¿Qué podemos aprender de la Fiesta del Cine?

Afluencia masiva de público, una recaudación astronómica... Y cuatro conclusiones sobre el éxito de la promoción que ha llenado las salas. Por YAGO GARCÍA

23 de octubre de 2013

335.000 espectadores en un día. La asistencia a salas incrementada en un 550%. Un millón y medio de solicitudes de registro en internet, y unas colas frente (y en torno) a los locales  dignas de una película de Cecil B. DeMille. Y, lo mejor de todo: cerca de un millón de euros de recaudación. Son los datos de la Fiesta del Cine, ese evento que ha reducido el precio de una butaca a 2,90 euros para todos los espectadores acreditados, correspondientes al lunes 21 de octubre. El éxito de la inicitativa ha despertado la admiración de los expertos, ha suscitado titulares en la prensa… Y debería darnos mucho en qué pensar.

Hace dos semanas, las declaraciones del ministro de Hacienda Cristóbal Montoro sobre la calidad del cine español conseguían algo aparentemente imposible: la unión de periodistas, profesionales y aficionados para defender una industria tradicionalmente denostada. Y esta semana estamos asistiendo a una afluencia de públicos gracias a la cual esas salas que pasaban por un trimestre desastroso a comienzos del verano se ven ahora llenas hasta la bandera. Semejante fenómeno nos hace preguntarnos qué podemos aprender de él, y aquí ofrecemos cuatro posibles respuestas.

Que el público sigue amando la pantalla grande

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Parece una perogrullada, ¿verdad? Pues meditémoslo un momento: en estos tiempos oscuros en los que las descargas en internet y los formatos digitales parecen tener la culpa de todo, al menos en lo que al mundo audiovisual se refiere, una oferta bien planteada ha servido para que los espectadores retornen en masa a las salas oscuras. De hecho, ha servido para que se prestara ha hacer cola en torno a los locales como si se tratara de la fecha de un gran estreno, incluso a riesgo de tragarse el plantón para encontrarse el cartel de “completo” en la taquilla. Porque, aunque la tentación del sofá y la TV de plasma sea poderosa, el ritual de las palomitas, la butaca y la pantalla grande arrastra consigo una tradición que muchos, pese a lo que se diga, seguimos tomándonos muy en serio.

Que los precios importan (y mucho)

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Según un estudio citado por El Mundo, en 1985 una entrada de cine en España costaba alrededor de 3 euros según la inflación actual. Y, ¿cuál es el precio por butaca en los locales que participan en la Fiesta del Cine? Exacto: 2,90 euros. Recordemos que, en los 80, el cine en pantalla grande sobrevivió a la ofensiva del vídeo doméstico y la oferta televisiva pese a las voces agoreras, y que 2000 queda como el año récord en asistencia a salas en nuestro país pese a un precio mucho más elevado (5,59 euros) aunque el dvd ya estaba en circulación: cosas de la bonanza. Ahora, en tiempos de crisis y con un paro astronómico, el regreso del cine como un medio de entretenimiento popular y asequible puede tener consecuencias muy importantes para la industria. Los distribuidores y los exhibidores deberían tomar buena nota de este éxito, tanto como ese gobierno que subió el IVA al 21 por ciento.

Que la clave está en el márketing

Ya lo decía Borja de Benito (portavoz de la federación de exhibidores FECE) cuando consultamos con él la conveniencia de un sistema de tarifa plana para cines en España: es necesario que el público esté al tanto de las promociones y ofertas de los cines para así aprovechalas y que el gasto en una entrada deje de resultar oneroso. Y, ¿cómo se consigue esto? Pues con una buena campaña de comunicación. El hecho de que la Fiesta del Cine haya unido a multitud de exhibidores ha facilitado proezas como que la web www.fiestadelcine.com se saturara por exceso de visitas, o que la cuenta de Twitter asociada al evento superase el número permitido de mensajes diarios. El efecto psicológico de una oferta como esta, cuando está bien publicitada, conlleva un efecto de llamada que multiplica su efectividad y hace que los futuros espectadores se lo piensen menos.

Que otras formas de comercialización son posibles

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Ahora que sabemos que la Fiesta del Cine ha sido un éxito clamoroso, ¿debe la industria dormirse en los laureles? Por supuesto que no: debería, a nuestro juicio, plantearse cómo prolongar este triunfo. Desde CINEMANÍA hemos propuesto formas de abaratar el coste de una entrada, y aun sabiendo que la exhibición de películas conlleva costes muy altos, y que las políticas al respecto de algunas distribuidoras no facilitan un abaratamiento de las entradas. Aun así, la tarifa plana ha probado su efectividad en otros países europeos, y tal vez sea el momento de que intentemos aplicar sus ventajas en el nuestro. Y ese es sólo un ejemplo: si es cierto que la necesidad agudiza el ingenio, también lo es que la combinación entre medidas comerciales inteligentes, el apoyo de las instituciones y una cartelera capaz de satisfacer a todos los tipos de público puede revitalizar la asistencia a las salas pese a una economía que hace aguas. Esperemos que la Fiesta del Cine suponga un acicate para que esa solución vea la luz.

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