[Repaso Marvel] ‘Capitán América: El soldado de invierno’: El mejor MCU es un thriller de espías

Con los hermanos Russo llegó el brazo biónico de Bucky, la Marvel de las corruptelas y la mejor versión de Steve Rogers.

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11 de abril de 2018

El repaso Marvel de CINEMANÍA llega a abril de 2014, cuando dos hermanos curtidos en la comedia más absurda, como las series Arrested Development y Community o el filme Tú, yo y ahora… Dupree, aterrizaron en el MCU para ponerse al frente de la secuela de la saga que más en serio se tomaba a sí misma en el lucrativo universo concebido por Kevin Feige. Y, de paso, acabar con la lacra de la tan contagiosa “secuelitis” (Iron Man 2, Thor: El mundo oscuro, la próxima Vengadores: La era de Ultrón…), de la que ni siquiera la todopoderosa Casa de las Ideas se libraba. 

La excepción que confirmaría la regla es, en mi humilde opinión, la mejor película del universo marvelita en gran pantalla, un thriller de espías sin necesidad de mucha malla o efecto especial para encumbrar al mejor Steve Rogers al Olimpo de los héroes cinematográficos. Capitán América: El soldado de invierno es la vuelta de tuerca definitiva al género, así como al personaje interpretado por Chris Evans.

Brecha generacional

¿Qué es lo primero que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en El soldado de invierno? Casi sin tiempo a que lo procesemos, la LISTA de cosas pendientes o “deberes” en la que Steve Rogers suma la banda sonora de la película Trouble Man. 

Ese simple cuaderno que el protagonista saca de su bolsillo en los primeros minutos de metraje es toda una declaración de intenciones de lo que se viene: primero, la cómica ingenuidad de Rogers; segundo, que, como en el filme de Ivan Dixon, descubrir que trabajas para el enemigo desmoraliza hasta al más íntegro de los héroes; y tercero, que Capitán América es, aunque cueste creerlo al mirarlo, un anciano que se siente perdido entre referencias culturales en un mundo multipantalla. Como cuando intentas explicar a tu abuelo qué es eso de Netflix, aunque con la dificultad añadida de que este “abuelo” ha estado congelado siete décadas.

Esta no es la historia de orígenes de El primer vengador, ni la de la batalla por las Gemas del Infinito de Los Vengadores, sino la de un inadaptado que intenta encajar en un mundo en el que todo se busca en Internet, pero que huye a una exposición sobre su vida en el instituto Smithsonian, a sus recuerdos del pasado y a esa Peggy Carter aquejada de Alzheimer para dar algo de sentido a su vida. 

 

Un héroe con sudadera

El primer vengador está muy bien, con sus discursos patrióticos, los números musicales y Rogers levantando motocicletas. Pero en el fondo se trata, dicho mal y pronto, de otra película bélica en la que el salvador americano de siempre, aunque esta vez con superpoderes, nos rescata de los nazis. Será que soy europea y eso de alentar a las tropas me resulta un mero entretenimiento visual, sin mayor apego emocional.  

Sin embargo, no hay quien se resista al héroe en plena crisis de valores. Esta película (que debería llamarse Steve Rogers: El soldado de invierno), marca el comienzo del final del Capitán América que sirve a las fuerzas de su país. Ahora nos llevamos las manos a la cabeza porque haya abandonado el escudo en una fortaleza perdida de Siberia en Capitán América: Civil War, pero la destrucción moral del héroe comenzó aquí, entre tramas de corrupción y conspiraciones gubernamentales en las cloacas de SHIELD. Si desconfió de Nick Furia o Viuda Negra, ¿cómo iba a fiarse de los Acuerdos de Sokovia? Y si ya fue prófugo de la agencia de espionaje marvelita, ¿por qué no serlo a nivel mundial en Vengadores: Infinity War?

Otro aspecto que aleja al filme del blockbuster superheroico clásico es que Chris Evans apenas se pone el uniforme de barras y estrellas; solo al principio, antes de que sea atacado en SHIELD, y para la batalla final contra HYDRA. Una muestra más de la crisis de identidad en la que sumen los Russo al atormentado ‘Capi’. Y a nosotros con él. 

 

Baile de acrobacias

El soldado de invierno es un ir y venir de batallas cuerpo a cuerpo, coreografiadas con precisión quirúrgica, ataques en buques sacados de una película de James Bond, persecuciones en coche y ese bendito escudo de vibranium que lo mismo sirve para romper una cerradura que para cargarte los motores de un avión.

Si bien la escena de acción en Chevrolet de Nick Furia se sitúa entre las mejores del MCU, hay otra que se lleva la palma en esta secuela. ¿La escena final con explosiones aéreas? No, esto no es Los Vengadores. Aquí una persecución en coche (y después a pata) de Rogers y sus aliados, con una impresionante lucha final entre Steve y (¡sorpresa!) Bucky, vale más que cualquier ser de otro planeta rompiendo a diestro y siniestro la isla de Manhattan:

 

Fotografía de cristal

El paso de los Russo por el MCU no puede entenderse sin el director de fotografía Trent Opaloch, aliado fundamental de los hermanos en sus películas superheroicas, y que cambió los tonos retro pastel de El primer vengador por los azules y grises de El soldado de invierno. Todo ello para impregnar de frío una fotografía preciosista, frágil, fortalecida por el uso constante de cristales y espejos en pantalla.

Washington DC es una fortaleza de vidrio. También lo es Triskelion, sede de SHIELD, con paredes, ascensores y hasta helitransportes de cristal. Hasta Sam Wilson, alias Halcón, tiene la puerta de casa de cristal. Los protagonistas ven el mundo a través de una pantalla: el espejo por el que Rogers observa a Natasha en casa de Wilson, el cristal que separa a ambos de un moribundo Nick Fury en el hospital, la ventana que atraviesa Halcón en la batalla final, el ascensor que rompe el ‘Capi’ al huir de SHIELD o la cristalera por la que vemos a Alexander Pierce (Robert Redford) acabar con su asistenta doméstica. Un universo tan frágil como las convicciones con las que ha vivido Rogers hasta ahora. 

 

Hija de la era WikiLeaks

“La humanidad da voluntariamente su libertad por miedo”. Como el doctor Zola (Toby Jones) asegura, si quitas la libertad a la fuerza al ser humano, este se rebela. Sin embargo, la regala con gusto si piensa que así vivirá en un mundo más seguro. 

Ese uso constante de cristales en la película es la metáfora definitiva de una sociedad que vive tras una pantalla. Era multipantalla, siglo XXI, tecnoparanoia, crisis post-WikiLeaks, avance tecnológico o estupidez humana 2.0. Llamémoslo como queramos. Esa es la verdadera gran villana de este thriller, oculto tras el nombre de Proyecto Insight, que busca prevenir amenazas antes de que hayan pasado. 

Tal y como se afirma en el filme, “el siglo XXI es un libro digital”, con correos, extractos bancarios, notas, llamadas… que dan más información sobre nosotros que nosotros mismos. Esta película analiza no solo la corrupción política, sino también la corrupción humana. Precisamente es a través de los inocentes ojos de ese outsider llegado de otro tiempo, Capitán América, como vemos que estamos cavando nuestro propio hoyo.

 

En Apple se hackea mejor

Steve Jobs (una de las asignaturas pendientes del ‘Capi’ en su lista) ha montado un imperio de la tecnología, y solo por la siguiente escena, ha merecido la pena. Capitán América, con gorra, bambas y pinta de Clark Kent, todo hay que decirlo (¿cuándo se darán cuenta los superhéroes que unas gafas de pasta no ocultan la identidad de nadie?), huye de la trampa que le tienden en SHIELD, en busca del pen drive que le dio Nick Furia antes de morir, y que muy sigilosamente ha escondido en una máquina expendedora.

Sin embargo, cuando llega al hospital para recuperar la pertenencia, se topa con Viuda Negra. Es entonces cuando ambos se acercan a la tienda de Apple más cercana (esa en la que todos hemos entrado en algún viaje al extranjero para conectarnos a Internet). Allí, rodeado de portátiles y manzanas, totalmente fuera de lugar, Rogers protagoniza un gag tan sencillo como desternillante. Uno de los trabajadores se le acerca, él cree haber sido descubierto, pero en realidad le dice que tienen sus mismas gafas. Viuda Negra afirma entonces que son prácticamente gemelos, a lo que el dependiente greñudo añade: “Ya me gustaría. Vaya espécimen”. Si tiene que haber product placements en las películas, que sean así, sencillos y efectivos.

 

Primer beso desde 1945

El soldado de invierno es lo más cerca que hemos estado de ver la película en solitario de Viuda Negra. Tras su desaprovechada presentación en Iron Man 2 y su llegada al universo compartido con Los Vengadores, la espía rusa por fin saca a relucir todo su potencias como aliada de Steve Rogers. Aunque igual de cañera que en los cómics, la mordaz Viuda Negra regresa más humana que nunca.

Aquí es simplemente Natasha (curiosamente, mientras que en El soldado de invierno y Civil War Steve se dirige a su amiga como Natasha, en La era de Ultrón, estrenada entre ambos filmes, vuelve a ser Romanoff, apelativo más impersonal): esa que se derrumba ante la muerte de su mentor, Nick Furia, que sufre más que nadie la traición de la organización para la que trabajaba, y que trata de buscar novia a Rogers entre pelea y pelea. 

Tan fuerte y letal como vulnerable y divertida, el personaje de Scarlett Johansson se gana a pulso una película en solitario, aunque solo sea por el beso que planta en la boca a Rogers en las escaleras mecánicas de un centro comercial para escabullirse de la policía, o la conversación que comparte con él en un coche camino a Nueva Jersey.

Es imposible no fantasear sobre una Buddy Movie de este par, con Viuda Negra formulando en voz alta esas cuestiones que todos nos preguntamos: “¿Este ha sido tu primer beso desde 1945?”. Podrían haber seguido en ese coche haciéndose preguntas indiscretas, que los hubiéramos acompañado. Así que, además de reconocer a El soldado de invierno como la mejor película de Natasha, reivindicamos a esta pareja cómica, que antes de Thor y Hulk (Thor: Ragnarok) ya demostraron que en compañía se trabaja mejor.

 

“Estoy contigo hasta el final”

“Una historia de fantasmas”. Así describe Viuda Negra su experiencia con el soldado de invierno, un arma de destrucción masiva con melena, brazo biónico y una especie de bozal que termina siendo Bucky Barnes. Aquí, el reencuentro entre Barnes y el ‘Capi’ se convierte en la historia de amor definitiva de la Casa de las Ideas. Y no nos referimos a los fans que se empeñan en unir a Rogers y Bucky sentimentalmente, sino a la historia de amistad entre estos dos ancianos encerrados en un tiempo que les es ajeno.

Como decíamos, Capitán América está más solo que la una en esta película, aunque su nueva vecina, una tal Sharon Carter (Emily VanCamp), y Sam Wilson (Anthony Mackie) lo mantengan ocupado. Por eso, cuando su amigo de la infancia reconvertido en un soldado letal se deja ver tras una cabellera morena que ya la quisiera Thor, el tiempo se para, literalmente.

El soldado de invierno es una historia sobre amistad. La de Steve Rogers con Viuda Negra, que pasa de la desconfianza a la fe ciega. También la de Rogers con Halcón, camaradería entre veteranos (¿quién iba a pensar que los Russo conseguirían que nos importara tanto un superhéroe vestido de pájaro?). Es la relación casi paternal del mejor Nick Furia de Marvel con Viuda Negra. Pero, sobre todo, este filme es la historia de la hermandad entre Rogers y Bucky, lo único que le queda de aquel Steve Rogers que soñaba con alistarse a la II Guerra Mundial.  

 

Y hablando de Bucky… 

No solo de cameos de Stan Lee vive el universo marvelita. ¿Recuerdas al científico que se dedica a reprogramar al pobre Bucky Barnes? Pues es nada menos que Ed Brubaker, escritor que trazó las andanzas del Capitán América durante la friolera de ocho años (entre 2004 y 2012) y entre cuyas creaciones figura, precisamente, el soldado de invierno.

No fueron pocos los marvelómanos que se le echaron encima cuando se propuso resucitar al mejor amigo de Rogers. Afortunadamente, Brubaker hizo lo que le dio la reverenda gana y, diez años después, el cine demostró lo que los cómics ya dejaron entrever: que Steve Rogers luce mejor acompañado de Bucky Barnes.

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