Speedball, sectas religiosas y alergia a la fama: así vivió y murió River Phoenix

River Phoenix murió el 31 de octubre de 1993 por una sobredosis fatídica que acabó con uno de los actores más instintivos de las últimas décadas del siglo XX.

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23 de agosto de 2020

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  • Muchos asocian el nombre del club nocturno The Viper Room, propiedad de Johnny Depp, con el desenfreno y la tragedia. Con lo primero, porque durante años fue el local preferido de muchos actores y artistas jóvenes de Los Ángeles y alrededores. Con lo segundo, porque allí se pegó su última juerga el actor River Phoenix, unos minutos antes de morir.

    El de Oregón, quien entonces tenía 23 años, se encontraba aquellos días tomándose un descanso en el rodaje de su última película, Dark Blood, donde interpretaba a un viudo ermitaño. Un filme que se estrenaría finalmente casi dos décadas después de su fallecimiento.

    Aquel 31 de octubre de 1993, River andaba de fiesta en aquel exclusivo club de West Hollywood junto a su novia Samantha Mathis y sus hermanos Rain y Joaquin. River llevaba encima su guitarra, pues pensaba subirse al escenario del local y ponerse a tocar un rato junto a varios de sus colegas, pero resultó que no había espacio para todos y finalmente se quedó con las ganas.

    Según asegura el periodista Gavin Edwards en su libro Last Night at the Viper Room, River regresaría entonces a su mesa y, en un momento dado, se bebió una copa que al parecer le ofrecieron y que contenía un cóctel de cocaína y heroína. “Consumió drogas (probablemente un speedball líquido, aunque otras personas tienen versiones diferentes de la historia) y, debido a que su tolerancia [a las drogas] era baja tras haberse limpiado en el desierto [de Utah] mientras filmaba Dark Blood, la dosis resultó letal”, explica Edwards a CINEMANÍA.

    River comenzó a encontrarse tan mal que acabó saliendo fuera del local poco después de beberse aquella copa. Acto seguido, cayó desplomado sobre la acera. Joaquin buscó rápidamente una cabina telefónica y llamó a emergencias para avisarles de que su hermano estaba sufriendo fuertes convulsiones.

    “Venid aquí, por favor, porque se está muriendo”, le comentaría a su interlocutor mientras River yacía moribundo sobre el cemento, con su hermana Rain al lado, y sufría un paro cardíaco. El actor acabó siendo trasladado al Cedars-Sinai Medical Center, a unos tres kilómetros de distancia, donde fue declarado muerto a las 01:51 horas. Las especulaciones se dispararon en los días posteriores, pero la autopsia revelaría que River murió por una sobredosis de drogas. Un final trágico para quien parecía llamado a ser en breve tiempo una gran estrella hollywoodiense.

     

    Infancia difícil

    Algunos productores hablaban de River, un joven con aire atormentado y mirada seductora, como uno de los jóvenes más talentosos de su generación. Otros, se llegaron a referir a él como el heredero natural de James Dean. Hijo de unos recolectores de fruta reconvertidos en miembros de una secta religiosa, River tuvo una infancia tan hippilonga como jodida. Entre otras cosas, sufrió abusos sexuales cuando apenas tenía cuatro años, nunca fue a la escuela y se vio teniendo que hacer proselitismo a favor del culto y actuando en la calle para lograr llevar algo de dinero a una casa habitada por un patriarca con problemas de alcoholismo.

    Por suerte para todos, los Phoenix abandonarían pronto el culto a La Familia Internacional tras comprobar que la secta se había vuelto demasiado extremista. La matriarca del excéntrico clan, Arlyn, se empecinó en que sus hijos se convirtieran en actores, así que los inscribió en varios concursos de talentos y llegó a enviar una carta al departamento de casting de Paramount para informar de lo talentosos que eran sus retoños. Y aquella perseverancia suya daría sus frutos ya que, con apenas diez años, River estaba haciendo sus primeros pinitos en televisión.

    Hablar de River es hacerlo de un actor instintivo y sin miedo a los retos interpretativos. A los 15 años, empezó a abrirse paso en el mundo del cine con un papel en una película de extraterrestres —Exploradores (1985)—, en la que le tocó compartir protagonismo con Ethan Hawke. A los 18, se llevó toda una sorpresa al recibir el aplauso de la crítica y verse nominado al Oscar a mejor actor secundario por su papel en Un lugar en ninguna parte, donde encarnaba al solitario hijo de un matrimonio militante de un grupo radical violento.

    Durante varios años, River saboreó las mieles del éxito y ganó bastante pasta, llegando a convertirse en eso que llaman una estrella adolescente —cliché que él siempre quiso rehuir—. Además, dio un importante salto en su carrera después de que Gus Van Sant pensara en él para interpretar al chapero narcolépsico protagonista de la película de culto Mi Idaho privado (1991). Un papelito que se revelaría uno de los más importantes de su corta filmografía, le convertiría también en icono gay y le granjearía distinciones como la Copa Volpi del Festival de Venecia.

     

    Conociendo a River

    Culo inquieto donde los hubiera, River adoraba la música y en Florida llegó a montar con su hermana y un par de amigos su propia banda, Aleka’s Attic, con la que estaba a punto de lanzar su primer álbum cuando murió. “Me dijo ‘Solo tengo que hacer una película más para guardar suficiente dinero para que mi hermana menor pueda ir a la universidad’”, confesaría en una ocasión Samantha Mathis, quien fue testigo de cómo su novio River se hacía cargo económicamente de sus progenitores y hermanos.

    El actor odiaba la fama, pero usaba su popularidad y presencia en medios para hablar a favor de ciertas causas en las que creía firmemente, como la ecologista. “A medida que River crecía, se sentía cada vez más incómodo con lo de ser símbolo de todas las cosas buenas. A menudo decía que deseaba poder ser anónimo. Pero nunca lo fue”, apuntaría su madre en una entrevista.

    Por suerte o por desgracia, el actor se entregó a la vida sana y se convirtió al veganismo –no comía carne ni productos lácteos y llegó a protagonizar la portada de la revista Vegetarian Times– con la misma efusividad que se entregó a todo tipo de excesos. Tanto es así, que en sus últimos años de vida consumía tantas drogas y alcohol que llegaría a tener problemas por ello en varios rodajes.

    “River Phoenix tenía un carisma incandescente”, apostilla Edwards. “Era una estrella de cine para cualquiera que se sintiera incomprendido o no quisiera ser categorizado. Después de su prematura muerte, lo que queda son algunas actuaciones sorprendentes (particularmente La última apuesta, Cuenta conmigo y Mi Idaho privado) y un ídolo para cualquiera que necesite llorar las posibilidades desperdiciadas”.