Rubén Ochandiano: “El amor, no el enamoramiento, es lo único que nos salva”

El actor de ‘Los abrazos rotos’ publica su primera novela, 'Historia de amor sin título'. Hablamos con él de terapias, amores y de óperas primas. Por ANDREA G. BERMEJO

30 de noviembre de 2012

Todo empezó con un corazón roto a mediados de julio en la ciudad vacía. Rubén Ochandiano decidió hacerse frente a sí mismo mientras Madrid ardía y sus amigos veraneaban fuera. Sin una posible escapatoria hizo lo que siempre había hecho: escribir. El actor de Al salir de clase, Biutiful y Los abrazos rotos volcó su desamor en una historia ficticia y a la hora de buscarle un título recordó aquel guión sin nombre que escribía William Holden en El crepúsculo de los dioses. Así nació su primera novela, Historia de amor sin título, editada por Suma de Letras, pero ése no sería el único verano productivo de su vida. Del último, éste con amigos (Manuela Velasco, Irene Visedo, Álex González…) pero igual de caluroso, surgió su ópera prima, Cuento de verano, hecha entre profesionales parados y con el empuje final del crowdfunding. Ya ni los veranos ni la soledad le dan miedo a Rubén Ochandiano. Puede que esta época se convierta en su estación favorita del año.

¿De dónde nace Historia de amor sin título?
Nace de una experiencia personal. Hace tres años y pico me separé. En plena discusión de separación me rompí un pie. Me quedé todo el verano en Madrid, solo, encerrado en casa, escayolado y obligado a enfrentarme a mí mismo porque no había nadie en la ciudad. Quiero decir, sentía que llevaba toda la vida intentando escaparme de quien era y haciéndome trampa. En ese momento tuve que elegir: entre seguir engañándome o dejar de sufrir. Fue un proceso muy duro porque implicó separarme de mucha gente a la que quiero. Con el paso del tiempo, cuando empecé a sentirme un poco más sólido, decidí escribir eso que me estaba pasando como punto de partida.

¿Sólo como punto de partida?
Sí. Lo que yo quería contar era una historia sobre la recuperación de tu propio corazón. Nunca me planteé escribir una obra autobiográfica. Es verdad que bebe de sentimientos y experiencias mías. Pero me hubiese dado muchísimo pudor que fuese autobiográfico.

La novela habla de la familia, de cómo los padres y la educación que te dan pueden convertirse en un lastre para el crecimiento personal…
No crece igual un niño al que le dicen “te quiero” antes de dormir que al que le caen dos hostias. Un niño que crece en permanente estado de peligro va a ser un adulto enfermo. Socialmente enfermo. O te curas o asumes que eres un enfermo. Aquí hay tendencia a pensar que  nunca pasa nada. Yo aquel verano decidí que tenía que responsabilizarme de mí mismo.

También hay una reflexión sobre cómo nos entregamos al amor para refugiarnos de nosotros mismos.
Es un error creer que el enamoramiento te va a salvar. Eso es apasionante y no hay que perdérselo. Te conecta con la vida y es delicioso. Pero es el amor, no el enamoramiento, lo único que te salva. Es decir, yo, que soy distinto a ti, te acepto como eres y te amo así. Y no es necesariamente alguien con quien follas. Puede ser tu familia, tu mejor amigo o tu hermano. Pero es imprescindible construir tu lugar de pertenencia. Al personaje de mi novela le ocurre que pretende que el enamoramiento le salve y se equivoca.

¿Por qué no tiene nombre la historia de amor del título?
Pues es muy cinematográfica la respuesta. Es que siendo adolescente vi El crepúsculo de los dioses y el personaje del guionista en una trama secundaria va a unos estudios y coge un guión que está escribiendo que se llama Untitled Love Story. Me gustó mucho.

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Hay muchas referencias al cine en tu novela y tu personaje lo utiliza como refugio. Allí el mundo desaparece. ¿Te pasa también a ti?
A mí eso me sucede. El teatro cuando me gusta me vuelve loco y cuando no me gusta es un inferno. Pero el cine… tiene que ser una película horrenda para que no me guste. El cine tiene algo balsámico para mí, que se apaguen las luces, la pantalla grande, que me cuenten una historia… Es un paréntesis.

¿Qué te aporta la escritura que no te aporte la interpretación?
Yo creo que para querer ser sólo actor tienes que ser súper de primera, que no te dejen tiempo libre. Si no es muy aburrido. Pero yo hasta en las época más movidas he seguido fantaseando, escribiendo… A mí escribir o dirigir me aporta estar en contacto con la creatividad, que es sano y necesario.

¿Qué estás preparando ahora?
Una producción del Teatro Español para la sala grande del Matadero, una versión de Antígona, pero la de Jean Anouilh. Estoy tomándome este rato con mucho placer. Me han propuesto que hiciese uno de los personajes pero prefiero armar un reparto sin estar yo. Empezamos a ensayar la semana que viene con Marisa Paredes. Estrenamos el 6 de febrero.

¿Y Cuento de verano, tu primera película?
Decíamos en broma que parecíamos los creadores de Facebook porque éramos cuatro pringados pasando el verano en un apartamento y de pronto la cosa se convirtió en una película. Surge de que teníamos que pasar el verano en Madrid. Yo lo último que había hecho de largo recorrido era Toledo y el mío era un personaje muy encorsetado. Me apetecía hacer otras cosas. Carlos se acababa de comprar una 5D. Cogimos el punto de partida de Historia de amor sin título y escribimos el viaje contrario. En la novela Mario cae hacia los infiernos y aquí es alguien que mira hacia la felicidad, que consigue conectarse con la vida, ir hacia la luz y salir. Escribimos el guión y empezamos a poner cosas en Facebook, se animaron algunos amigos (Álex González, Manuela Velasco, Irene Visedo…). Como está la cosa así, gente muy talentosa que no tenía trabajo se animó a currar con nosotros. Acabamos siendo un equipo de casi 50 personas, cada uno ponía lo que tenía (su mesa de sonido, el equipo…) y entonces vimos que la peli requería una inversión. Carlos y yo pusimos la mayor parte y por crowdfunding pedimos 13.000 euros para terminar la postproducción. ¡Y en el Festival de Málaga ya se han interesado por ella!

¿No crees que esta manera de hacer cine es una consecuencia positiva de la crisis?
Es verdad que esto da lugar a que haya una mayor creatividad y que se desarrollen nuevas vías para sacar adelante proyectos. Eso está muy bien, que la crisis sirva para que nos juntemos y armemos cosas. Ahora, que la salida sea tener a 50 profesionales cualificadísimos trabajando un mes y medio, catorce horas al día sin cobrar porque la situación está así, es una putada. No es la salida. La crisis tiene que permitirnos encontrar nuevas vías pero con trabajo remunerado.