¿Es cultura el cine porno?

A partir del controvertido tuit de Apolonia Lapiedra, indagamos en el viejo conflicto entre cine tradicional y cine para adultos. ¿Es el cine porno cultura?

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21 de abril de 2020

Viernes 10 de abril de 2020. Unión de Actores convoca un apagón cultural tras las declaraciones del ministro José Manuel Rodriguez Uribes, en las que transmite no contar con ninguna acción específica para apoyar a la cultura en esta crisis.

Apolonia Lapiedra, actriz porno convertida en celebridad gracias a las redes sociales y a sus apariciones en La resistencia, publica el siguiente texto en Twitter:

“El cine para adultos mueve masas, motiva y entretiene a la gente en la cuarentena y no tenemos subvenciones ni las queremos. Mejor que inviertan en lo que importa como mascarillas o respiradores. Anda, espabilad gente del “cine convencional” #ParasitosCulturales #Noeselmomento”.

Ou mamma! Este tuit te lanza tantas cosas a la cara que parece un gang bang.

Los que durante estos días hemos quemado nuestra suscripción a PornHub y a Filmin mirábamos este mensaje con tristeza desde la lejanía, como un niño que no entiende por qué se pelean papá y mamá. Entre las respuestas, mucha gente espetaba que el cine porno sencillamente no podía entrar en el debate porque no era cultura. ¿Tiene razón Apolonia cuando habla de inversiones y subvenciones? ¿No quiere el cine para adultos ayudas? ¿Es el porno cultura?

La propia actriz confiesa a CINEMANÍA que “el tuit me salió del alma”. “Sinceramente pienso que no era el momento de pedir nada. Por eso lo apoyó tanta gente. Es el momento de arrimar el hombro y luego ya pedir subvenciones o recuperar el dinero perdido por la pandemia. Ahora no. Ahora mascarillas, respiradores y nada de presiones que empeoren todo”.

¿Es, según Apolonia Lapiedra, cultura el cine pornográfico? “La cultura son los libros, las películas, la música… el porno depende. Hay mucho que es muy simple y no creo que sea cultura, pero cuando se lo curran más, creo que sí. ¿Por qué no? He grabado hace unos meses una superproducción porno con más de 50 personas de equipo técnico y vestuario tipo Juego de tronos. Se lo tomaban muy en serio. Eso sí podría ser cultura. O alguna de las pelis raras de Ramiro. Sale porno, pero me parece que son muy buenas”.

Apolonia se refiere a Ramiro Lapiedra, su representante. Uno de los profesionales más influyentes del porno en España y, efectivamente, director que cuenta entre su filmografía con películas como La orina y el relámpago. Una llamativa cinta de autor protagonizada por Celia Blanco, cuya cinematografía, asegura el propio Ramiro, ha sido comparada con Kubrick por directores como Imanol Uribe o elogiada por instituciones como el MoMA.

Celia Blanco en ‘La orina y el relámpago’

“Por supuesto que el porno es cultura” responde firme Ramiro. “No sé si sabría definirte lo que es cultura para mí, pero el porno por supuesto que estaría dentro. Por ponerte un ejemplo, Historia del ojo de George Bataille, es un libro porno, mezclado con sadismo y con gore. Si se hiciera en cine, que es uno de los proyectos que tengo, tendría todos los problemas de censura posibles. En esta novela o en otras obras como Sexus de Henry Miller, el sexo aparece de manera totalmente explícita. Y claro que pertenecen a la cultura. En la literatura queda muy claro. En el audiovisual siempre hay una duda por encima, el fantasma de la explotación. Berlanga me decía que era complicadísimo hacer porno porque nadie se quiere mojar defendiendo a este tipo de cine”.

 

¿Qué es la cultura?

Israel Elejalde es un profesional que ha trabajado en numerosas producciones cinematográficas (Magical Girl, El hombre de las mil caras) pero cuya casa es el teatro. Su última obra como dramaturgo, Traición, debería estar ahora mismo llenando las salas del madrileño teatro Pavón, pero se ha tenido que suspender debido a la pandemia. Quizá su mayor desgracia haya sido coincidir conmigo en el rodaje de Veneno, la serie de los Javis en la que interpreta magistralmente a Pepe Navarro, casualidad que aprovecho descaradamente para pedirle su opinión sobre este tema, desde el otro lado de la industria.

“Para la definición de cultura, me remito a la RAE”, comienza. “La primera acepción habla de “conjunto de conocimientos e ideas que uno consigue aprender a través de medios intelectuales para desarrollar un juicio crítico”. Luego está su siguiente acepción “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social”.

“Para mí, la cultura, es ese conjunto de ideas que desarrollan un pensamiento crítico”, prosigue. “Cuando hablamos, por ejemplo, del cine como cultura, tiene que ver con esa primera acepción. Es un tema difícil, tiene mucho que ver con la ideología e incluso cada uno puede, individualmente, decidir qué es para él cultura y qué no lo es. En el caso del porno, no lo consideraría cultura, aunque sí podríamos hablar de que existe una cultura sexual y ahí entraría de forma clara. Pero no creo que el porno tenga que ver con el desarrollo de ningún tipo de pensamiento crítico. Sería, más bien, un acto de ocio”.

 

Subvenciones e industria

Una de las críticas del tuit de Apolonia era a las subvenciones del “cine convencional”. Para esclarecer cuál es la situación económica de la industria del cine porno en nuestro país, contactamos por correo con el responsable del Salón Erótico de Barcelona, Juli Simón.

Esta cita anual emitió en 2008 un informe que recogía los siguientes datos: el cine porno en España se compone de 1.000 títulos anuales (180 largometrajes), confeccionados por 174 empresas. Da trabajo a 2.300 empleados, cuenta con 22 actores, 46 actrices y 18 directores. Además, existían entonces 85.000 puntos de venta, entre kioscos y sex shops.

La institución asegura no haber renovado estos datos. Cuando preguntamos qué porcentaje del PIB representa la industria pornográfica en nuestro país, responden sin reparos. “Es imposible saberlo por dos motivos: porque no tenemos datos fiables y porque mucho del consumo que se realiza es en webs internacionales. El dato de facturación tampoco es fiable, pues más del 98% del consumo es en webs gratuitas. Sin contabilizar en la cifra anterior a las webcamers, sobre todo las que hacen los artistas porno, que mezclan webcams con escenas”.

De hecho, muchos actores porno viven gracias a sus perfiles en redes sociales como Onlyfans, en las que la gente paga a un intérprete a cambio de vídeos personalizados. Lo que sí confirma Juli Simón es que el cine porno no recibe subvenciones de ningún tipo y que el IVA se encuentra actualmente en el 21%.

Es muy difícil cotejar los datos del porno en 2008 con los del cine español. En 2008 se produjeron en España 173 largometrajes, pero sus cifras de recaudación, el volumen de empleo que generan y tantos otros factores no tienen comparación posible. Es cierto que, según datos de Pornhub, España es el décimo país del mundo en visitas. Durante la cuarentena, el consumo de esta misma web ha aumentado un 61.3% con respecto a la media observada antes del aislamiento.

Pero son datos que miden el visionado de todo tipo de producciones (principalmente extranjeras) y que no difieren mucho de lo que ocurre con otras plataformas de cine convencional como Netflix (que ha aumentado hasta un 75% en algunas zonas de EE UU y sigue en un aumento récord de suscriptores internacionales).

Siendo entonces el del porno un sector tan frágil en nuestro país en comparación con el cinematográfico, respaldado por vídeos hechos en casa y distribuidos por plataformas digitales, ¿es lícito hacer comentarios que comparen el funcionamiento financiero de sus industrias? Yendo más allá: ¿se puede medir en valores absolutos sectores como sanidad, cultura u ocio en tiempos de crisis?

“Me parece tremendamente demagógico”, señala Elejalde. “Demuestra una falta de perspectiva que lleva a añadir sentimientos a un criterio intelectual. Si tenemos 200 euros, evidentemente, habría que emplearlos en un respirador para evitar que alguien se muera. Pero no se trata de eso. Se trata de que el estado genera un dinero y ese dinero lo reparte debido a su importancia. Parece que, si yo te estoy dando un euro para cine, se lo estoy quitando a sanidad. En absoluto. Eso también tiene que ver con la cultura, y con tener un pensamiento crítico. Y la demagogia intenta todo minimizarlo a valores morales muy pequeños, de bien o mal. Creo que en situaciones tan complejas deberíamos evitarlo”.

 

Impacto en la sociedad

Por último, hemos querido saber cómo sienten estos profesionales de sus respectivas industrias la fidelidad de la audiencia, la conexión de la gente de la calle con su trabajo. Ramiro Lapiedra ha dedicado su carrera a sacar a actrices y sus trayectorias a la luz.

“Mi misión siempre ha sido construir la imagen de las pornstars desde el márketing. Crear un star system. Conseguí que Celia Blanco saliera en la portada de El País Semanal, que era algo impensable, o introducir a Lucía [Lapiedra] en Supervivientes, o ahora Apolonia en La resistencia. ¡A Apolonia la paran familias! Porque son fans de sus vídeos de YouTube, de sus redes sociales. Yo he ido por la calle con mucha gente del cine convencional y paran muchísimo más a Polonia que a otros actores y actrices”, explica el director.

Apolonia puntualiza esta idea con su propia experiencia: “la sociedad sigue viendo mal el porno. Les da vergüenza admitir en público que son fans míos o que lo consumen. Aunque en mi caso no puedo quejarme. La gente me dice cosas preciosas por las redes o cuando me paran por la calle. Es increíble. Nunca lo hubiera imaginado cuando empecé en esto”.

¿Consume la actriz cine español? “Sinceramente, no soy de estar todo el día viendo películas y series, como Ramiro, que lo hace constantemente. Me aburro enseguida, lo reconozco. Hace poco vimos Malasaña 32, que es de terror y me gustó mucho. El hoyo me gustó, aunque no la vi entera y la serie Into the Badlands me ha gustado bastante y la dirige un español, Paco Cabezas”.

¿Qué opina Israel Elejalde sobre la lealtad del público al cine español? ¿Es, en ocasiones, tan distante como indican las redes? “Habría que definir qué es público. Cuando se dice ‘la gente rechaza el cine’. ¿Podemos cuantificar cuánta esa gente? Tenemos tendencia a medir el número de gente que nos ataca como una totalidad, a veces mucho más grande, que la que nos elogia. Como creador te lo puedo decir. Yo hago algo, recibo 50 críticas buenas, recibo tres malas y tengo la sensación de que algo ha ido mal. Este tipo de críticas hay que cogerlas también con salvedades para no caer en la trampa de la generalización. Porque no es cierto. No toda la sociedad española está en contra del cine español. No es así. Quizá haya una parte que sí, e incluso otra que manipula políticamente el ataque”.

Para terminar, una reivindicación de Ramiro Lapiedra hacia la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. “Una de nuestras luchas es conseguir una categoría en los Goya. Hay un premio para cualquier género y nos gustaría obtener, aunque fuera una mención, a la película más original para adultos del año. Pero ni se menciona como cine. Es decir, nos están directamente barriendo, aparcando totalmente”. Ahí queda esa petición. Desde el porno, a la cultura.

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