[San Sebastián 2014] Día 6: Furia con diamantes

La engorrosa violencia de crecer o de, simplemente, vivir en sociedad, plasmada a varias voces por Céline Sciamma y Damián Szifrón.

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25 de septiembre de 2014

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  • ¿De qué se habla hoy en San Sebastián? Aún se escucha el eco de la buena impresión que causaron ayer entre la prensa Eden y Magical Girl. Sin haber visto suficiente como para afirmar que son dos de las mejores películas de la Sección Oficial, es indudable que Mia Hansen-Love y Carlos Vermut han hecho dos de los filmes narrativamente más audaces del año, de esos en los que la cámara no tiene necesidad de hacerse notar con cabriolas o subrayados, sino que forma parte orgánica de la puesta en escena de lo cotidiano, por mucho que aparezca revestido de revelación eufórica (esa panorámica circular hacia el final de Eden que acaba, literalmente, en otra época y con su forma ratifica la influencia de Millennium Mambo en la película, reconocida por la cineasta) o dentro de una intriga criminal con piezas de puzle sueltas perdidas.

    ¿Qué hemos visto? Uno de esos emparejamientos afortunados que a veces suceden en los festivales: la elaborada trama de chantajes, ajustes de cuentas con el pasado y actos pretendidamente heroicos que se va enredando a lo largo de Magical Girl no habría desentonado dentro del puñado de segmentos que forman la antología Relatos salvajes, de Damián Szifrón. Empezando por Vermut, hay que levantar acta de cómo su largo tras Diamond Flash (el fenómeno low cost que habéis visto la Reina y tú, pero la mayor parte de la gente en medio no) lo confirma como un autor total. Con las palabras tan claras como las imágenes y la forma de llegar a ellas. Quizás por eso prefiera tanto las composiciones austeras, para dejar que dentro de ellas lata toda la fuerza de sus diálogos y una dirección de actores a prueba de bomba. Luis Bermejo, Bárbara Lennie y José Sacristán son las puntas de un relato triangular de caballeros andantes condenados a la perdición y una femme fatale cada vez más víctima de sí misma que se mueve tapada hasta el cuello. No hay magia, no hay héroes ni heroínas manga; sólo miradas y engaños dentro de una apuesta cósmica por el resultado más negro en la ruleta de la casualidad.

    Lo mismo ocurre en las historias de furia, violencia, indignación, avaricia y rabia (y, siempre, algún que otro pequeño destello de amor, a pesar de todo) que forman el mosaico de Relatos salvajes, donde cada historia también la protagoniza gente corriente enfrentada a situaciones donde el contrato social está destinado a saltar por los aires. Normalmente, con el aplauso cómplice del patio de butacas; no extraña en absoluto su desbordante éxito en la taquilla argentina. Conductores enfurecidos (que alguien le pase esa pelea cartoon a Seth Rogen y Evan Goldberg, porque les va a encantar), ingenieros contra el sistema, picapleitos chupópteros o una boda tan definitiva que debería librarnos de cualquier comedia nupcial de aquí a unos años son algunas de las historias que se disponen con naturalidad siguiendo la lógica secuencial de un libro de relatos (vienen a la mente Carver, Cheever…). Mientras, Szifrón, en gran salto hacia arriba respecto a su filmografía previa, y un reparto estelar (al que parece que se unió toda la industria nacional para hacer piña) sacan una foto de grupo de la sociedad argentina que no escatima ni una pizca de humor negro ni sal gorda sobre las heridas. Cuando se sequen las lágrimas de la risa, habrá que preguntarse dónde está el equivalente español. Y no, Gente en sitios no me sirve.

    Eso sí, toda esa furia que termina explotando a modo de catarsis compartida en los Relatos salvajes de Szifrón puede palidecer ante una película tan clara y rotunda como Bande de filles, tercer largo de Céline Sciamma (Tomboy). Ojo al título internacional, Girlhood, porque sirve para remarcar cómo la cineasta francesa brinda el complemento perfecto a la tan blanca, luminosa y encumbrada de forma automática Boyhood, de Richard Linklater, contando el paso de la infancia a la madurez de una adolescente de la banlieu parisina. Con un hermano violento, una madre todo el día fuera de casa y dos hermanas pequeñas a su cargo, no lo tiene fácil, pero Sciamma esquiva cualquier tentación de tremendismo y se pone a la altura de la protagonista y su nueva pandilla de amigas. Sufre y se divierte con ellas, retrata sus hostias y sus abrazos. Y luego está uno de los momentazos indiscutibles del festival: el baile en grupo de Diamonds como rito iniciático. Impagable.

    ¿Qué hemos comido? Creo que puedo certificarlo: el local más sórdido del casco viejo de la ciudad es un vegetariano. Pero la penumbra y la soledad crean una gran oportunidad para cargar la batería del móvil, necesidad más vital que la nutrición durante estos días.

    Conchómetro: El entusiasmo hace reclamar Conchas para Magical Girl, o Eden incluso, ante las barras empapadas. A pesar de lo que amo ambas películas, echar un vistazo a la composición del Jurado aconseja tomárselo con cautela. 

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