Russell Crowe se hace de oro con el cine (sin rodar películas)

El actor australiano se deshace de los recuerdos de toda una vida dedicada al séptimo arte para celebrar su divorcio.

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10 de abril de 2018

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  • Russell Crowe es célebre entre la prensa por su desmesurada capacidad para convertir cualquier entrevista/rueda de prensa en una tortura para los periodistas. De ello pueden dar fe muchos plumillas (como la periodista australiana de voz aguda que un día sufrió las burlas del actor, que empezó a corretear por la habitación imitando el sonido de una gallina) e infinidad de curiosos. También se le conoce por su poco tacto con sus parejas. Meg Ryan, por ejemplo, tuvo que superar la ruptura con Crowe mientras él afirmaba a un periódico australiano: “Si te digo la verdad, prefiero estar con mis cerdos que estar con ella”.

    Ryan salío trastabillada de aquel incidente, mientras que el intérprete de películas como Gladiator o El dilema seguía con una vida emocional de bandazos que pareció haberse acabado cuando volvió a los brazos del amor de su vida, Danielle Spencer, con la que tuvo dos hijos. Lamentablemente, las cosas no funcionaron bien en la pareja y hace dos años decidieron que la única salida era el divorcio.

    Ahora, con el litigio finalizado, el actor no ha podido evitar volver a ser el tipo socarrón capaz de reírse de su madre y ha armado una de las subastas más importantes que un intérprete de primera línea haya ofrecido en las dos últimas décadas. La legendaria Sotheby’s ha sido la encargada de poner en orden el inventario y montar el evento. Crowe solo puso como condiciones que fuera una subasta abierta a todo el mundo (sin restricciones, uno podía registrarse en la web de Sotheby’s y opcionar cualquier objeto) y poder ponerle nombre a la velada.

    Hecho y dicho, Russell Crowe: The Art of Divorce se celebró el sábado en Sidney, el día de su cumpleaños e –irónicamente- cuando se cumplían 15 años de su boda con Spencer. Recibido con el ‘happy birthday to you’ y rodeado por centenares de curiosos, Sotheby’s subastó centenares de objetos de la carrera del actor.

    “¿Por qué lo he llamado El arte del divorcio? Pues es mi manera de cerrar una etapa muy importante de mi vida de una manera divertida, sin necesidad de dramatismos” declaraba Crowe a medios locales, en medio de una gran expectación. El violín que el intérprete tocaba en Master & Commander, una pieza de 128 años de antigüedad construido por Leandro Bisiach, se llevó la tajada más grande del evento, con un total de 135.000 dólares. Le siguió de cerca otro ítem de esa misma película: el uniforme que lucía el actor en la misma.

    “¿Os lo estáis pasando bien?”, gritaba el australiano a los que pujaban en directo por un pedacito de historia del cine moderno en algunos casos y en otros por una simple acreditación que uno podía llevarse en casa por apenas 150 dólares. Sin embargo, y a pesar de que Master & Commander pudo parecer la gran triunfadora de la noche a ojos de los cinéfilos, la que realmente produjo más dinero para las arcas de Crowe no fue otra que Gladiator. La armadura de torso que el actor lució en la película (y que Sotheby’s había calculado que no sobrepasaría los 30.000 dólares) alcanzó los 130 mil dólares. Caballos, un carruaje, diversas piezas de atrezzo, vestuario y demás parafernalia, llevó los ítems de la película a sobrepasar el millón de dólares.

    Cinderella Man se quedó con unos 100.000, gracias especialmente a su albornoz en el filme y al calzón protector que luce en el ring, que acumularon casi 15.000. El lote más caro de The Art of Divorce fue el de un cuadro del famoso pintor australiano Brett Whiteley (sin relación con el mundo del cine) que se vendió por 190.000 dólares. Al final de la subasta, el intérprete se había embolsado casi 4 millones de dólares y vendido el 90% de lo expuesto.

    Lo más curioso de la velada fue la compra del Museo Nacional de Australia, cuyo pujador se hizo con las botas Dr. Martens que el actor se había calzado en Romper Stomper, una película de culto que supuso el debut de Crowe y en el que este interpretaba a un skinhead. Las joyas, los relojes y los cuadros, también desaparecieron, al igual que los amantes del séptimo arte en cuanto la subasta pasó a territorios más obvios: los de las subastas clásicas. Crowe, eso sí, se fue con una gran sonrisa y –suponemos- feliz con el resultado de su separación.

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