Pupi Avati regresa al giallo sobrenatural con el ‘Il signor Diavolo’

El último título del incasable realizador de 80 años ha sido proyectado estos días en el Nocturna Madrid.

Por
29 de octubre de 2019

A sus 80 años, el cineasta italiano Pupi Avati continúa extendiendo su legado a través de su filmografía. Referente dentro y fuera de las fronteras de su país, el realizador se daba a conocer en 1970 con dos películas: Balsamus l’uomo di Satana y Thomas e gli indemoniati, con las que dejaba muy claro desde el principio que el cine de terror y la fantasía serían sus géneros predilectos a lo largo de toda su trayectoria. Casi 50 años después, el autor regresa a sus orígenes con Il signor Diavolo.

Hijo de comerciante boloñés, Avati se aproximaba al mundo del arte desde muy joven. Su incursión en el mundo del jazz haría que formara parte de grupos como Doctor Dixie Jazz Band. Sin embargo, los derroteros de la vida lo llevarían a labrarse una vida como representante de alimentos congelados durante años. No se rendiría.

En la década de los setenta, surgiría la gran oportunidad de aproximarse al mundo cinematográfico. Una ocasión que Avati aprovecharía con gran atino y éxito, lo que le permitiría desarrollar toda una carrera, en la que la figura de Federico Fellini estuvo muy presente siempre, y de cuya fundación fue presidente en 1995.

 

El regreso al giallo demoníaco

En una clara reminiscencia al giallo italiano, Aviti nos traslada a la Italia de los 50 con Il signor Diavolo. Un filme policíaco en el que la figura de Satanás se encuentre muy presente, a través de la pecaminosa vida de una serie de personajes. Así mismo, el director recupera la gran herencia dejada por el mejor cine de terror de autores como Dario Argento, Lucio Fulci o Mario Bava.

En el Il signor Diavolo, Carlo da vida a un joven de 14 años que es acusado de asesinar a Emilio, un extraño hombre al cuidado del párroco local. Un funcionario es enviado por el Gobierno de Italia para descubrir qué ha sucedido, ante las malas relaciones entre los políticos y la Iglesia. El joven acusará al propio diablo de ser responsable a través de la influencia de una monja, un suceso provocado en relación a la muerte de su mejor amigo. Pronto toda la situación se complicará en un entretenido y asfixiante título que atrapa, pero que va enseñando sus costuras a medida que transcurre el metraje.

La obra de Aviti siempre ha estado caracterizada por sus propias experiencias vitales, plasmadas a través de películas autobiográficas. No es de extrañar pues que, hasta en filmes como este, capte la esencia que le acompañó en su infancia como monaguillo y el papel del sacerdote como un ente cuasi mágico. De la misma forma, al cineasta siempre le ha acompañado la polémica con libretos como el de Saló las 120 noches de Sodoma de Pier Paolo Pasolini (película en la que no aparece ni acreditado) o su propia obra La mazurka del barone, della santa e del fico fiorone (1975), una controvertida comedia que escandalizó a muchos. En esta ocasión, repite la misma fórmula con el tratamiento hacia el papel de la Iglesia.

 

Il signor diavolo ha sido realizada junto a su fiel colaborador, su hermano Antonio, y su hijo Alvise. Una familia de artistas. De esta forma, retorna al espíritu de grandes películas de terror como La casa de las ventanas que ríen, una de sus obras cumbre y a la que seguirían otras como Zeder. 

Amplio reconocimiento

Sorprendentemente, la mayor repercusión de Avati llegaría con películas como Ultimo Minuto (1987), con la que abandonaría su carácter de cine sci-fi para acercarse a un mayor neorrealismo. Un aspecto que también daría grandes alegrías al realizador con tragicomedias románticas como El testigo del esposo (1997) o la laureada El corazón ausente (2003) con la que conseguiría estar presente en la Sección Oficial del Festival de Cannes y el Festival de Mar de Plata.

La recuperación de su espíritu fantástico en el Il signor Diavolo ha hecho que el filme fuera proyectado estos días en el Festival Nocturna Madrid. Un recorrido extenso que llega después del premio Nosferatu, que el realizador recibió en la pasada edición del Festival de Sitges. Un regalo en forma de viaje a los infiernos. Avati, genio y figura. Siempre eterno.