[Repaso Marvel] ‘Iron Man 3’: La taquilla se pliega ante el cómic de autor

Nuestro Repaso Marvel se adentra en la Fase 2 con 'Iron Man 3', la película que amó la taquilla pero que odiaron los fans más conservadores

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08 de abril de 2018

Antes de dejar atrás por completo a la reunión de Los Vengadores y adentrarnos en la Fase 2, conviene empezar tal y como lo hacía la nueva era de Marvel, con un flashback.

… Efecto niebla…

En este caso, el viaje temporal no es ni a 1999 ni a ritmo de Blue (da ba dee), tal y como hacía la nueva aventura de Marvel. No, en este caso vamos a viajar a unos años después, a 2005, justo a un momento en el que nos parecía que el cine de superhéroes no podía ya ir a más después de tres exitazos como Batman Begins, X-Men 2 y Spider-Man 2. Qué inocentes que éramos…

Si viajamos mentalmente hasta aquel momento recordaremos que la carrera de Robert Downey Jr. estaba muy lejos de ser la de una superestrella. Títulos como Gothika (sí, salía ahí) o El detective cantante no eran lo más cotizado de la taquilla americana y solamente sus apariciones en Ally McBeal, por las que ganó el Globo de Oro, nos recordaban que ahí había un brillante actor, ahora perdido en escándalos de posesión de armas y drogas. Sí, la antigua estrella juvenil que más tarde había tenido grandes éxitos como Air America, Chaplin o Vidas Cruzadas parecía haberse apagado por completo. Dicho de otro modo, Robert Downey Jr. y sus problemas con la justicia empezaban a ser tóxicos para un Hollywood que no quería tener su nombre muy cerca.

Paralelamente y en esa misma época, otro nombre conocido de la industria no atravesaba su mejor momento. El guionista Shane Black, quien en su día fuera el escritor más cotizado de todo Hollywood, había caído en desgracia. Sus guiones ya no se vendían y parecía el producto de una época, la de los actioners y las buddy movies, que la Meca del cine se empeñaba en dejar a atrás después de descalabros como los de El Último Gran Héroe (precisamente, con guion reescrito por Black). Gracias al tesón de su mentor James L. Brooks y de su antiguo descubridor, Joel Silver, el guionista de Arma Letal levantaría momentáneamente la cabeza y tomaría la alternativa como director gracias a Kiss Kiss Bang Bang, una película estrenada en 2005 que le daría a Robert Downey Jr. uno de los mejores papeles de su carrera y uno de los pocos trabajos de calidad en una temporada que no fue la mejor de su filmografía.

En términos económicos, Kiss Kiss Bang Bang no sirvió para mucho y se convirtió en el clavo que faltaba en el ataúd de Black, destinado desde entonces a ser un juguete roto que aceptaba trabajos como “meter chistes” en guiones ajenos y que daba talleres de escritura en los que se lamía las heridas de haber sido, durante un periodo de tiempo, el guionista más importante (y millonario) del planeta.

Esa historia iba a parecer que terminaría ahí, como acaban muchas en Hollywood. Sin embargo, cuenta lo que viene después de este flashback que, mucho tiempo después, cuando Robert Downey Jr. ya estaba convertido en el icono imprescindible de Marvel Studios y necesitaba un estímulo para seguir dando vida a Tony Stark, se acordó de aquel tipo al que casi 10 años atrás no le había importado su mala fama con las drogas y el alcohol a la hora de ponerle de protagonista y darle los mejores diálogos de su vida. A raíz de eso, Downey Jr. propuso (otros dicen que exigió) que fuera Black, su viejo amigo, el que insuflara nueva vida al playboy marvelita, saltando de las charlas en universidades a lo más alto de los despachos de Marvel Studios. ¿El resultado? Casi 1.000 millones de euros de taquilla y una carrera, la de Shane Black, de nuevo hacia el estrellato

Iron Man 3 es un biopic

La tercera entrega de la saga de Stark rompía de alguna forma las franquicias establecidas dentro del Universo Marvel. La secuela ya no era (solamente) la continuación de la anterior, era la recuperación del personaje tras los eventos sucedidos en Los Vengadores, que no eran pocos.

Así, un Tony Stark en la cima de su fama tenía que sufrir las consecuencias de esta y superar lo sucedido en el efrentamiento con los Chitauri, tras el cual, solo con escuchar hablar de “Lo de Nueva York” ya se le provocaban ataques de ansiedad.

Con Robert Downey Jr., Shane Black y una cierta imagen de lo que debieron ser sus vidas en Hollywood durante los 90, basta para ver aquí que la intención de la película por parte de ambos era hablar de algo que conocían bien, de las consecuencias del éxito y de cómo recomponer tu vida mientras estás cayendo desde la cima. A partir de aquí, esa imagen de la armadura vacía, separada de Stark, y todos esos momentos con el millonario teniendo que prescindir del traje y sobrevivir a base de inventos sacados de Art Attack, no podían verse más que como esfuerzos por hacer ver que el héroe lo es sin necesidad de artificio y que lo importante es él en sí mismo, sin necesidad de identificarse con armaduras ni éxitos ni fracasos. Tal y como se repetía en la última línea de diálogo de la película, Tony Stark siempre será Iron Man (porque Iron Man es bastante más que una armadura).

De hecho, ¿No decía Iron Man en Spider-Man: Homecoming aquello de que si no eres nada sin el traje, entonces no lo mereces? Pues esa es una lección que aprendió aquí.

Más allá de los límites del género

Justo antes de Los Vengadores, Marvel se había despedido de las historias de orígenes adaptando un momento clave de su historia editorial: el instante en el que el Capitán América es descongelado, descubriendo que ya no está en la Segunda Guerra Mundial y que será por siempre un hombre fuera de su tiempo. Si esta versión superheroica de Rip van Winkle con la que se reinventó al personaje creado en 1941 por Joe Simon y Jack Kirby funciona tan bien es porque dotaba a un héroe moderno de un conflicto bueno, poderoso y sencillo de comprender, algo que no siempre sucede.

Si algo hemos entendido a la hora de adaptar decenas de historias de superhéroes, con sus conflictos internos (los que los tienen), es que no todos funcionan bien a la hora de extraerlos del papel. Mejor dicho, no todos funcionan cuando intentamos olvidarnos del contexto pulp en que fueron creados. Así, no hay ninguna razón psicológica que haga -hola, Christopher Nolan– que un tipo, traumatizado por la muerte de sus padres y que encontró refugio en una cueva llena de murciélagos, enfrente ahora sus propios demonios vestido de murciélago. Eso, entendiendo bien lo que simbolizan las viñetas en la cultura popular, es una historia de origen perfecta, maravillosa y con el potencial de convertir a Batman en uno de los grandes héroes de la mitología actual. Sin embargo, cuando uno lo pretende psicologizar y tomarse ese conflicto con una seriedad más propia de un discurso de Bergman que de un personaje que va vestido de cuero negro, lo que sucede es que el héroe se resiente.

Algo de eso sabía Black –más listo que nadie en estas lides y alguien que ha hecho muchas de sus mejores líneas de diálogo gracias a referencias pulp- al hacer que todo este trasfondo trágico de la caída de Tony Stark se contara sin abandonar el humor , puesto que desde ahí sería la mejor forma de aceptar algo que ni siquiera la película se toma en serio: que los ataques de ansiedad del protagonista son la consecuencia de haber atravesado un Puente de Einstein-Rosen.

Es un cómic de autor

Decíamos que la película había optado por el humor para contar la tragedia de la caída de Stark. Desde luego, pero es que el humor es inseparable de un autor que incluso puso de moda la socarronería a la hora de redactar las columnas de acción de los guiones.

Así, todo en la película es un catálogo de las obsesiones cinéfilas de Black, desde hacer que transcurra en Navidad a la buddy movie interrarcial que se marcan Stark y Rhodes al final, pasando por elementos como las escenas de acción en lugares clave de Los Ángeles, el personaje del niño o el chiste con el parecido entre el tatuaje de Tony Stark y el Che Guevara.

Mención aparte para una banda sonora en la que entran Eiffel 65, Lou Bega y Joe Williams y que por primera vez en la saga deja fuera a AC/DC. Si esto no es una decisión de autor, que venga André Bazin a verlo.

Supo ver la América de Trump

Habrá un momento no muy lejano en el que cualquier producción audiovisual de nuestra época que esté entre el blockbuster y el anuncio de chicles sea interpretada como una alegoría de los extraños tiempos políticos en que nos movemos.

Pero aún a riesgo de caer en ese atrevimiento, al jugar una de sus cartas menos agradecidas por los fans, la de hacer que el Mandarín sea un actor interpretando un papel, Iron Man 3 hablaba de un futuro no tan lejano en el que el mundo, además de estar aterrorizado por un magnate (algo tan antiguo como una trama de James Bond), lo estaba por un actor encerrado en su propio reality show.

Esto es un guion

Es más que posible que Iron Man 3 no sea el mejor guion de todo este conglomerado que llamamos MCU, o quizá simplemente lo que sucede es que no es el que tiene la idea más interesante detrás. En cualquier caso, todavía es una gozada ver hoy la película y descubrir que quien está al mando es un superdotado de la narración.

Hay un momento concreto de la película, casi al final, en el que Iron Man salta desde el Air Force One y rescata a todos y cada uno de los funcionarios que están cayendo. Cuando lo consigue, el personaje se gira y ¡BAAM! La armadura salta en mil pedazos tras chocar con un camión. Mientras el casco gira sobre el asfalto, descubrimos que al bueno de Tony no le ha pasado nada, puesto que la estaba controlando de forma remota.

A esas alturas de La historia, es la tercera o cuarta vez que Iron Man 3 ha jugado con la idea de que la armadura está vacía, pero da igual, nos sorprende por muy esperable que pudiera ser. Y es que en eso consiste un buen golpe de guion, en hacer inesperable la posibilidad que estaba encima de la mesa desde el primer momento. Y en eso consiste ser un guionista triple A como Shane Black, ya que donde otro hubiese necesitado hacer explotar una ciudad para transmitir emoción, a él le bastaba con un camión circulando por la carretera.

Queremos más I.M.A.

La película presentaba un clásico de los cómics, Ideas Mecánicas Avanzadas, una organización criminal que apareció en 1966 para hacérselas pasar canutas a Nick Furia y SHIELD, que acababan de cantar victoria tras derrotar (?) a Hydra.

Desde entonces, I.M.A. ha sido uno de los enemigos clásicos del Universo Marvel y su inclusión en el Universo cinematográfico eran tan esperable como deseable (máxime si tenemos en cuenta que en numerosas ocasiones, I.M.A. ha sido un brazo más de Hydra). Pero la aparición aquí nos supo bastante a poco y de hecho, toda su trama y toda la perolata de extremis es casi lo más aburrido (e incomprensible) de la película.

La misteriosa conexión con Vengadores 4

En uno de esos clásicos elementos del cine de Black, aparecía un niño que jugaba un importante papel en la recuperación de la moral de Iron Man.

Hasta ahí nada que mereciera su propio epígrafe ¿no?. Sin embargo, antes de Navidad llegaba la sorpresa, Ty Simpkins, el actor que daba vida al pequeño inventor, volvería a aparecer en la cuarta entrega de Los Vengadores y lo que es más importante, repitiendo el papel.

A partir de aquí, las apuestas se abren para saber qué futuro tiene en el Universo Marvel lo que hasta ahora parecía una mera anécdota ¿Estamos ante el futuro portador de la armadura?

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