¿Quién replica a los replicantes?: 5 razones para no rodar la secuela de ‘Blade Runner’

Harrison Ford podría retornar al papel de Rick Deckard para la secuela de la obra maestra de Ridley Scott. Nosotros nos preguntamos: ¿de verdad merece la pena? Por YAGO GARCÍA

06 de febrero de 2012

Venga, Harrison Ford, no nos hagas esto… Sabemos que llevas mucho tiempo sin protagonizar una película con fuste (aunque Cowboys and Aliens tuviera su aquel) y que, mientras esperas a que Lucas y Spielberg se decidan a rodar Indiana Jones V, habrá ganas de matar el tiempo. Pero es que nos han llegado rumores (vía Geektyrant) de que al productor Ken Kosove ya no le parece tan mal contar contigo para esa secuela de Blade Runner que prepara Alcon Entertainment. Y eso nos ha provocado un soponcio igual, si no mayor, a cuando Lionsgate anunció un inminente remake de American Psycho.

Fuera de bromas, lectores: si Ford quiere apuntarse a una segunda parte de la película en cuyo rodaje peor lo ha pasado jamás, y con un director (Ridley Scott) con el cual se llevó a matar, para él hace. Pero no pensamos callarnos a la hora de decir que una secuela de Blade Runner nos parece una idea espantosa. Estamos hablando de una de las grandes cintas de culto de los 80, de una obra que marcó para siempre el cine de ciencia-ficción y de una película concebida en circunstancias conflictivas, cuando no dolorosas, cuya huella queda en sus fotogramas. En suma, y perdón por el chiste, de un trabajo imposible de replicar, y menos aún de continuar. Así pues, hemos preparado un completo test de empatía Voight-Kampf para explicaros nuestras razones. Aquí van los resultados.

Lectura 1: ¿Con qué final nos quedamos?

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Como bien saben los cinéfilos, Blade Runner ha sido una de las películas más remontadas, retocadas y recompuestas de la historia. Algo de lo que Ridley Scott no tiene la culpa. Al menos no del todo: el director llegó de rebote al proyecto, tras quedarse compuesto y sin dirigir Dune, hecho polvo por la muerte de su hermano mayor Frank y con serias dudas sobre la viabilidad del filme. Sumemos a ello que la productora Ladd Company metió mano en el metraje tras cada preestreno, más la supuesta ‘versión del director’ de 1991 (hecha a espaldas de Ridley) y el ‘montaje definitivo’ de 2007, este sí obra del cineasta, y tenemos un total de siete versiones entre las que elegir… Y dos finales, a cuál más diferente. Estando Scott al frente de la secuela, asumamos que el final feliz de la versión de 1982 es una filfa, y que aquello de “Es una pena que ella no pueda vivir, pero ¿quién vive?” es el punto de partida de la nueva versión. ¿Sencillo? Pues no, porque eso nos crea una nueva duda: [SPOILERS] si la escena del unicornio forma parte del canon de la historia, y Deckard es un replicante… ¿No debería él tener también una fecha de caducidad de cuatro años? [/SPOILERS]

Lectura 2: ¿Y la brecha tecnológica?

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Lo decimos por experiencia: hoy en día, cuando un espectador menor de 20 años ve Blade Runner por primera vez, su reacción inmediata es morirse de risa. ¿Por qué? Pues porque, según la película, en el Los Ángeles de 2019 (es decir, dentro de siete años escasos) no hay videoconsolas, ni teléfonos móviles, ni internet… Y sí hay coches voladores, mercados callejeros donde uno puede comprarse una serpiente clónica como quien se lleva a casa unas zapatillas, cabinas de teléfono con vídeo incorporado y replicantas de armas tomar con el careto de Daryl Hannah. Eso por no hablar de los logotipos de compañías como Atari o Pan Am, las cuales quebraron durante los años posteriores al estreno del filme víctimas (o eso se dice) de la llamada ‘maldición de Blade Runner’. En el caso de que la nueva entrega fuese un reboot, esta disonancia se solucionaría con más o menos sencillez, pero tratándose de una secuela, o el guionista de turno se inventa una buena excusa (que todo forma parte de una historia alternativa, por ejemplo) o el contraste con la película anterior clamará al cielo.

Lectura 3: ¿Estamos hablando del mismo Ridley Scott?

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El título de este epígrafe es una broma, claro: por supuesto que Ridley sigue siendo el mismo director de cine nacido en South Shields (Inglaterra) en 1937. Pero la pregunta del millón es si el autor de Gladiator, Red de mentiras o el Robin Hood con Russell Crowe tiene algo que ver con el hombre que firmó Blade Runner en 1982. Porque, aunque ahora la recordemos como un hito del Séptimo Arte, la epopeya replicante fue en su día un fracaso de taquilla antológico, que condenó a Scott a volver a su rol de (cotizadísimo) director publicitario. Tras Legend, otro batacazo de antología, Scott se vio obligado a filmar trabajos de encargo como La sombra del testigo y Black Rain, saliendo de este limbo con los años gracias al exitazo de Thelma y Louise. Por supuesto que, si no hay más remedio que volver al universo de la Tyrell Corporation, nadie tiene más derecho que su director original, pero el Scott de hoy es otro cineasta, más maduro y menos aventurero. Claro que, antes de pronunciar un veredicto claro, mejor nos esperamos a ver cómo le sale Prometheus, su regreso en forma de precuela al mundo de Alien.

Lectura 4: ¿Se matarán Ridley y Ford en el plató?

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En esto sí que no tenemos dudas: en el rodaje de la Blade Runner original, Ridley Scott se portó como un grandísimo negrero. Tanto, que su equipo se presentó en el plató con camisetas que rezaban “¿Sí, jefe?’ ¡Mis cojones!” en respuesta a sus maneras autoritarias. Y el que más quemao acabó de Scott en aquel momento fue el propio Harrison Ford. Acostumbrado al colegueo de los rodajes de su amigo Spielberg, lleno de bilis por compartir protagonismo con una Sean Young a la que no soportaba y escamado con la ciencia-ficción tras su amarga experiencia en La guerra de las galaxias (sí, Harrison detesta al personaje de Han Solo), el actor estadounidense acabó hasta los mismísimos de un Scott que le obligaba a repetir toma tras toma bajo la lluvia artificial, que no le explicaba sus motivaciones y con el cual no sintonizó en ningún momento. De hecho, Ford se negó durante años a hablar acerca de Blade Runner, hasta el punto de que uno de los mayores atractivos del documental Dangerous Days (2007) fue su participación. No dudamos de que hoy Ridley es otro hombre, más calmado y menos tiránico, pero la perspectiva de un choque de egos en el plató sigue siendo muy probable. A ver si va a ser mejor que Scott llame a su Russell Crowe de su alma y pase de Rick Deckard…

Lectura 5: ¿Y qué pasa con Philip K. Dick?

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Aunque, a estas alturas, todo el mundo reconozca que Blade Runner es un universo propio (ahí están esas secuelas, en forma de videojuegos, para probarlo), no está de más recordar que su punto de partida fue ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, una novela del hoy tan en boga Philip K. Dick. El escritor estadounidense, que desconfiaba de Hollywood como de la peste, se emocionó hasta las lágrimas viendo junto a Scott un metraje de prueba de la película, pero admitió que, entre la novela y el guión, mediaba un abismo. Años después, con Dick ya criando malvas, su discípulo K. W. Jeter publicó tres secuelas literarias… Que, para más INRI, partían del final feliz de la versión de 1982. De todas nuestras objeciones, admitimos que esta es la más friki de todas, pero una de dos: o Scott decide tirar los libros a la basura, metafóricamente, o intenta reconciliar su propia visión de la historia con el mundo dickiano, lo cual puede terminar en un cataclismo de aúpa.