatles y los Rolling en la música. 

¿Cuál es el primer recuerdo que tienes en un cine?
Mary Poppins. También tengo muchos recuerdos de fragmentos de películas como El super agente Picapiedra en un programa doble con una de Cantinflas. Para mí el cine era una fiesta. Ayer hablaba con un amigo sobre las sesiones continuas. Le decía: “Igual en cómo entendemos nosotros las cosas ha influido cuando nos llevaban a la sesión continua, que entrábamos en cualquier momento”. Íbamos al cine pero mis padres no miraban cuándo empezaba la película. Entraban cuando les apetecía así que igual entrabámos y veíamos los últimos 20 minutos de la película. Veíamos otra película, porque ponían dos, y luego la hora y veinte de la primera película a la que habías llegado tarde. Y luego mi padre siempre decía: “Aquí hemos entrado” y ya se quería ir. Qué demencial. Así íbamos siempre al cine, al Fátima, Los Ángeles, el Canadá… Estaban cerca de casa y cuando iba a comprar el pan me escapaba a mirar las carteleras, los fotocromos…

¿Siempre ibas con tus padres al cine?
Sí. Luego, más mayor, ya iba solo. Al cine-estudio Griffith, al Bogart, al Pequeño Cine Estudio… Recuerdo en el cine Ideal una maratón de El pico, El pico 2 y Yo, Cristina F. Y el que llegaba a las seis de la mañana le invitaban a chocolate con churros. Ya te digo que para mí el cine siempre ha sido una fiesta. Yo antes de director y actor me he sentido espectador. Me encanta hacer cine pero nada supera a la experiencia de verlo.

¿Explica eso que tus películas sean tan exitosas?
No tengo ni idea pero sí que es verdad que soy muy friqui y mis películas me gustan. Me siento orgulloso de ellas, aunque sea un poco triste decirlo. Si las pusiesen en las sesiones continuas serían películas que la gente vería. Yo soy el primer espectador de mis películas. Y esto me ha pasado desde el primer corto. Cuando veo el primer montaje me parece horrible. Hasta que la película se parece a la idea que tú tienes en la cabeza… es complicado. En rodaje luchas para eso precisamente, pero el montaje… Yo estudié Bellas Artes. La mayor parte de los cuadros nunca se acababan, los dejabas. Con las películas pasa un poco lo mismo.

Y es fácil perder la noción de la película que estás haciendo.
Sobre todo en comedia. Desde que tienes una idea que te hace gracia hasta que lo escribes, lo ruedas, haces varias tomas, lo ves en montaje… Cuando tienes las película acabada te preguntas: “¿Será gracioso?”. Tienes que tener la convicción de que te funcionó la primera vez. Yo hago muchos screen test. Aunque, como decía Fernando Trueba, si hubiera habido screen tests en los tiempos de Casablanca, Ingrid no se habría ido con el otro. Tiene razón, no hay que hacer caso en exceso, pero en la comedia sí que viene bien. En esta película me he tenido que fiar más de mi instinto porque por el confinamiento no he podido hacer ningún pase. En la primera sí que hice varios pases porque era mi primera incursión en el cine familiar. Mi gran obsesión era que disfrutasen padres y niños. Y la respuesta ha sido muy positiva. 

¿Todavía sigue siendo Berlanga el gran maestro para ti?
Sí, sí. Aunque una de las películas que he visto durante el confinamiento, que no había visto hasta ahora, es La boutique. La hizo después de El verdugo, con guion de Azcona. No está mal pero le falta encanto y es por el casting, al ser una coproducción con Argentina. Le falta ese Manolito Alexandre, ese Ciges, López Vázquez. Los actores en comedia son fundamentales. Sin embargo, otra que he vuelto a ver ahora es Se vende un tranvía. Es el piloto de una serie que iban a hacer para televisión, Berlanga y Azcona escribían y Berlanga supervisa pero dirige Juan Estelrich. Dura 50 minutos y es grandiosa. De todas formas, la historia del cine está llena de filmografías de grandes directores con películas menores. A mí me gusta cuando Woody Allen dice que hace una al año a ver si alguna le sale bien. 

¿Te has leído sus memorias? 
Las estoy escuchando. Es mucho mejor que leerlas porque las lee él, es casi como escucharle haciendo stand-up comedy. A mí me gusta mucho el Wood Allen del principio, cuando cada respuesta que daba era un chiste. Pero en su etapa Bergman de pronto respondía en serio. Yo creo que porque comedia y prestigio es difícil que se den la mano. Recuerdo que una vez le preguntamos a Antonio Ozores si había hecho alguna película que no fuese comedia y nos dijo que había hecho una, pero que la había visto en el cine y que le habían tocado dos señores delante tan decepcionados… Empezaron a decir: “Qué pena este hombre, con lo que nos ha hecho reír. ¿Cómo hace esto?”. Y decidió que no hacía más. Hay actores dotados para la comedia que pueden hacer dramas sin despeinarse. Ahora mismo, Javier Gutiérrez y Javier Cámara. Pero creo que la vis cómica es un don, lo tienes o no lo tienes.  

¿Quiénes son tus grandes referentes de comedia actuales?
Will Ferrell me parece muy gracioso, el cabrón. Solo verle la cara ya me hace gracia. Sacha Baron Cohen… Ben Stiller… Tropic Thunder, por ejemplo. ¿Cuánto tiempo tardarán en quemar esa película en la que sale Robert Downey Jr. haciendo un papel de negro? Esto en cualquier momento arde.

Otra que correría riesgo si la pillasen es Seinfeld…
Larry David es Dios. A Guillermo del Toro y mí nos hace mucha, mucha gracia. Pero Guillermo no podía ver los episodios con su mujer, porque decía [imita el acento mexicano]: “¡No soporto al pelado ese, qué horror!”. Y nosotros sin embargo simpatizábamos mucho con él [se ríe]. Seinfeld me parece alucinante. Y Julia Louis-Dreyfus me encanta. Yo le tenía manía a Friends por el doblaje. Pero me vi todas las temporadas en versión original y me encantó. Pero Seinfeld es más bestia. Que en una serie americana haya un episodio en el que los personajes hacen una apuesta para ver quién aguanta más sin masturbarse me parece épico. En cuanto al revisionismo, es absurdo. Lo de John Wayne ahora… 

¿Crees que este revisionismo va a pasar o que va a ir a más?
Me gustaría que se relajase el ambiente en general. El feminismo y la lucha contra el racismo o la homofobia son tan importantes que parece que hablar en contra del revisionismo se puede interpretar como que estás poniendo palos en las ruedas de esas causas. Nos callamos por no ser obstáculos de un futuro mejor. Pero a veces te planteas: “¿Por qué no puedo hablar y decir lo que pienso?” No podemos demonizar el pensamiento. Hay que expresarse libremente. Esto ya pasó con Tarantino. Aquello de “la violencia en el cine engendra violencia”. Vamos a ver, chato. El cine lleva 100 años. La violencia, desde Caín y Abel. Generalmente es el cine el que copia lo que pasa, no al revés. No es que en el cine estemos dando ideas. Y la censura… ¿Por qué hemos odiado siempre a la derecha? Porque la derecha te decía lo que tienes que vestir, lo que tienes que pensar, etc. No queremos censura. Queremos tranquilidad y libertad. Y luego la comedia, creo yo, tiene que poder reírse de todo, de esto también. La pregunta recurrente ahora es si Torrente podría hacerse hoy y yo creo que sí. No lo voy a hacer yo. Ya me reído con eso. Ahora me río con las gracias de mis hijas. 

¿Por qué crees que hay una tradición tan amplia de comedia en España? 
Porque somos un país muy chistoso con grandes comediantes. Nunca han faltado cómicos. Pero en todos los países hay comedia. La comedia es necesaria. Parece algo menos trascendente reírse. Porque el acto de reírse parece frívolo, ¿no? La introspección y el pensamiento parece que estén confrontados con la risa.  

¿Cuándo descubriste que podías pasar de ser espectador a ser director?
Yo pensaba que el cine lo hacían unos seres superiores, como tener un castillo en Inglaterra. Pero un compañero de clase tenía un tomavistas de Super 8 y hacía cortos. El paso profesional lo di cuando gané un áccesit en el Cinema Jove de Valencia. Los del festival me dijeron que al jurado les había horrorizado mi corto pero que había uno que me quería dar todos los premios. Era Fernando Trueba y me lo encontré trabajando yo de figurante y me convenció para que rodase en 35 mm. Ahora creo que los chavales lo tienen más fácil porque la técnica se ha popularizado. Con un móvil puedes hacer virguerías. Y el cine no es un fortín inaccesible. Yo no conocía a nadie del mundo del cine. Mi padre trabajaba en una fábrica de tornillos y tuercas. Eso de los ocho grados de separación… En mi caso había 18. Lo más cercano al cine para mí era el tío Felipe, que era el tío de mi padre que era acomodador en el cine Salaberry, así que a veces nos dejaba pasar gratis.

¿Qué película es la que te gustaría hacer ahora?
Vas a pensar que soy un psicópata, pero Padre no hay más que uno 3. Eso querría decir que esta ha sido un gran éxito. La gente se extrañaba también de que hiciese secuelas de Torrente. Me preguntaban: “Pero, ¿no te cansas?”.

¿Ni después de hacer la quinta?
Para nada. Cuando terminamos la quinta estaba deseando hacer la sexta. Pero aunque fue una película que hizo mucha taquilla para una película normal, para Torrente fue la menos vista. Hizo diez millones y pico y costó 6. Es que eran películas muy caras de producir. Un avión, Alex Baldwin, Jesulín… Unas movidas… Pero sí me hubiese gustado seguir. En 20 años le he dedicado a Torrente siete horas. ¿Cómo me iba a cansar de un personaje al que tengo dominado, que a la gente le hace gracia y que es inagotable porque España es torrentiana? España sigue dando carnaza para hacer este tipo de cosas. La quinta me costó un poco porque me superaba la realidad. Eran mucho más absurdas las cosas que sucedían que lo que me inventaba yo. 

¿Qué cosas torrentianas reconoces en este momento?
¡Todo! Que se compren partidas de mascarillas defectuosas, las compre el PSOE, el PP o quien sea. La chapuza es torrentiana o berlanguiana. O un señor por la calle con la mascarilla con la nariz fuera y que no se la ha cambiado en un mes.

Con las polémicas que has protagonizado últimamente en Twitter, ¿no te entran ganas de cerrarte la cuenta?
Tengo tres millones y pico de seguidores. Aunque solo sea para decir que “el 7 de agosto se estrena Padre no hay más que uno 2”. Twitter es un canal de comunicación.

Entendiste eso mucho antes de que llegasen las redes sociales…
La gente dice que soy un genio del marketing como un insulto, refiriéndose a que las pelis son muy malas pero las vendo muy bien. Yo nunca podría vender algo en lo que no creyera. Y, además, si haces la mejor película del mundo y no se entera nadie, mal vamos.

Es uno de los grandes problemas del cine actualmente: llegar al público. 
Es una lucha. Yo, llegada una edad, estoy un poquito cansado. Me gustaría tener un millón y medio para promocionar la película y no tener que hacerlo yo. Pero como veo que no pasa pues esta tarde voy a Quién quiere ser millonario con mi camiseta. El otro día estuve en Pasapalabra y he estado cuando he podido en El hormiguero.aún así, cada vez cuesta más porque está todo muy polarizado. Sales en quinientas radios y la gente no se entera. Alguna vez me ha pasado que la película llevaba en cartel quince días y alguien me ha escrito por Twitter: “¿Oye, cuándo se estrena?”. Entonces pienso que he hecho mal mi trabajo porque eso es parte de mi trabajo. De todas formas, yo siempre he entendido que el cine también eran el cartel, los fotocromos, el poster, la música… Yo no soy un director técnico. No digo: “Oye, pon un sesenta”, sino que digo: “La cámara más cerca”. Pero me encanta todo lo que rodea al cine.

¿Cómo dirías que ha cambiado la industria del cine?
El otro día encontré un artículo de hace 30 años en el que López Vázquez y Concha Velasco hablaban de la crisis del cine. Me gustaría que dentro de 30 años pudiésemos seguir en la crisis del cine porque querría decir que el cine sigue existiendo. No nos damos cuenta de lo importante que es el cine. Viendo Las chicas de la Cruz Roja en FlixOlé, plataforma de la que soy muy fan, pensé que no había mejor forma de preservar la cultura de un país. Cómo hablaba la gente, cómo vestían, cómo eran las calles, los coches, la arquitectura… No podemos permitirnos que el cine muera. Pero bueno, también te digo que el problema es cuando la gente tiene otras preocupaciones. Cuando no tienes trabajo, cuando no tienes para comer, te la suda el Museo del Prado y que quemen Las Meninas. Lo que quieres es una lata de sardinas en tu casa para dar de comer a tu familia. Me gustaría que en España nuestra preocupación nunca fueran las sardinas y sí las Meninas. Me ha salido un pareado y un titular de mierda.

Padre no hay más que uno 2 se estrena en cines el 29 de julio.

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