[San Sebastián 2020] ‘Akelarre’ contra la misógina figura de la bruja

El director de 'Eva no duerme' compite en Zinemaldia con su última película, una rebelión contra siglos de cine y literatura que perpetúa la culpabilidad de la mujer

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19 de septiembre de 2020

Pablo Agüero (Eva no duerme) quería contar una historia de brujas que hiciese honor a la verdad; es decir, una historia de brujería sin brujas. “El cine y la literatura sigue perpetuando el discurso de que las mujeres son culpables. Mira un ejemplo reciente, La bruja (Robert Eggers). Al final hay unas brujas que se comen a unos niños en el bosque. O Las brujas de Salem, una gran obra y en la que se niega que la brujería existiese, pero en la que todo lo desencadena una chica histérica”, explica desde París por teléfono el director antes del estreno mundial de Akelarre en el Festival de San Sebastián, donde hoy se presenta concursando en Sección Oficial. 

Esta oposición a una tradición repleta de clichés y el libro La bruja, de Jules Michelet, fueron el punto de partida de Akelarre, una aproximación naturalista y con elementos de suspense a los procesos inquisitoriales llevados a cabo en el País Vasco en el siglo XVII que, explica Agüero, “eran una maniobra política para educar al pueblo a través del terror imponiendo un modelo de sociedad misógino”.

Por eso, para el director, es tan importante resucitar a estas mujeres en una película, un acto que él define como político: “Durante siglos fueron eliminando no solo a las personas que pensaban diferente, y sobre todo a las mujeres, sino también su memoria. Quemar el cuerpo, arrasar su casa, quemar las transcripciones de los oficios. La idea era convencer de que nunca existió gente que no creyese en Dios o en este modelo moral”. 

El argentino condensa esta cultura en el juez Rostegui, interpretado por un ronco Àlex Brendemühl e inspirado en el francés Pierre de Lancre, instructor de los llamados procesos de brujería de Labort de 1609 y uno de los inquisidores más misóginos de la historia (lo que verdaderamente tiene mérito).

Además de juez, Pierre de Lancre tiene un imaginario literario muy particular, barroco. En sus textos, describía a estas mujeres vascas y jóvenes que lo perturbaban con su libertad diabólica. Su contacto con el mar, con la desnudez, con las relaciones sexuales fuera del matrimonio, con el aborto. Hay una modernidad en este personaje que viene a imponer un pensamiento ultraconservador a una sociedad como la vasca que no lo es, donde las mujeres tienen un lugar”, concede Agüero señalando la resonancia contemporánea tan fuerte de este personaje.

Obstinado en erradicar el licencioso modo de vida vasco y en llevar a la hoguera a toda aquella mujer que se resista, Rostegui ordena arrestar a las chicas jóvenes de los pueblos del País Vasco que recorre. Esa es la suerte de las protagonista de Akelarre, que, mientras sus padres, hermanos y prometidos faenan en el mar, se ven arrestadas y acusadas de un crimen rocambolesco: ser siervas de Satán.

“Esto en el fondo es material para un thriller. Unas chicas arrestadas a las que acusan de un crimen que no cometieron y, peor todavía, se tienen que defender de un crimen que ni siquiera existe”, reflexiona Agüero que confeccionó su reparto de actrices sin experiencia en 1000 pruebas que duraron cerca de un año y con las que pasó meses ensayando, trabajando la improvisación, cantando y bailando.

“Quería que tuviesen cierta frescura y evitar la teatralidad de algunas películas de época”, explica sobre una rigidez de la que huyó también en la dirección de arte y el vestuario y, sobre todo, en el rodaje, rodando con dos cámaras cien horas de material.

También en la música, compuesta por Mursego, en la que se propusieron “recuperar la tradición epecífica de las melodías vascas pero dándole la espereza que habían perdido”. Una vez que tenían la canción hicieron diferentes versiones para que evolucionasen a lo largo de la película. “Porque al principio es una canción de amigas que se toman unas sidras en el bosque y al final es una canción diabólica –resume Pablo Agüero–. El viaje entre ambas canciones es Akelarre”.

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