Así aprendimos a amar a Rosa Maria Sardà: 7 momentos inolvidables

Una antología (siempre incompleta...) de los momentazos con los que nos obsequió la actriz catalana antes de su muerte a los 78 años.

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11 de junio de 2020

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  • Tenía fama de señora de armas tomar, rebosante de seny y de rauxa, a la que era mejor no buscar las cosquillas. Una pura hija de Barcelona, vamos. Por eso la muerte de Rosa Maria Sardà a los 78 años nos ha sorprendido a todos… menos a ella misma. Enferma grave desde hacía tiempo, la actriz y showwoman catalana no se cortaba en afirmar que sabía la que le esperaba, y estamos seguros de que, enfrentada al engorroso trámite de fallecer, ha despachado a la Dama de la Guadaña con una de esas frases ingeniosas a la par que cortantes que tan bien se le daban en cine, en teatro, en TV y donde hiciera falta.

    Para quienes no sepan a qué debió ‘la Sardá’ su fama, o para aquellos que quieran recordar los motivos por los que todos la adoramos tanto, aquí va una escueta antología de sus momentazos.

    “Honorattttto…”

    Los talentos de Sardà eran múltiples y tremendos, pero seamos sinceros: al menos dos generaciones de españoles se familiarizaron con ella por su labor de presentadora en el programa de TVE Ahí te quiero ver (1984-1987). Y, concretamente, con esos sketches en los que monologaba frente a ese marido (el actor Enric Pous) que bandeaba en silencio sus parlamentos de señorona muy burguesa, muy catalana (sector CiU) y muy pagada de sí misma. Ni siquiera las risas enlatadas merman su poderío cómico.

    Sus galas de los Goya

    A los premios máximos del cine español les suelen caer encima pedradas de todo tipo cuando tratan de aproximarse a los Oscar en su puesta en escena. Y, dejando de lado lo justo o no de estas críticas, es innegable que estas galas eran otra cosa cuando Sardà las presentaba. Sus intervenciones en sus tres años como anfitriona (1994, 1998 y 2001) eran auténticos torbellinos donde la susodicha recitaba, cantaba, bailaba y lo que fuera menester: estando ella al frente de la fiesta, nunca se nos ocurría mirar el reloj.

    Airbag 

    Catalana, catalanísima, Rosa Maria Sardà logró sin embargo uno de sus papeles más memorables en cine interpretando a una “emakume” (“señora” en euskera) de manual en las manos de Juanma Bajo Ulloa. El megahit estrenado por el director vasco en 1997 tiene muchos momentazos, y entre ellos brilla con luz propia ese en el que Sardá preside, dignísima ella, un aurresku en honor a ese Lehendakari cuyo color de piel todavía sigue chocando entre los espectadores de hoy.

    Sus premios Goya

    Si, como hemos dicho, la altura de Sardà como presentadora del los Goya era estratosférica, imaginemos cuando le tocó presentar un premio… al que ella misma estaba nominada. Fue en su primera gala, la de 1994, y resultó, además, que ese también fue su primer ‘cabezón’, debido a ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? La actriz empezó parodiando su propia fama como señora de ego desbordante, y después (tras pedir que le guardaran la estatuilla junto al mantón y el billete del puente aéreo) siguió ejerciendo de anfitriona como si tal cosa.

    La niña de tus ojos

    Nominada por segunda vez a los Goya (aunque en esta ocasión no ganó), Sardà se lució de lo lindo dentro de la desastrosa troupe enviada por Fernando Trueba a la Alemania nazi en su rol de Rosa Rosales. Hablamos de una de esas grandes dames del teatro clásico español que nunca comen entre bebidas y que agotan el repertorio de citas de Lope y Calderón en sus conversaciones, pero que también demuestran una rara lucidez cuando hay que salvar a Penélope Cruz de las garras del III Reich: “Mereciera esta serrana que la fundieran de nuevo como funden las campanas”.

    Todo sobre mi madre

    La fama de Rosa Maria Sardà le vino sobre todo por sus trabajos cómicos, pero también sabía darlo todo en dramas desgarradores como el que le granjeó el Oscar Pedro Almodóvar. Su personaje no era precisamente simpático, pero siendo esposa de un Fernando Fernán Gómez con Alzheimer y madre de esa ‘Pe’ que todos sabemos (parece mentira, en qué líos metió esta chica a nuestra heroína) se lo perdonamos todo a cambio de un gran río de lágrimas final.

    Su última entrevista

    Lo que había era lo que había, y Rosa Maria Sardà lo tenía muy claro: no en vano ella había protagonizado en teatro el montaje español de Wit, la desgarradora obra de Margaret Edson sobre el cáncer. Y así se lo dejó claro a Jordi Évole en abril de este mismo año. Tras haber dejado claro que estaba dispuesta a mirar a la Pálida cara a cara (“El cáncer es invencible”), la actriz y presentadora mantenía su actitud insobornable de siempre: “Alguien muy sabio dijo que lo contrario de la riqueza no es la pobreza, es la justicia. Mientras no haya justicia social no habrá paz en el mundo. No sé cómo los que tienen más de dos duros pueden vivir tranquilos”. Sabias palabras, senyora. 

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