¿Qué le exigimos a una secuela?

Son inevitables, y recaudan millones, pero también tienen que ser buenas películas: te presentamos las 5 condiciones imprescindibles para una continuación de cine.

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10 de julio de 2015

Tradicionalmente, el verano es una época de blockbusters, con esos grandes estrenos que nos hacen combatir el calor (y este año necesitamos combatirlo, vaya que sí) a base de palomitas, refresco, acción a raudales y ese aire acondicionado que nunca viene mal. Pero desde hace más años de los que parece, el verano también es la época de secuelas: este año, sin ir más lejos, ya hemos tenido unas cuantas (Jurassic WorldTerminator Génesis hoy mismo), y nos quedan bastantes por ver, desde Ted 2 El corredor del laberinto: Las pruebaspasando por Misión: Imposible – Nación secreta. Y la cosa no se acabará cuando terminen los ardores estivales, porque aún esperan más títulos, culminando la cosa en diciembre con la continuación de cine más esperada de todos los tiempos: Star Wars: El despertar de la Fuerza.

Así las cosas, en CINEMANÍA nos ha dado por parar de quejarnos un momento por la presunta originalidad perdida en Hollywood. En lugar de eso, esta vez vamos a ser posibilistas y a hacernos una sencilla pregunta: si hacer secuelas es algo inevitable (por la industria, o por lo que sea), ¿qué hace falta para que esas secuelas salgan bien? Tras estrujarnos mucho los cerebelos, hemos encontrado 5 elementos (sin Milla Jovovich, por desgracia) gracias a los cuales un capítulo 2, o 3, o el número que sea, le hará justicia a su original, o incluso lo superará. A continuación te ofrecemos una lista de estas condiciones, que pueden presentarse bien de una en una, bien por separado, y que generalmente suelen dar buenos resultados… hasta que dejan de darlos: por algo te ofrecemos varios ejemplos positivos en cada apartado, pero también un contraejemplo para recordar que ninguna fórmula es perfecta. En todo caso, recuerda que estas ideas suelen equivaler a una buena experiencia para el espectador, o al menos pueden librar al público de un ataque de vergüenza ajena. Y que también pueden irse al traste si el título de tu secuela es una chorrada.

Que forme parte de un todo único

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En el fondo, la costumbre de hacer secuelas se origina en una tradición antiquísima y muy honrada por ejemplos ilustres: la de los folletines por entregas. Por eso, no es extraño que alguno de sus mejores exponentes no estén motivados por las ganas de prolongar un éxito financiero, ni por un capricho del director, ni por una falta de dinero que obliga a poner las neuronas a trabajar. Sencillamente, responden a la necesidad de contar una historia (o de exponer una idea) a la cual le viene estrecha una sola película. Por supuesto, esta necesidad no tiene que darse desde el principio (estamos pensando en cierto DeLorean, cuyo viaje a 2015 comenzó como una broma de última hora) ni el autor tiene por qué tener claro cómo llevarla al celuloide hasta que el asunto se ha puesto en marcha (pregúntaselo a George Lucas, que es un experto) pero todo eso ayuda, a qué dudarlo. Y, en el caso de adaptaciones literarias, a veces es absolutamente obligatoria.

Si te sale bien tienes… El Imperio contraataca, El Señor de los Anillos: El retorno del Rey, Regreso al futuro II.

Pero si te sale mal, acabas con… El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos.

Que sea más de lo mismo, pero mejor

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“Si algo no está roto, no lo arregles”, reza el viejo refrán anglosajón. Un refrán que se aplica también al cine, y a sus continuaciones: si has dado con una fórmula que funciona estupendamente, o con un personaje principal que hace historia (un arqueólogo con látigo, por ejemplo), a veces lo mejor es pasar de tonterías y concentrarse en refinar el planteamiento para darle al público más emoción, más peripecias, más risas, más momentos memorables y, en fin, más de todo. Mucho cuidado, no obstante, porque esta fórmula funciona como la alta cocina, donde las materias primas son casi más importantes que la receta. Si intentas aplicarla cuando la idea original no está a la altura, o si insistes en estirar el chicle cuando éste no da para más, el resultado puede darte más problemas que abrir el Arca de la Alianza.

Si te sale bien tienes… Indiana Jones y la última cruzada, Terroríficamente muertos, Agárralo como puedas 21/2.

Pero si te sale mal, acabas con… Resacón 2 ¡Ahora en Tailandia!

Que sea un cambio radical

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Tu idea parecía una locura, pero el estudio de turno la compró y ¡sorpresa! Resulta que cayó fenomenal entre un público que llenó los cines para verla. Ahora los ejecutivos piden más, y a ti la idea de volver al mundo que creaste no te desagrada. ¿Significa eso que debes arrellanarte en el sillón y entregar otra ración del mismo potaje? Ni por asomo: con las estadísticas de taquilla a tu favor, ha llegado el momento perfecto para jugártela, explorando tus ideas desde otros ángulos y respondiendo a preguntas cuya respuesta anheláis tanto tú como tus espectadores (“¿Qué pasa si sacamos a ese poli resacoso del edificio y le ponemos a dar vueltas por Nueva York?” sería un buen ejemplo). Entre la múltiples ventajas que ofrece este sistema está la de no depender de un único director para llevarse a cabo. A veces, una mirada nueva aplicada a postulados de segunda mano puede hacer milagros: por ejemplo, facturando una obra maestra del cine bélico a partir de una premisa de terror espacial.

Si te sale bien, tienes… Aliens, el regreso, Jungla de cristal. La venganza, Blade II, Gremlins 2.

Pero si te sale mal, acabas con… Batman y Robin.

Que se plantee desafíos

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Sin duda la categoría reina de las secuelas con gancho: un desafío que requiere directores a la altura y, sobre todo, un punto de partida lo bastante innovador e interesante como para que el público no salga corriendo a las primeras de cambio. ¿En qué consiste? Pues en coger una idea arriesgada (“¿Una película de superhéroes seria? ¿A quién se le ha ocurrido esa chorrada?”) o una trama ya de por sí compleja, como la saga familiar de una dinastía de mafiosos, y retorcerla, llevando sus rasgos definitorios al paroxismo. Si la primera nos hacía reír, los chistes de la segunda (o de la tercera, o de…) serán triples saltos mortales sin red, y, si resultaba oscura y deprimente, la nueva entrega lo será todavía más, añadiendo una dosis extra de complejidad argumental y una estructura narrativa enrevesada con ganas. Ojo, porque este sistema puede dar lugar a grandes películas, pero éstas corren el riesgo de quedar como productos sólo para iniciados en caso de que el autor (y aquí, insistimos, hacen falta autores con personalidad) se pase de la raya.

Si te sale bien, tienes… El Padrino II, Toy Story 2, El caballero oscuro, Harry Potter y el prisionero de Azkaban.

Pero si te sale mal, acabas con… Matrix Reloaded

Que nos ofrezca algo nunca visto

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Antes, ese director era un currante de serie B con una historia que contar y mucho ingenio para ponerla en escena. Ahora, gracias al éxito de esa historia, es un magnate con más millones que la caja B de un ministerio… y sabe que nunca es tarde para decir “¡Volveré!”. Ya sea por el ego o porque se siente en deuda con sus personajes (y, a veces, incluso también con sus actores) , está dispuesto a volver a parajes ya conocidos con la billetera por delante, dispuesto a llevar a cabo (¡por fin!) esa toma imposible para la que le faltaban cámaras, o ese efecto especial delirante que se quedó en el papel debido a la falta de presupuesto y los imperativos de la técnica. Esta es la variedad de supersecuela que menos se da, básicamente porque requiere cifras millonarias y, sobre todo, ideas revolucionarias: seguro que, en su momento, muchos se rieron al oír que los efectos especiales del futuro se harían por ordenador… o que una buena película de acción podía rodarse ‘a la antigua’, con especialistas, dobles y todas esas cosas, cuando todo el mundo se había pasado al digital.

Si te sale bien, tienes… Terminator 2: El Juicio Final, Mad Max: Furia en la carretera, James Bond contra Goldfinger.

Pero si te sale mal, acabas con… Star Wars Episodio I: La amenaza fantasma.

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