Robert McKee: “Juego de tronos’ acabó con la diferencia entre cine y televisión”

El autor del libro 'El guion' estará entre el 27 y 30 de noviembre la ECAM (Madrid) para hablar sobre géneros cinematográficos y narrativa en tele

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14 de noviembre de 2019

“Se necesita al menos una década de trabajo duro y también fracasar para tener éxito como escritor, la misma década de trabajo duro que se necesita para ser un buen maestro, abogado, médico o cualquier profesional de cualquier oficio. Por eso, dedica tu vida a ello y no te rindas”. Este es uno de los consejos que Robert McKee da a sus alumnos durante sus célebres conferencias y cursos. El autor de el mítico manual de escritura cinematográfica titulado, de forma escueta y evidente, El guion, ha sido maestro para varias generaciones de aspirantes a escritores y profesionales de la industria que luego han acabado en los créditos de Black Mirror, Breaking Bad, Juego de Tronos, La favorita o The Artist.

Robert McKee (Detroit, EEUU, 1941) visita la ECAM de Madrid entre el 27 y el 31 de noviembre para impartir un seminario a propósito de los géneros cinematográficos -comedia, drama, acción y terror-, que terminará con una última sesión dedicada a las series de televisión. Es decir, a lo que McKee considera que es ya el arte más importante de este siglo XXI. Aunque, como demostrará en sus conferencias, no cree ni en las barreras entre géneros ni tampoco entre los distintos formatos. “Los principios de las historias son universales, por lo que los escritores no deberían sentirse obligados a crear para un solo medio”.

Lleva muchos años siendo maestro, ¿qué es lo mejor que ha transmitido a sus alumnos?
Este tipo de preguntas son difíciles de responder porque reducen lo que es una forma de creación extremadamente compleja a algo singular. Más allá de enseñar la forma, lo que intento enseñar a los escritores es la diferencia entre el arte en sí mismo y ellos mismos dentro de ese arte. Demasiados escritores se apuntan a escribir guiones porque quieren vivir en el mundo literario, en Broadway o en Hollywood. Todo eso está bien, pero es mucho más importante el arte que hay dentro de ellos. Los escritores deben estar dispuestos a arriesgar diez años de sus vidas o más para dominar la forma de escribir. Hay un volumen de fracaso y rechazo que no puede sostenerse solo con el sueño de formar parte del mundo del cine o ir a festivales.

Trato de inspirarlos para que descubran su pasión, se escuchen a sí mismos y descubran sus razones más profundas para querer ser un artista. Trato de transmitir a mis alumnos que contar historias es el arte más importante y civilizador de todos, que lo que hacen es la ocupación más significativa que un ser humano puede perseguir. Hago esto para contrarrestar la cultura grosera que se ha desarrollado en las últimas décadas, donde todo se reduce al marketing, ser rico y famoso. Intento inspirar a los escritores para que consideren lo que hacen como algo poderosamente significativo y no solo otra forma de publicidad o marketing.

Y, ¿cuáles han sido los mejores consejos que ha recibido usted a lo largo su vida?
Mi conocimiento ha mejorado mucho con las preguntas que me hacen mis estudiantes. Me obligan a pensar profundamente y a investigar más. Mis alumnos tienen ejemplos e ideas propias, por lo que, en cierto sentido, siempre estoy aprendiendo. El mejor consejo que me dieron personalmente fue cuando acabé la universidad y me destino era ir Hollywood. Mi profesor favorito me sentó y me dijo: “Por favor, no cambies. Sé tú mismo y expresa tu visión”. Temía la influencia que Hollywood tendría en mí. Y también: “Conócete a ti mismo”. Que es un consejo convincente, y tan viejo como Sócrates.

Muchas personas en el ámbito del cine piensan que es un ‘gurú del guion’…
La palabra gurú siempre resulta ofensiva. Sé que es jerga periodística, pero es degradante. Cuando se usa la palabra gurú, se refiere a una especie de líder espiritual o intelectual falso que saca dinero de los aduladores que lo siguen sin sentido. Cuando se usa la palabra gurú, se insulta a mis alumnos. Mis alumnos y asistentes a conferencias son a menudo artistas de éxito que han publicado novelas, obras de teatro, escrito para la pantalla grande, creado series de televisión, ganado cientos de premios y producido obras de gran calidad artística. Por lo tanto, pensar que están siguiendo a un gurú es un insulto para ellos.

Entonces, ¿qué definición prefiere?
Sigo una tradición de escribir sobre el oficio de escribir, algo que es tan antiguo como Aristóteles. Aristóteles nunca escribió una obra de teatro, simplemente estudió el trabajo de grandes creadores y, en un esfuerzo por comprenderlo y experimentarlo, escribió su gran libro La poética. Siempre ha habido autores que escriben sobre la forma escribir, de la misma manera que la gente escribe sobre música o pintura. (…) Yo no enseño contenido o qué escribir. Simplemente explico la forma subyacente que está implícita en la escritura. Los alumnos tienen que encontrar el tema, su propia visión y su punto de vista. El contenido no se puede enseñar. Pero de la misma manera que una escuela de arte enseña los principios de composición, la regla de los tercios, la perspectiva, el color y otros principios del arte visual, yo enseño los principios de la narración que existen desde hace miles de años.

¿Es posible estudiar para ser un buen guionista o es algo natural?
La gente que piensa que la escritura es espontánea o irreflexiva es porque nunca ha escrito. Es un error pensar que escribir es una especie de experiencia natural, instintiva o mística. Nunca pensaríamos de esa manera sobre la pintura, la música o cualquier otra forma de arte. Pero, por alguna razón, la gente invierte en este mito de que estudiar escritura es de alguna manera antinatural. Es absurdo. Resulta absolutamente natural aprender y pensar de una manera crítica y analítica para descubrir la mejor manera de expresar una idea. Estudiar tu propio trabajo y estudiar lo que hacen los demás forma parte de este proceso. Trabajó un tiempo en televisión y ahora sigue analizando series, ¿cuándo piensa que la televisión vivió su última gran revolución? El gran cambio ocurrió con el cable. Fue algo muy diferente de la televisión comercial, donde siempre hubo buenos escritores, especialmente de comedia, pero que estaban muy limitados por la censura. El paso a la financiación basada en las suscripciones dio libertad a los creadores. Grandes compañías como HBO lideraron el camino para llegar a un público adulto más sofisticado y, en cierto sentido, se convirtieron en antifamiliares. También alentaron el desarrollo de historias largas, que hasta ese momento solo se podían hacer en formato de telenovela.

Los servicios de suscripción abrieron las puertas a la creatividad y a la libertad. ¿Cómo ve el futuro del medio? ¿Qué series o ‘showrunners’ marcarán los próximos años?
El futuro ya lo hemos visto. Con series ‘criminales’ como The Wire o Breaking Bad, la fantasía de Juego de Tronos o un drama histórico como Vikings. Por eso es la forma de arte dominante de este siglo. Los mejores guiones en Estados Unidos, y probablemente en el Reino Unido, son los que se escriben para series de formato largo. Todavía hay novelas, obras de teatro y películas maravillosas, pero los autores de series de gran formato están construyendo las catedrales narrativas del siglo XXI. Así que el futuro es espléndido.

Y, echando la vista atrás, ¿cuáles son las series (o momentos) más importantes de la historia de la tele hasta hoy en día?
Series como Breaking Bad, Los Soprano o The Wire fueron innovadoras. Estas grandes series abrieron el camino en muchos sentidos. Sin embargo, Juego de Tronos fue un paso más allá e hizo televisión cinemática de larga duración. (…) Esta serie comenzó a silenciar la distinción entre cine y televisión. Creo que la distinción entre la pantalla grande y la pequeña se va a disipar por completo, y solo hablaremos de “la pantalla”. Da igual que vayas a sentarte a una sala de cine o uses un teléfono, esas diferencias ya no serán importantes.

Lo que la gran televisión nos ha enseñado es que el público está cada vez menos interesado en los finales y más en la revelación y los cambios de los personajes. Están más interesados en la psicología de los seres humanos y las relaciones familiares y personales. La televisión ha brindado a los escritores la oportunidad de crear una dimensión compleja de los personajes, que supera con creces cualquier expectativa de un cineasta. Un cineasta solo tiene dos o tres horas, y dentro de ese corto período de tiempo los personajes principales solo pueden tener un número limitado de relaciones, acciones y reacciones. Las series, por otro lado, no tienen prácticamente límites. Eso es lo que fascina a la gente. Los giros y los cambios que experimentan esos personajes tan complejos. Por todas esas razones, las series son la forma de arte dominante del siglo XXI, y eso se lo debemos a la televisión.

En la ECAM, va a hablar sobre varios géneros, pero seguro que guarda más afinidad por alguno de ellos.
Mi género favorito no es importante. Quién soy y mi experiencia de vida es irrelevante para la creación. Eso es algo similar a la teoría del autor. Es pretender que la persona que está detrás del trabajo es de alguna manera más importante que el trabajo en sí. Eso no tiene sentido. Las ideas perduran, las personalidades mueren. Lo que ha sido importante para mí, puede que no sea importante para otros escritores. Lo importante es la calidad. Hace años fui el presentador de la película del domingo por la noche en la BBC. Programé una serie de clásicos de géneros diferentes, desde cineastas como el japonés Ozu, hasta Ingmar Bergman, aventuras de acción, películas de terror, etc… En mi opinión, un gran trabajo en un género es igualmente maravilloso y valioso que cualquier otro género. No hay jerarquía, solo hay calidad. Una gran comedia, por ejemplo, es tan importante como una gran tragedia. Los escritores deben comprender que las historias están basadas en los valores centrales de la vida, y estos valores han inspirado varios géneros de narración. El valor de la justicia-injusticia ha dado como lugar historias criminales: el valor del amor-odio ha servido para historias de amor; y el valor vida-muerte para historias de acción. Estos géneros se pueden mezclar y fusionar, y tratar de varias maneras. Cuando vaya a España haré un selección clave de géneros y luego explicaré cómo se pueden combinar para crear una serie larga de tele. Todos los escritores, independientemente de su género, escriben sobre una tradición. Y ya sea consciente o instintivamente el público conoce los géneros. El espectador tiene ciertas expectativas cuando va a ver o leer algo. El trabajo de un escritor es entender estas expectativas. Se pueden cambiar o evolucionar, pero no se puede escribir sin saber lo que espera el espectador o el lector.

¿Es más difícil hacer reír al público o hacerlo llorar?
Si eres un genio cómico, es difícil hacer llorar a la audiencia. Si eres un escritor dramático talentoso, es difícil hacerla reír. Las cosas son difíciles cuando no tienes talento en una cosa u otra. Por lo tanto, ambos son igualmente difíciles. La diferencia clave es que las personas que escriben tragedias respetan fundamentalmente la naturaleza humana y crean historias que dicen “en las peores circunstancias, los seres humanos son criaturas realmente magníficas”. La mente cómica es una mente crítica que considera que los esfuerzos humanos son indignos, no deseados y absurdos. Por lo tanto, el escritor de comedia dice “bajo la mejor de las circunstancias, los seres humanos encontrarán alguna manera de joder”. Si eres alguien que tiene una mente crítica que ve las tonterías y la locura en el comportamiento humano, la comedia te resultará relativamente sencilla. Si eres alguien con gran compasión por los seres humanos, la tragedia te resultará más natural.

Para terminar, ¿cuál es el principal consejo que Robert McKee guarda para sus alumnos?
No te rindas. El talento es como un monstruo dentro de ti que exige ser alimentado, y el monstruo come páginas. Si no estás alimentando al monstruo, eres un ser humano miserable. Entonces debes escribir.

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