Por qué ‘The Artist’ no debería ganar el Oscar

Será la gran favorita para arrasar en votos de la Academia, pero aquí hay unas cuantas razones por las que el fenómeno mudo del año debería cerrar la boca. Por DANIEL DE PARTEARROYO

17 de febrero de 2012

Igual que hicimos el año pasado con todas las nominadas a Mejor Película, CINEMANÍA comienza su serial dedicado a explicar los motivos por los que las 9 candidatas de este año a la categoría más importante de los Oscar no merecen llevarse ni por asomo la preciada estatuilla de la Academia. Para empezar con fuerza, dirigimos nuestra atención a The Artist, la gran favorita de esta edición. Porque tanta unanimidad de (cierta) crítica y público hacia la película de Michel Hazanavicius no puede significar nada bueno. Y el caso es que a algunos nos parece que sus defectos no son nada silenciosos.

The Artist

1. Su nostalgia es ñoña, falaz… e incoherente

Muchos espectadores otorgan un gran mérito a The Artist por estar contada con las formas hollywoodienses de los años 20. Sin embargo, la recreación de Hazanavicus del lenguaje del cine mudo es terriblemente impostada —The Artist no parece una película de 1927, sólo hay que compararla con Amanecer (F. W. Murnau, 1927) o Y el mundo marcha (King Vidor, 1928)— y basada en una idea muy simplificada del Hollywood de la época… mezclado con el clasicismo de los años 40 y 50. Es decir, todo el cine “antiguo y en blanco y negro” metido en el mismo saco. La (por cierto, chapucera) utilización de la banda sonora de Vértigo que tan nerviosa pone a Kim Novak sólo es uno de los detalles que no tienen ni pies ni cabeza.

The Artist

2. Una peli muda sobre el cine mudo… ¡qué original!

Si hay algo que le gusta a la gente del cine es hablar del mundo del cine. Qué se le va a hacer, toda profesión suele ser egocéntrica. Pero eso no significa que tenga que gustarnos. Utilizar las formas del cine mudo para hablar justo de la época de su desaparición, en un batiburrillo de descarados sampleados de películas muy posteriores que reflejan la misma época (de El crepúsculo de los dioses a Cantando bajo la lluvia), es peor que poner unas enormes luces de neón justificando al gran público por qué no pueden oír hablar a las estrellas. Ya mencionamos en nuestro recopilatorio de directores invisibles que Guy Maddin lleva más de 20 años haciendo películas mudas de todos los géneros y temáticas sin darse tanta importancia.

The Artist

3. Hazanavicius se pone serio.

El tono alegre de The Artist (y, una vez más, su adscripción a un tipo de lenguaje que muchos espectadores sólo asocian con las películas cómicas) invita a ver con agrado que una comedia pueda ser reconocida en unos premios tan seriotes como los Oscar. Sin embargo, teniendo en cuenta los trabajos anteriores de su director, éste es su título más grave y ampuloso: La classe américaine (1993) se dedicaba a doblar a lo Retrospecter chanante trozos de películas como El Zorro de los océanos, La esclava libre o Todos los hombres del Presidente y el dúo OSS 117: El Cairo, nido de espías (2006) y OSS 117: Perdido en Río (2009) son dos chuflas paródicas sobre el cine de espías de los 50 y 60 con chistes verdes y boberías muy por debajo de la saga Austin Powers. Un melodrama de manual como The Artist, en cambio, es incapaz de soliviantar a ancianitas de edad avanzada. Eso es engolar bastante la voz, Michel.

The Artist

4. Jean Dujardin se repite.

Lo de que Hazanavicius se refugie constantemente en modos pretéritos de hacer cine (las de OSS 117 están rodadas como pelis de James Bond de los 60) pero sin salir del cliché superficial habrá que asumirlo. ¡Pero es que el George Valentin que interpreta Jean Dujardin está lleno de tics y expresiones exactamente iguales al espía OSS 117 que interpreta en las dos películas anteriores del director! Hasta el bigotillo que lleva en sus flashbacks es idéntico al que le han plantado como galán de los años 20. Tendremos que concluir que Dujardin sólo es capaz de clavar el registro de patán; carismático, pero patán.

The Artist

5. La sobreutilización del perro Uggie es ridícula.

Tampoco voy a decir mucho en una época en la que se proyectan películas basadas en vídeos de YouTube protagonizados por perros, pero la presencia de Uggie en The Artist es excesiva y muy cargante, hasta el punto de que se haya convertido en una estrella casi más querida por el público que Jean Dujardin o Bérenice Bejo. ¿De verdad vamos a caer una vez más en el viejo truco del perro majo que hace monadas? Al menos si hubiera sido un gato tocando el piano…

The Artist

6. Esta película te gusta porque Harvey Weinstein así lo quiere.

Al final, todos sabemos qué es lo que mueve unos premios como los Oscar. Y lo cierto es que si The Artist hubiera sido simplemente la película francesa cuyo protagonista ganó el premio de Mejor Actor en Cannes interpretando a un actor de cine mudo, poco más se habría sabido de ella. Pero ahí entró The Weinstein Company, que compró los derechos para distribuir la película en EE UU, y ya sabemos lo en serio que se toma esta gente la machacona promoción de sus películas. Hasta el propio Hazanavicius declaró: “Una vez que [Weinstein] concibe una estrategia, realmente consigue los medios para ponerla en práctica. Y la campaña por los Oscar forma parte de su plan para que la película tenga éxito”. Está claro que gran parte del impacto mediático del filme, que influye tanto en que sea conocido por el público como en el número de copias con el que efectivamente llega a las salas de cine, está sostenido por estos expertos en el precocinado de éxitos y supuestas “grandes películas” de garrafón.