[Repaso Marvel] ‘Spider-Man: Homecoming’: El futuro de Marvel se volvió millennial

Con la película en solitario de Tom Holland llegó la alianza Sony-Disney, el primer gran paso hacia la 'Fase 4' y el mejor Spidey de la gran pantalla.

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23 de abril de 2018

Con Doctor Strange presentado oficialmente en sociedad y los Guardianes de la galaxia consolidándose en su secuela, Marvel seguía trazando el camino hacia la ‘Fase 4’, pero aún faltaba el debut en solitario del héroe que se encargaría de conducir a esa nueva etapa del MCU. Un Spider-Man que, tras un acuerdo entre Disney y Sony, volvía a casa por la puerta grande en Capitán América: Civil War. Sin embargo, la prueba de fuego llegaría con Spider-Man: Homecoming, el examen definitivo para comprobar si eso de confiar el futuro marvelita a un millennial con la mochila y las telarañas a cuestas era una buena idea.

El repaso Marvel de CINEMANÍA llega a una de las producciones que más conexiones guarda con la Marvel post-Avengers 4. Fue hace más de un año, sin escudos que robar, cuando Jon Watts hilvanó no solo la mejor película de Spider-Man, sino también una de las más destacables de la Casa de las Ideas. Un filme de John Hughes en un mundo de Vengadores que cambió la historia de origen por los pasillos del instituto, los mordiscos de arañas por el carisma nerd de Tom Holland, y al tío Ben por la mentoría de Tony Stark.

 

Holland, sacado de una viñeta

“Es la peor idea que he oído en mi vida”. En 1962, Stan Lee presentó al editor de Marvel, Martin Goodman, su última creación: un jovenzuelo llamado Spider-Man. Mientras Goodman insistía en que “la gente odia a las arañas y los adolescentes solo pueden ser ayudantes de los héroes”, Lee desechaba los dibujos del Spidey musculoso de su amigo Jack Kirby y optaba por el joven con traje de ojos saltones que diseñó Steve Ditko. Así, por obra y cabezonería de su creador, el primer héroe adolescente de la historia de los cómics se convirtió en el emblema de la editorial.

Cuando se anunció que Sony y Disney relanzarían a Peter Parker con una nueva franquicia muchos se preguntaron si realmente hacía falta otra entrega. La respuesta a esa pregunta fue Tom Holland, descubierto pocos años antes en Lo imposible por Bayona, en su primera película arácnida en solitario. Con él llegó el mejor Spider-Man que ha trepado a la gran pantalla, con el ingenio, la incontinencia verbal, la jovialidad, el espíritu ‘teen’, el sentido del humor y las habilidades acrobáticas con los que el estudiante quinceañero (edad en la que el superhéroe fue mordido por la araña en los cómics, aunque los Spidey cinematográficos hasta Holland comenzaban su andadura con 18 añazos) conquistó el mundo de los tebeos.

Más allá de las picaduras de araña y los superpoderes, Holland se convertía en ese adolescente que concibió Lee poniéndose el mundo por montera. Una suerte de Marty McFly y Kick-Ass, preocupado por los deberes, las chicas, los bailes y el Lego de Star Wars, pero también por impresionar a los Vengadores recuperando bicis robadas. Ahora es prácticamente imposible imaginar a otro actor con la licra roja y azul del superhéroe arácnido ayudando a señoras a dar con una dirección.

 

Héroe millennial

Este nuevo Peter, futuro periodista, nacía en los 2000, por lo que no es de extrañar que sea un youtuber en potencia. Los primeros minutos del filme muestran al reportero 2.0 que el protagonista lleva dentro: el protegido de Stark graba todo su periplo por Berlín, incluida cierta guerra civil vengadora, como si de un Facebook Live se tratase.

El joven intérprete encaja a la perfección con este héroe millennial (aquí podéis comprobar a qué nos referimos) enganchado a las nuevas tecnologías, que aprovecha las explicaciones de los profesores en clase para echar un vistazo a sus hazañas en YouTube. Por fin tenemos a ese joven nativo digital que Marvel, la troupe de Tony Stark y los fans necesitaban, aún sin saberlo.

Peter abre así la veda a una ‘Fase 4’ donde la llamada generación Y promete llevar la voz cantante. Y no solo nos referimos al Groot adolescente y sus peleas con papá Star-Lord, sino también a Shuri (Letitia Wright), la ingeniera más hábil de la Tierra (y nos atreveríamos a vaticinar que de la galaxia) y responsable de los inventos más revolucionarios de Wakanda. O a la misteriosa Michelle (Zendaya), “MJ” (¿Cómo a Mary Jane Watson, el gran amor de Spidey?) para los amigos, y uno de los personajes más desaprovechados de Homecoming, pero que podría jugar un papel fundamental en la secuela. Kevin Feige no contrataría a una ‘it girl’ Disney como ella solo porque queda bien en los títulos de crédito.

 

Adiós orígenes, hola Vengadores

¿Cómo se innova con un superhéroe retratado hasta la saciedad en pantalla y tan reconocible para el público? Todo el mundo conoce la historia del huérfano Peter Parker, ya sea por los cómics, por el cine o por la televisión. El que no ha leído sus tebeos, lo ha conocido en las series de los 60 o los 90.

Tratándose de la tercera saga cinematográfica del superhéroe estrella de Marvel, Watts ha tomado una arriesgada aunque sabia decisión: a diferencia de sus predecesores, se ha dejado de historias lacrimógenas de origen, de padres ausentes, picaduras de arañas y muertes del tío Ben. Aquí lo que prima es el aprendizaje de un jovenzuelo con muchas ganas de salvar el mundo, pero al que le falta práctica y paciencia.

Si a su potencial de película adolescente de John Hughes le sumamos un mundo de Vengadores, el entretenimiento está servido: ¿Qué puede salir mal en un filme en el que Iron Man te da lecciones de madurez, Capitán América (prófugo de la justicia) es tu profesor virtual de fitness, los profesores de historia enseñan los acuerdos de Sokovia, los estudiantes bromean sobre citas con Viuda Negra o las chicas populares del instituto pasan las horas muertas discutiendo quién es más atractivo, Thor o Steve Rogers? Homecoming  acerca el mundo vengador a nuestra realidad como ninguna otra película del MCU, cotilleando sobre los héroes marvelitas en los pasillos de un instituto como si de las celebrities del momento se tratase.

 

El tío Tony

Y hablando de Vengadores… Desde que Tony Stark aterrizara en casa de la tía May para reclutar al ‘yogurín’ (y, de paso, ligar con el personaje interpretado por Marisa Tomei), mentor-pupilo se han convertido en la pareja marvelita más hilarante de la gran pantalla. Es imposible echar de menos la grandilocuencia del tío Ben (“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”) cuando tienes al egocéntrico Iron Man ejerciendo de ‘papá’ vengador y haciendo acto de presencia cuando la cosa se pone fea.

Robert Downey Jr. ha encontrado en Tom Holland a la horma de su zapato heroico, un jovenzuelo que lo admira desde su más tierna infancia; recordemos que el pequeñajo Peter tuvo un cameo en Iron Man 2, ataviado para la ocasión con la máscara de su superhéroe favorito.

Peter Parker se basta y se sobra para conquistar al espectador en su aventura en solitario, pero cuando Stark hace acto de presencia, prepárate para algunas de las mejores secuencias (y gags) del universo cinematográfico Marvel, como cuando Tony salva la vida a Spidey desde una especie de boda en la India, o ese final en las instalaciones de los Vengadores, con Pepper Potts (Gwyneth Paltrow) volviendo a escena. Esta relación entre Stark y Parker (y Happy Hogan en plan niñera) es otra razón de peso más por la que Iron Man debe sobrevivir a la ‘Fase 3’.

 

Peleas de instituto

Si un Peter Parker en la edad del pavo y con aspiraciones de vengador permite exprimir todo el potencial del patoso y jovial personaje, los pasillos del instituto son, desde las viñetas de los tebeos hasta las películas, el campo de batalla donde Spidey más luce. Los héroes arácnidos de Tobey Maguire y Andrew Garfield pasaron lo justo por clase, pero nuestro nuevo Spider-Man conjuga a la perfección las horas lectivas, los decatlones académicos y los bailes de instituto a la americana, con sus actividades extraescolares sobrevolando los cielos de Queens.

En otro magistral intento por aportar algo nuevo a un personaje archiconocido, pero homenajeando su legado, Homecoming recupera y reinterpreta a algunos de los compañeros de pupitre que acompañan a Parker en los cómics. Además de tener a la tía May más hipster, Peter sufre los desaires de un Flash Thompson ‘nerd’ o suspira por los huesos de Liz, su primer amor en los tebeos, aunque menos conocida que Mary Jane o Gwen Stacy.

Ned Leeds, el mejor amigo de Spider-Man, es en los cómics un reportero del Daily Bugle y futuro marido de Betty Brant, que se convierte en el villano Hobgoblin. Y hablando de Betty, el personaje también se pasea por el filme, aunque lo hace como otra estudiante/reportera del canal de televisión del instituto, en vez de como la secretaria del Daily Bugle que conocimos en los tebeos.

Watts rediseña a tus personajes favoritos del imaginario del hombre araña para hacer de esta película de superhéroes un análisis de la adolescencia, de las inseguridades y la vulnerabilidad que acompañan a la edad. De ese querer comerse el mundo mientras tratas de encontrar tu lugar en él, como recogen algunas de las mejores líneas de guion. Así ocurre cuando Peter, en plena fiesta de Liz, se niega a ponerse el traje de Spider-Man: “Seré yo mismo”, asegura, a lo que su amigo Ned responde: “Nadie quiere eso”. Esa búsqueda de identidad tan propia de la adolescencia, y en la que Spider-Man se ve sumido, también queda reflejada en frases del ‘Capi’ (“Así que tu cuerpo está cambiando. Créeme, sé cómo se siente”) o Tony Stark (“Si no eres nadie sin el traje, no deberías tenerlo”), siempre revestido de humor.

 

Todo en un día: LA escena de acción

Siendo una película de adolescentes, es en las escenas de acción made in Vengadores (no se nos vaya a olvidar que esto es el MCU) donde menos luce Spidey. Más allá de barcos que se parten por la mitad o luchas aéreas en aviones que se precipitan hacia Nueva York, las mejores escenas de acción de Homecoming beben una vez más del espíritu ‘teen’ de Peter.

Claro ejemplo de ello es una de las mejores secuencias de la película. El joven superhéroe debe abandonar la fiesta de Liz para perseguir a una furgoneta por los jardines y patios traseros de una urbanización. Para colmo de males, no hay ni un mísero árbol por el que colgarse con sus telarañas (toca correr), se moja con los aspersores, asusta a una niñas en plena acampada doméstica y emula una escena de Todo en un día con la película de fondo. Toma metacine

 

El poder del humor

El héroe sombrío, que lleva el peso del mundo sobre sus hombros y carga con el sentido de la responsabilidad a cada paso que da está muy bien para Batman, Superman o Capitán América. Pero no para Peter Parker. Si hay algo que destaca en la personalidad del joven vengador, tanto en los tebeos como en este filme, es su jovial y refrescante sentido del humor.

Desde que los Guardianes de la galaxia aterrizaran en Marvel, no hay superproyecto que no tenga su dosis justa de comicidad, aunque frente a las gamberradas galácticas de Star-Lord y compañía, o Thor: Ragnarok, la vis cómica de Peter Parker es más dada a las situaciones bochornosas que nos podrían pasar a cualquiera que a los gags.

El protegido de Stark sabe bien lo que es que las cámaras de televisión lo capten saliendo del un baño público con papel higiénico en los zapatos, o que su mentor le ponga límites a sus poderes con el ‘Protocolo ruedines’. Es precisamente al desactivar esta medida cautelar cuando el filme nos regala algunos de los momentos más divertidos de Parker junto a la inteligencia artificial de su supertraje, Karen (Jennifer Connelly). El héroe en prácticas se hace un lío con las 576 combinaciones de telarañas (alas, red divisible, red granada, un dron…) en plena persecución o se asusta ante la opción ‘Matanza instantánea’. Por no hablar del protocolo de interrogación mejorada…

 

El hombre de las plumas

Marvel sigue nutriéndose de villanos nacidos de los desastres de los Vengadores: que si Ultrón, que si Barón Zemo… El Buitre es otro efecto colateral del supergrupo, aunque un efecto colateral mucho más interesado y menos emocional. En un mundo en el que los héroes marvelitas campan a sus anchas destrozando ciudades, los humanos también tratan de sacar provecho económico de la situación. Entre ellos, Adrian Toomes, un pequeño empresario y padre de familia con discurso populista que, tras perder su negocio por culpa de Stark, representa como traficante de armas vengadoras una amenaza mayor que cualquier otro maníaco que quiera conquistar el mundo.

Basta con echar un vistazo a la escena que el Buitre, Peter y Liz (la hijita del villano) comparten en el coche de camino al baile del instituto para corroborar que Michael Keaton ha conseguido desbancar a Loki como mejor villano marvelita. En ella, Toomes va sonsacando la identidad oculta del joven a su hija mientras mira por el retrovisor a Parker. Después llega “el sermón del padre”, pistola en mano y con amenaza directa: “No te metas en mis negocios o te mano, a ti y a todos los que quieres”.

Watts da así una lección al cine de superhéroes: Spidey tiene algunos de los malos malísimos más icónicos de Marvel, como Mysterio, Electro o Duende Verde. Sin embargo, el villano más realista, ese que puedes encontrarte por la calle, resulta más escalofriante que cualquier otro cuya maldad le ha venido dada por experimentar con gases (el Duende Verde de Willem Dafoe) o pincharse cierto suero regenerador (como el Lagarto de Rhys Ifans). 

 

Detrás de las cámaras

Uno de los grandes aciertos de Marvel pasa por contar con directores casi noveles, o no demasiado conocidos para el público. Jon Watts es un claro ejemplo de ello. Curtido en series y TV Movies, antes de emprender su viaje marvelita el cineasta apenas era conocido por la terrorífica Clown y el thriller Coche policial, proyectos alejados de lo que cabía esperar del nuevo líder al frente de la saga de Spider-Man.

Tal vez el éxito de Homecoming haya que buscarlo en la capacidad de Watts de nadar entre géneros, o en su serie satírica The Onion News Network. O tal vez haya que agradecérselo a dos de los cuatro guionistas del filme, Jonathan Goldstein y John Francis Delay, el duo detrás de los guiones de Cómo acabar con tu jefe, El increíble Burt WonderstoneVacaciones, la cual también dirigieron. Ahora se preparan para pasarse a la competencia y compartir la escurridiza silla del director de Flashpoint.

 

El homenaje a tu héroe favorito

Como decíamos al comienzo, Spidey es el héroe emblema del universo marvelita. Si bien Watts ha conseguido llevar a la gran pantalla a un nuevo Peter Parker, Spider-Man: Homecoming también es una carta de amor a las batallitas del superhéroe arácnido en cómics, cine y televisión.

El comienzo es toda una declaración de intenciones (sonora): en lugar de incluir la música que normalmente acompaña al logo de Marvel en sus películas, la producción de Watts opta por sacar una sonrisa al espectador al son del tema de la serie animada Spider-Man de 1967, versionada para la ocasión por Michael Giacchino.

Dos de las mejores escenas del filme están sacadas de tus viñetas favoritas. La secuencia en la que, tras enfrentarse verbalmente al Buitre, Peter acaba enterrado bajo el techo de un almacén abandonado y, desesperado por escapar de los escombros, ve su rostro reflejado en el agua (cubierto por la mitad por la máscara de Spider-Man), está inspirada en el dibujo que hay sobre estas líneas, obra de Steve Ditko para The Amazing Spider-Man.

Otra de las escenas reflejo de los tebeos es aquella en la que Peter se enfrenta a los esbirros del Buitre en un cajero, homenaje a las viñetas de Brian Bendis y Mark Bagley para Ultimate Spider-Man. 

En cuanto a los filmes, Holland recrea dos de los momentos álgidos tanto del Spider-Man de Tobey Maguire como del de Andrew Garfield, y todo en menos de cinco minutos. Cuando sus compañeros de clase sufren un percance en el ascensor del Monumento a Washington, Spidey se ve obligado a tirar de telaraña para sujetar a una Liz que se precipita hacia el vacío, emulando la trágica muerte de Gwen Stacy que pudimos ver en The Amazing Spider-Man 2. 

Segundos más tarde, con Liz a salvo y Spider-Man colgado boca abajo frente a ella, el traje supersónico con inteligencia artificial del héroe le insta a que confiese sus sentimientos a la joven, pero la telaraña de Tom Holland se suelta antes de que este pueda repetir ese beso que Mary Jane da a Peter en la Spider-Man de Sam Raimi.

A punto de cumplir 60 años desde su concepción en los tebeos, Watts ha sabido devolvernos (¡por fin!) a nuestro amigo y vecino favorito en su tercera incursión cinematográfica. De momento, y a la espera de ver qué tal le queda el traje de Iron Spider en Vengadores: Infinity War, podemos respirar tranquilos: el futuro de la Casa de las Ideas está a buen recaudo en sus novatas telarañas millennial.

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