[Repaso Marvel] ‘Guardianes de la galaxia Vol. 2’ triunfa riéndose del fandom

¿Fue buena idea que James Gunn se tomara a broma la secuela de su propio disparate?

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21 de abril de 2018

¿Qué es peor que un chiste malo? Un buen chiste que se alarga. En Guardianes de la galaxiaJames Gunn había demostrado que el Universo Marvel es más versátil de lo que parece, y que en él cabía una película en la que la ciencia-ficción y la comedia iban por el espacio interestelar cogidas de la mano. Sin embargo, y por mucho que los fans la esperasen como agua de mayo, Guardianes de la galaxia Vol. 2 despertaba objeciones comprensibles en más de un aficionado: ¿de verdad apetecía otra ración de música petarda, Chris Pratt haciendo el ganso y Dave Bautista malinterpretando metáforas? ¿Valdría Baby Groot para algo más que para ser un chiste en una escena post créditos?

Pues bien: ahora que nuestro Repaso Marvel llega a la segunda aventura de Star Lord y compañía, podemos decir que esta secuela es incluso mejor que su antecesora. No porque carezca de defectos (Guardianes de la galaxia también tenía unos cuantos, ya que estamos), sino porque ofrece un reparto más compensado y arcos más satisfactorios para los personajes. Justo lo que necesitábamos tras el relativo bajón de Doctor Strange, y un buen aperitivo antes del desenfreno teen de Spider-Man: Homecoming. 

Pero hay algo que nos interesa todavía más: Guardianes Vol. 2 no es sólo una comedia muy apañada, sino también una cinta cuyo humor está muchas veces basado en tocarle las narices al fandom. Si reírse de uno mismo es una virtud, entonces los ‘marvel zombies’ que aceptaron la broma pueden sentirse muy satisfechos. Veamos por qué…

Jugando con las expectativas

Cuando una saga lleva ya dos películas, podemos decir que ha creado sus propias tradiciones y rituales. Y en el caso que nos ocupa podemos decir esto: toda película de Guardianes de la galaxia tiene que empezar con un baile. Hasta que James Gunn se harte, claro. En esta secuela, además, el caso reviste un encanto especial, porque ese bailecito de Baby Groot no es sólo una forma de mantener la continuidad con su precursora, sino que en su momento fue una manera de dejar al público con un palmo de narices.

“En su momento”, decimos, porque la promoción del filme dio mucho la tabarra con el combate entre los Guardianes y ese monstruo politentaculado. Y, cuando por fin llega el momento de verla… resulta que al director le interesa más mostrarnos al pequeño vegetal CGI meneándose a los sones del Mr. Blue Sky de la Electric Light Orchestra. Así, una escena que habría figurado como clímax épico en cualquier producción Marvel ‘normal’ queda aquí relegada a mero telón de fondo.

Lo único que puede reprochársele a Gunn es que no llevara su premisa hasta el final haciendo que el bicho estallase en segundo término. Pero la canción no es tan larga y uno nunca se cansa de ver a Drax mostrando su cortedad de luces, así que se lo perdonamos. Además, el director repite la jugarreta en el tramo final de la película, escamoteando buena parte de la lucha contra Ego (Kurt Russell) en favor de las cuitas de Baby Groot (otra vez) y su bomba. La consigna del director parece ser “nunca entregues una rutinaria escena de tiros y explosiones si puedes entregar un buen chiste”. Cosa que nos parece estupenda… aunque a veces se pase de frenada.

Un caramelo para los ojos

A las películas de Marvel se las suele acusar de poco lucidas visualmente, algo que suele ser cierto (salvo cuando los hermanos Russo Trent Opaloch andan en juego: a sus películas sí les pega tanto gris). Así pues, las dos entregas de Guardianes de la galaxia quedan como una excepción a ese problema con sus colores flúor y su brilli brilli. Para colmo, y aunque está opinión será discutida, el que suscribe lo tiene claro: esta Vol. 2 es la película Marvel más bonita. En general.

Será por cosa del director de fotografía Henry Braham (un señor de currículum no muy lucido, la verdad) o, más probablemente, del departamento de CGI y los diseñadores Scott Chamblin (Star Trek: En la oscuridad) Jay Hart (El club de la lucha). La cuestión es que los decorados, los paisajes y la iluminación de esta cinta son todo un homenaje a los cómics de la Marvel de los 70, y también a ilustradores clásicos de ci-fi como Peter Elson, Steve R. Dodd Jim Burns, con sus colores de aerógrafo y su regodeo en los detalles. Justo lo que hace falta para una película tontorrona y autoparódica, pero emocional en el fondo.

Ego: ¿el ‘marvel zombie’ definitivo?

En Guardianes de la galaxia, James Gunn cometió pocos pecados, pero uno de ellos fue especialmente grave: convertir a Ronan el Acusador (Lee Pace), uno de los villanos más carismáticos de Marvel en cómic, en un rutinario villano de Marvel en cine (es decir, que le quitó toda la gracia). Aquí, el director rectificó su error a lo grande: eligiendo a Kurt Russell para dar vida a Ego, el planeta viviente, el director no sólo le dio un giro muy interesante a un maloso de los cómics (que, para colmo, debutó como enemigo de Thor), sino que también convirtió al personaje en una crítica muy fina al mundo friki. Es más: podríamos decir que Ego es una caricatura despiadada de muchos fans de Marvel.

Pensemos en esto: Ego es un señor madurito cuyo mayor pánico es envejecer. Su casa es un santuario de recuerdos, su amor por sí mismo y por su colección de fetiches (que no son cómics, pero podrían) va mas allá de todo límite… y quiere que todo el universo sea como él, aunque eso suponga perpetrar un genocidio cósmico y, de rebote, matar a su propio hijo. Para colmo, cuando el amor interfiere en sus planes, prefiere eliminar a su objeto de deseo (Meredith, la madre de Peter Quill) de una forma especialmente horrible antes que asumir que la quiere y madurar de una vez. Dale poderes cósmicos (y una pinta más atractiva) al Comic Book Guy de Los Simpsons y tendrás algo muy similar.

Padres, hijos, hermanas

“Todos mis personajes son huérfanos en busca de una familia: sienten la necesidad de estar juntos, pero eso no siempre les gusta”, explicaba James Gunn al presentar esta película. Un tema que ya estaba presente en la primera entrega de Guardianes de la galaxia, pero que llega al paroxismo en esta película.

Para empezar, tenemos que fijarnos en la tríada entre Star Lord, Ego y el fenomenal Yondu de Michael Rooker: el hijo inmaduro y desastroso, el progenitor aparentemente enrollado que resulta ser un maldito bastardo irresponsable… y el padre sustituto que acaba cumpliendo con su rol hasta las últimas consecuencias. Y que, además, es Mary Poppins. No sabemos vosotros, pero hasta los más acérrimos detractores de este filme confiesan que el réquiem final por el pirata de la cresta y las flechas les puso un nudo en la garganta. Cómo llevarles la contraria…

Pero, como de esta relación ya se ha hablado mucho, a nosotros nos gustaría hablar un rato sobre el conflicto entre Gamora Nébula, y su resolución. No sólo porque empiece con el momento más contemplativo de la cinta, o porque evolucione sin problemas desde la acción sin barreras a un momento de llorar mucho (ese “Tú querías ganar, yo quería una hermana” de Karen Gillan pone los pelos de punta). Tampoco se debe únicamente a la forma en la que nos dejan caer el pedazo de monstruo que es Thanos, invocando de nuevo el tema de la paternidad abusiva.

En realidad, lo decimos porque una buena pelea familiar siempre mejora con artillería pesada.

Y el musicón, claro

Acerca del uso de las canciones pop en Guardianes de la galaxia se ha hablado mucho (qué le vamos a hacer, si sus playlists se prestan tan bien a los análisis detallados). Asimismo, debemos reconocer que están a punto de convertirse en cliché (esperemos que, en la próxima película, Gunn se permita llegar hasta mediados de los 80, por lo menos). Y lo de reemplazar el viejo walkman de Peter Quill por un reproductor digital no sólo es un product placement descarado y feísimo, sino también una horterada tan grande como los amplis de Spinal Tap. 

Pero, contando con todo esto, admitamos que el talento de Gunn para combinar canciones con imágenes sigue siendo de altura. Es más: hay temas, como la inicial Brandy (You’re A Fine Girl) de Looking Glass, en los que apenas repararíamos fuera del contexto de la película, pero que aquí funcionan estupendamente. Y en cuanto a los hits más esplendorosos, como The Chain de Fleetwood Mac… en fin, dejémoslo en que esa canción sobre la lealtad debida a alguien a quien quieres (pero no soportas) suena en uno de los momentos álgidos del filme, y le hace plena justicia.

Pero a quién queremos engañar: cuando pensamos en Guardianes de la galaxia Vol. 2, la primera canción que nos viene a la mente es esta de aquí abajo.

“¡Adam!”

Cinco escenas postcréditos. Cinco, nada menos. La aglomeración de epílogos en Guardianes de la galaxia Vol. 2 no se puede justificar, salvo porque James Gunn quisiera cachondearse de esa costumbre de Marvel. Y, mas allá de que lo consiguiera o no, podemos reconocerle un momento de inspiración mostrándonos esa bronca de Star Lord al Groot adolescente. Algo que incide en la paternidad y sus obligaciones como el tema principal del filme, y que además sirve para echarse unas risas.

Pero no nos engañemos: lo que de verdad nos puso los dientes largos a los ‘marvel zombies’ de toda la vida fue saber que Gunn tendrá los redaños para llevar a Adam Warlock a la gran pantalla. Una tarea que puede salir muy mal, porque el antihéroe cósmico ha sido siempre uno de los personajes más desquiciados de Marvel… pero que, en el mejor de los casos, nos permitirá disfrutar de un triángulo amoroso entre Peter Quill, Gamora y este ser de cuestionable moralidad, además de otros interesantes giros de la situacion (¿andará el Magus de por medio?). Por desgracia, Gunn no garantiza que Adam haya salido del cascarón a la altura de Guardianes de la galaxia Vol. 3…

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