[San Sebastián 2019] ‘Mientras dure la guerra’: el sentido alegato de Amenábar a favor de la Tercera España

El director de ‘Tesis’ compite por la Concha de Oro con un filme conciliador que no contentará a ninguna de las dos Españas

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21 de septiembre de 2019

El conflicto estaba ya en su penúltima película, Ágora. El filme más incomprendido de Alejandro Amenábar contaba la lucha de Hipatia por salvar el conocimiento de la antigüedad del enfrentamiento entre cristianos y paganos. No solo eso, contaba su fracaso, tal fue el desgraciado final de la filósofa y científica que acabó asesinada y descuartizada. Quizás el mensaje no había quedado demasiado claro. O Amenábar pensó que si contaba esa misma historia en España y con personajes históricos españoles, dejaríamos de mirar hacia otro lado.  

El director de Los Otros encontró en el paraninfo de la Universidad de Salamanca su propia Alejandría. Allí, en lo que Unamuno llamaba el “templo de la inteligencia”, el filósofo vasco y el fundador de La Legión Millán Astray se enzarzaron en un rifirrafe, más o menos tenso y acalorado según quién lo cuente, que acabó con la destitución de Unamuno como rector de la universidad. Con su don de la oportunidad intacto y ese carácter valiente que lo llevó a dirigir su exitosa ópera prima antes incluso de acabar la carrera, Amenábar consideró que ese escenario de nuestra historia era el idóneo para hablar de nuestro presente.  

A la manera de El discurso del rey o El instante más oscuro, Mientras dure la guerra es una puesta en contexto del discurso de Unamuno en el paraninfo de la universidad de Salamanca, donde supuestamente pronunció aquello de “Venceréis pero no convenceréis”Así, en el preámbulo de la Guerra Civil, acompañamos a Unamuno en su toma de conciencia: de su desengaño con la República y su supuesto apoyo al alzamiento militar, a la comprensión del carácter fascista del golpe. Aunque Santi Prego salva los muebles en esa tarea imposible que es interpretar a Franco, la trama paralela de los generales conspirando para quedarse España desluce frente al divagar de Unamuno por las calles ocres de Salamanca.  

El Unamuno de Karra Elejalde es mitad Karra mitad Unamuno, siendo eso un cumplido, y su txapela, bastón y chepa tienen todas las papeletas para que, a partir de ahora, pensemos en él mientras leamos La tía Tula. Un mérito que comparte con el Millán Astray de Eduard Fernández, tuerto, manco y medio loco, ahora que están de moda los villanos, pero sin caer en lo caricaturesco.  

Algunas secuencias funcionan mejor que otras pero el conjunto convence. Parece que Amenábar hubiese aparcado las pocas florituras estilísticas que hay en su cine –solo se permite cierto esteticismo en las secuencias oníricas de Unamuno, hermosas, pero, ¿pertinentes?– y se descubre más clásico que nunca, tal vez para que el mensaje no se deje ningún espectador por el camino. Sobre todo, en la secuencia final del enfrentamiento en el paraninfo, un espejo escalofriante en el que mirarnos hoy.  

El espíritu de Mientras dure la guerra no puede ser más conciliador. La derecha se lleva lo suyo y la izquierda también, porque la intención de Amenábar es que el espectador vaya con Unamuno, el que decía que todos éramos españoles y que por eso mismo nos teníamos que entender. Es el suyo un alegato sentido a la Tercera España, a la inteligencia. Pero siendo esto España, en cualquier momento la película puede dar lugar a gresca, como ya ha venido sucediendo tras los pases de prensa. Pues era justamente Unamuno el que decía: “A un pueblo no se le convence sino de aquello de que quiere convencerse”. 

Mientras dure la guerra se estrena el 27 de septiembre.

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