“¡Soltad al Kraken!”: las mejores criaturas de Ray Harryhausen

De la Grecia clásica a Manhattan, pasando por la prehistoria y el exótico Oriente: el artista del 'stop motion' llenó el tiempo y el espacio con sus alucinantes creaciones.

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22 de julio de 2020

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  • Hace 100 años, el maestro Ray Harryhausen nació en Los Ángeles, para así hacer del cine un lugar más mágico. Y en CINEMANÍA solo podemos celebrar esta efeméride dedicando un reportaje a las mejores criaturas diseñadas y animadas por este rey de la stop motion.

    Orgullosamente primitivos en estos días de píxeles y CGI, los bichos con el sello Harryhausen fueron el resultado de unos procesos muy laboriosos, que podían prolongarse durante meses y en los que participaba toda la familia del artista (su padre, sin ir más lejos, creaba los esqueletos de los modelos, y su madre era la que los vestía). Gracias a estas criaturas, los más puretas de nuestra redacción disfrutaron de muchas inolvidables tardes de sábado frente a la tele. Y nosotros, nostálgicos que somos, no las cambiaríamos por sus descendientes digitales por nada del mundo.

    El kraken de Furia de titanes (1981)

    Ni efectos digitales, ni Sam Worthington, ni gaitas. No, Liam Neeson tampoco nos vale: para los harryhausenianos de pro, Furia de Titanes sólo hay una, y este es su momento cumbre. Sólo con ver a ese Perseo (Harry Hamlin) lanzándose al rescate de Judi Bowker a lomos de un caballo alado, y a ese monstruo marino que se lanza de las profundidades fotograma a fotograma, disculpamos que el Olimpo donde Laurence Olivier gritaba aquello de “¡Suelta al Kraken!” se pareciese a la discoteca de Xanadú, o que el guión de la película estuviese hecho de retales (no muy bien cosidos) de la mitología clásica.

    Los esqueletos de Jasón y los argonautas (1963)

    Ante la atónita mirada del mazas Todd Armstrong, las profundidades de la tierra revelan sus secretos, en forma de un ejército de no-muertos muy vivarachos, con mucha mala leche y dispuestos a hacer picadillo de héroe. Robar vellocinos de oro tiene estas cosas, ya se sabe. Si esta escena tan chula, cuya producción le llevó cuatro meses al artista, te recuerda a uno de los momentos cumbres de El ejército de las tinieblas, no te preocupes: Sam Raimi es un fan confeso de Harryhausen, y su labor en dicho filme se limitó a añadir unos cuantos chistes malos…

    La diosa Kali de El viaje fantástico de Simbad (1973)

    Enamorado de todo tipo de mitos, Harryhausen trabajó en tres filmes protagonizados por el marino más intrépido de Las mil y una noches. El cual, encarnado aquí por John Philip Law, se ve impelido a protagonizar una de las mejores escenas de esgrima del cine de aventuras: mientras que nuestro héroe con turbante tiene una espada, este psicodélico ídolo de bronce animado por el perverso mago Koura (Tom Baker, Doctor Who) lleva en ristre nada menos que seis sables, uno por cada brazo.

    El tiranosaurio de Hace un millón de años (1966)

    Está claro: cada vez que el talento de Harryhausen colisionaba con el del director Don Chaffey, saltaba la magia. Para probarlo os presentamos este filme, pionero del género de aventuras prehistóricas y copiado hasta la saciedad.

    Aunque el Tim Robbins de Cadena perpetua seguro que opinaba otra cosa, el bikini de piel de búfalo de Raquel Welch no es el único elemento de Hace un millón de años que nos apabulla aún hoy: también debemos recordar a esos reptiles gigantes capaces de enseñarles cuatro cosas, pese a las décadas, a sus parientes de la Isla Nublar. Siempre caballeroso, Spielberg admite que la película fue una influencia clave de Parque jurásico.

    Joe, de El gran gorila (1949)

    La originalidad de esta película, un remake de King Kong con menos tragedia y más risas, es cuanto menos cuestionable. Algo que se aclara por sí solo en cuanto sabemos que Merian C. Cooper y Willis O’Brien (director y animador, respectivamente, de la película de 1933) andaban en el ajo junto a un tal John Ford… Y a un Ray Harryhausen aún joven, quien antes de haber cumplido los 30 años homenajeaba aquí a ese filme que le había cambiado la vida siendo un chaval.

    Por mucho que el remake de 1998 contase con la presencia de Charlize Theron y con la del propio Ray (en un breve cameo), esta versión de Joe sigue siendo la que mejor nos cae: no hay más que mirarle a los ojos para saber que es un amor de simio.

    El monstruo de El monstruo de tiempos remotos (1953)

    Las cosas como son: Japón bajo el terror del monstruo, la película que presentó en sociedad a Godzilla, data de 1954. Pero, aunque el reptil nipón sea más popular y tenga más filmes a su nombre, esta bestia prehistórica que pisotea ciudades y escupe llamas llegó un año antes a los autocines más selectos de Estados Unidos.

    A nosotros nos parece que el monstruo de tiempos remotos cuenta con dos ventajas cruciales frente a su primo de Tokio: su diseño es mucho más estilizado, con esas aletas dorsales y ese cuello tan elegante, y jamás tuvo que sufrir el trance de esos remakes tan espantosos.

    Talos, de Jasón y los argonautas (1963)

    Desde la Grecia clásica hasta Indiana Jones, los aventureros del mundo insisten en desobedecer a un viejo dicho: “No saquees tesoros milenarios a tontas y a locas, que luego pasa lo que pasa”. Y lo que pasa, en esta ocasión, es que un gigante con cuerpo de bronce y cerca de diez metros de estatura demuestra a los héroes griegos lo enfadado que se levanta por las mañanas.

    La oruga lunar de La gran sorpresa (1964)

    ¿Qué tienen en común Ray Harryhausen y Stanley Kubrick? Aparte de ser dos genios, queremos decir. Pues muy sencillo: ambos llegaron a nuestro satélite antes que Neil Armstrong y Buzz Aldrin, y además sin moverse de un plató de cine. Por otra parte, tanto Ray como Stanley cometieron pequeños pecados contra el realismo en sus filmes: si en 2001 no se refleja la baja gravedad lunar, La gran sorpresa nos muestra un paisaje lleno de criaturas insectoides como este agresivo bicharraco. Admitámoslo, si a ti te apodasen “vaca de la Luna”, también te enfadarías un poco.

    El cíclope y el dragón de Simbad y la princesa (1958)

    Por su desvergüenza kitsch, su acción trepidante y los ojazos de Kathryn Grant (la princesa del título), la primera de las aventuras de Simbad en las que trabajó Ray Harryhausen sigue siendo la más entrañables. Y eso incluye a estas dos criaturas primigenias: aunque oficialmente estén del bando de los malos (encabezados por el maligno hechicero de rigor), la maestría de nuestro héroe a la hora de dotarles con expresiones y reacciones de lo más naturalistas consigue que nos parezcan algo más que muñecos.

    Medusa, de Furia de titanes (1981)

    Concluimos este viaje fantástico en la misma película en la que lo iniciamos, y con una escena que, seguramente, fue responsable de más de una noche de insomnio infantil. Porque, aunque el Kraken imponga más y el caballo Pegaso resulte adorablemente hortera (o adorable a secas, según gustos) esta señora górgona con arco, flechas y serpientes en el pelo nos deja de piedra cada vez que la vemos. Aunque su contrapartida del remake luciese más curvas, esta Medusa primigenia resulta de lo más elegante, sinuosa y terrorífica.

    Los monstruos de Ray Harryhausen salen a subasta

    La colección privada del rey del 'stop motion' será subastada el próximo día 17. Te ofrecemos una selección de imágenes monstruosas.