Qué tiene de especial ‘Hamilton’ para haberse convertido en un fenómeno

Ya está disponible en Disney+ la película que te trae a casa el fenómeno musical de Lin-Manuel Miranda. ¿De verdad era para tanto?

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03 de julio de 2020

Todo empezó con un duelo. Aquel que el 11 de julio de 1804 paradójicamente acabó con la vida de Alexander Hamilton, uno de los Padres Fundadores de EE UU, a manos del entonces videpresidente de EE UU Aaron Burr. Es lo que muchos estadounidenses recuerdan a día de hoy de ambos personajes históricos y lo que llevó a Lin-Manuel Miranda a escribir un trabajo para el instituto sobre ellos. “Solo quería ese final que sabía que era bueno, con el duelo”, recuerda.

Sin embargo, cuando la biografía de Ron Chernow cayó en sus manos, descubrió que el viaje era tan apasionante como el destino. Incluso mejor, sobre todo si podía contarlo desde una perspectiva moderna. El musical Hamilton no tardó en convertirse en un éxito sobre las relucientes tablas de Broadway, un fenómeno que ahora llega a Disney+ como película realizada por el director Thomas Kail. Aviso: no es una adaptación sino un filme que recoge la experiencia teatral rodada en el teatro Richard Rodgers con el reparto original.

Hay dos preguntas que probablemente se repitan en la mente del espectador europeo respecto a Hamilton. La primera, ¿a qué viene tanto alboroto?. La segunda: ¿Por qué me va a interesar un musical sobre la Guerra de la Independencia de los EE UU y uno de sus Padres Fundadores menos conocidos, que encima dura dos horas y 40 minutos?

Quien escribe estas líneas también se mostraba escéptica ante la ocurrencia de grabar un musical para después lanzar esa cinta en una plataforma. La experiencia teatral se pierde inevitablemente. En el caso de Hamilton, la grandeza del filme no deja de ser la grandeza de la obra, aunque hay que reconocerle un cuidado rodaje  con el que el equipo consigue colarnos en aquel país en pleno proceso emancipador en el siglo XVIII.

Sin embargo, lo más sorprendente y atrayente del trabajo, además de su carismático elenco capitaneado por el creador Lin-Manuel Miranda (escribe, compone y actúa), es que no alaba la superioridad del espíritu norteamericano como se ha entendido hasta ahora: con el rostro blanco de algún hombre salvador. Aquí las razas, el género o las nacionalidades se difuminan para hablar de la lucha común por la libertad.

Ya la elección del protagonista es una declaración de intenciones por parte de Miranda que, más allá del duelo y las pistolitas, vio en Hamilton, huérfano criado en las Indias Occidentales, el reflejo de todos aquellos inmigrantes que crearon también ese país de las oportunidades. Benjamín Franklin, Thomas Jefferson, James Madison o George Washington también aparecen en la obra, pero esta no es su historia.

En esa misma línea, el gran acierto de esta producción pasa por trasladarnos al pasado, pero con mucho humor negro (atentos a las bromas-denuncias sobre la esclavitud), música hip-hop, rap y R&B y un elenco multiracial en el que los Padres Fundadores son negros o latinos, y donde unas hermanas pueden tener la piel de diferente color. “Esta es la historia de la América de entonces, contada por la América de ahora”, resume Miranda.

Dentro de esa deconstrucción de la realidad (o revelación de otras realidades más bien), no está de más imaginar lo traumático que habrá sido para un estadounidense enterarse de que Thomas Jefferson era bastante patán, pero más allá del valor histórico de la pieza, Hamilton es ante todo rompedora y sumamente disfrutable, una historia de lucha y autodescubrimiento, en la que mujeres, inmigrantes y personas de color, en sus trajes de época, comparten foco con el poder.

Ese elenco en estado de gracia (desde Miranda hasta Daveed Diggs -Snowpiercer-, pasando por Jonathan Groff -Mindhunter-, Leslie Odom Jr. o Renée Elise Goldsberry), compuesto sobre todo por actores negros y latinos, sirve para recordar a más de uno que la historia de EE UU no es solo la de los blancos. Para hacer memoria y rendir cuentas a los libros de texto.

No es una utopía, sino la reivindicación visual y musical del papel fundamental que jugaron los inmigrantes en el pasado de la actual primera potencia mundial. Alexander Hamilton era un forastero, algo en lo que se insiste a lo largo del espectáculo, y también tenemos a personalidades como la de Marquis de Lafayette, un noble francés que jugó un papel fundamental en la guerra.

Lo decíamos al principio: el teatro tiene su propia magia. Sentarte en la butaca y disfrutar de un musical en directo es una experiencia diferente a la de verlo desde tu sofá. Sin embargo, Hamilton consigue sobrepasar esa pantalla, se convierte en una especie de show inmersivo que respeta los tiempos del teatro (la duración, el intermedio), pero que resulta sorprendentemente cinematográfico.

Sera su historia modernizada, será ese rap/desafío dialéctica sobre la constitución, será la oda a la diversidad y a la independencia, será su magnífico reparto y su sencilla pero efectiva puesta en escena. Será el efecto Hamilton, que va mucho más allá de un duelo y que incluso la historia de un país. Será que dos horas y 40 minutos en tu sofá no son para tanto cuando te lo estás pasando bien.

Hamilton ya está disponible en Disney+.

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