Rebecca Schaeffer: el escalofriante asesinato de la actriz que pudo ser ‘Pretty Woman’

La joven actriz que precedía a Julia Robert en la lista de candidatas para el papel murió tiroteada en el asesinato que cambió la legislación para proteger de acoso a los famosos.

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09 de julio de 2019

En 1989, Rebecca Schaeffer —una actriz de 21 años cuya carrera estaba despegando— le abrió la puerta de su apartamento del barrio de West Hollywood (Los Ángeles) a un supuesto repartidor de flores. Instantes después, el hombre le disparó en el pecho a bocajarro y la mató.

El autor de ese disparo, Robert Bardo, tenía entonces 19 años y era antiguo empleado de un restaurante de comida rápida. Llevaba tiempo obsesionado con la actriz, aunque ya había hecho sus pinitos en eso del acoso cuando apenas tenía 13 años. En esa ocasión, viajó en autobús hasta Maine para buscar a Samantha Smith, la niña que se hizo famosa por enviarle una carta al líder soviético Mijail Gorbachov pidiendo la paz mundial. Esa primera vez, por suerte, las autoridades dieron con él y le devolvieron rápidamente a su casa. Pero la cosa fue bien distinta para el obstinado muchacho la segunda vez que intentó algo similar.

Todo empezó en 1986, cuando Bardo se enganchó a Mi hermana Sam, la serie de televisión en la que aparecía Schaeffer. “Ella llegó a mi vida en el momento adecuado. Era brillante, bonita, extravagante, su inocencia me impresionó. Se convirtió en una diosa para mí, un ídolo. Desde entonces, me convertí en ateo y solo la adoraba a ella”, contó en su día.

La idolatraba tanto que montó en su dormitorio un santuario dedicado a la actriz y decidió enviarle a su lugar de trabajo una carta de admirador aparentemente inocente. El asistente de la joven le respondió con una foto autografiada de la actriz, y Bardo pensó que aquello era una prueba de amor correspondido. Pero, al cabo de un tiempo, aquello no le pareció suficiente y decidió pagarle 250 dólares a un detective privado para obtener la dirección de la casa de la intérprete.

Bardo le envió a su ídolo decenas de cartas y llegó a presentarse un día en el lugar donde Schaeffer rodaba su serie, con un oso de peluche y un ramo de rosas. Como cabía esperar, el guardia de seguridad no le dejó pasar; pero eso no impidió que volviera a intentarlo (también sin éxito) al cabo de un mes, esta vez cuchillo en mano. Cabreado como una mona, volvió a casa con el rabo entre las piernas y se prometió a sí mismo que no se daría por vencido. “Yo no pierdo. ¡Y punto!”, llegó a escribir en su diario.

En esas estaba el trastornado sujeto cuando vio a su idolatrada actriz en una escena de cama en Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills (1990), algo que le hizo sentirse profundamente decepcionado. Consideraba que Schaeffer “había perdido su inocencia” y que se había convertido en “una zorra más de Hollywood”. Pensó que la joven debía recibir un castigo por su inmoralidad. Así pues, dibujó un diagrama de su cuerpo y marcó los lugares en los que le iba a disparar. Después, le pidió a su hermano mayor que le comprase una pistola.

Según varios testigos, el fatídico 18 de julio de 1989 Bardo se presentó muy temprano en el barrio de la actriz, ataviado con una camiseta amarilla y una voluminosa carpeta. Pasó varias horas merodeando por la zona y preguntándole a la gente que pasaba por allí si conocían o habían visto por el lugar a la chica que aparecía en la foto que les mostraba. Viendo que nadie respondía a su pregunta, optó por llamar a la casa de Schaeffer, que al tener el telefonillo de casa averiado salió personalmente a abrir la puerta.

Bardo le dijo que era un gran admirador suyo y le recriminó su aparición en la mencionada escena. Ella le pidió que se fuera y no volviera. El tipo se fue entonces a una cafetería cercana, desayunó y regresó una hora más tarde a casa de la actriz —que esta vez le pidió que no le hiciera “perder más el tiempo” —. Él, que sintió herido su orgullo, sacó entonces el revólver que portaba en una mochila y descerrajó un tiro mortal. Después de dispararle, huyó corriendo.

Un vecino que escuchó el disparo se presentó rápidamente en el hall del edificio, donde yacía el cuerpo de la moribunda muchacha. Media hora después, Schaeffer fue declarada muerta en el centro médico Cedars-Sinai, y su cuerpo fue enviado de regreso a su ciudad natal.

Un día después, varias personas alertaron a la policía de Tucson (Arizona) de la presencia de un tipo muy extraño que estaba interrumpiendo el tráfico en una intersección bastante concurrida. Al llegar al lugar, los agentes se encontraron con Bardo. Un amigo suyo le había contado a la policía de Los Ángeles que Bardo estaba obsesionado con Schaeffer y que le había llegado a confesar su intención de hacerle daño. Los agentes de Tucson enviaron un fax con su foto a la policía de Los Ángeles, y estos cotejaron con los vecinos de la actriz que el chico de la imagen coincidía con el hombre del que venían sospechando.

Bardo fue detenido y acusado de asesinato en primer grado en 1991 —su abogado defensor alegó que el joven tenía una condición mental inestable debido a que sufrió abuso infantil, pero no pudo librarle de entrar en prisión—. En octubre de ese año, le acabaron condenando a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Y, fuese cosa del karma o no, el criminal acabó probando de su propia medicina cuando un compañero de la prisión de California en la que fue encerrado estuvo a punto de matarlo después de apuñalarle.

Schaeffer, en cambio, nunca tuvo una segunda oportunidad. La hermosa actriz se había marchado de casa de sus padres a los 16 años, con la intención de abrirse camino en el mundo de la moda. Después de rodar varios anuncios publicitarios a nivel local y participar en una película para televisión, decidió marcharse a Nueva York para seguir abriéndose hueco en el mundo de la farándula. No tardó en empezar a encadenar un proyecto con otro: logró un papel en la telenovela de la ABC One Life to Live, fue portada de la revista Seventeen e, incluso, llegó a ponerse a las órdenes de Woody Allen en su comedia Días de radio (1987).

Al cabo de unos meses y viendo que la cosa prometía, decidió instalarse en California, donde logró su primera gran oportunidad al ser contratada para coprotagonizar junto a Pam Dawber Mi hermana Sam (1986) —emitida por la CBS y cancelada después de dos temporadas por su bajo índice de audiencia—. Su carrera era tan ascendente que le ofrecieron el papel de Vivian Ward —antes que a Julia Roberts— en la célebre Pretty Woman, y el día que murió tenía una cita con Francis Ford Coppola, interesado en que la carismática actriz se presentara al casting de El padrino III. 

El crimen de Schaeffer conmocionó a Hollywood pero, además, sirvió para que se produjera un importante cambio en la legislación —con el objetivo de proteger a las celebridades del acoso de sus fans—. Por un lado, la policía de Los Ángeles puso en marcha en 1989 el primer equipo del país especializado en investigaciones sobre acoso y amenazas. Luego, en 1994, California aprobó también una ley de protección de privacidad para el conductor, que impide que el Departamento de Vehículos Motorizados facilite direcciones privadas a cualquiera que así lo solicite —como ocurría hasta entonces—. Al final, el resto de estados del país —y también Canadá— aprobaron sus propias leyes antiacoso. Todo un detalle teniendo en cuenta que las estrellas de la meca del cine siempre han sido un imán para el stalking. Y que la densidad de fanáticos tarados por metro cuadrado es notable por aquellos lares.

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