¿Por qué no se canta ‘Cumpleaños feliz’ en el cine?

Respuesta fácil: porque es condenadamente caro. Además, los derechos de autor han agudizado el ingenio para encontrar sustitutos más imaginativos.

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02 de octubre de 2014

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  • [ACTUALIZACIÓN 25/09/2015] Un juez de Los Ángeles ha declarado que Cumpleaños feliz de dominio público. Según la decisión del juez George H. King, el copyright registrado por la firma Clayton F. Summy Company en 1935, de lo que hablamos en el artículo de abajo, se aplica solamente a un arreglo concreto de la canción, no a la obra en sí. Según el juez, Summy no registró la letra de la canción, por lo que la pretensión de la compañía, ahora dentro el Warner Music Group, de cobrar por su uso es “inverosímil y nada razonable”. A partir de ahora, será mucho más fácil y habitual escuchar Cumpleaños feliz en las películas.

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    “Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz”. Una canción imposible de no reconocer, mientras la tonadilla se reproduce en el último estante de tu memoria y terminas la estrofa mentalmente —mientras surge la duda de siempre: ¿es “te deseamos todos” o “te deseamos + nombre felicitado”; se dice que el dodecafonismo de Schönberg pudo nacer de este irresoluble dilema—. Teniendo en cuenta la de veces que has oído y cantado el dichoso tema a lo largo de tu vida y lo enraizadao que está en todos los segmentos de la cultura popular —según el Guinness de los Récords es la canción más reconocible del idioma inglés—, igual te has preguntado más de una vez cómo es que cuando en las películas o en un episodio prescindible de tu serie favorita se celebra el cumpleaños de algún personaje casi nunca suele cantarse la canción que nos sabemos todos.

    Las fiestas de cumpleaños en la ficción pueden cumplir todos los tópicos necesarios en forma de gorros, regalos o tartas con velas, pero nadie parece conocer la tradición del Cumpleaños feliz y siempre se acaban cantando extrañas variaciones o canciones de felicitación ad hoc nunca antes escuchadas y sólo conocidas por los personajes del filme o serie en cuestión. ¿Se trata de una convención narrativa por la cual la gente del cine de ficción vive en un mundo donde no existe Cumpleaños feliz, igual que los personajes de las películas de terror nunca han visto una película de terror? En realidad, existe una explicación más fácil y directa: es muy caro cantar Cumpleaños feliz en una película. Así que la mayoría de las veces sale mucho más barato buscar una alternativa resultona y tachar un gasto superfluo del presupuesto. No faltan ejemplos de esta estrategia.

    Happy Birthday Alternatives in Film and Television from Free Music Archive on Vimeo.

    Porque, pese a que siempre la hayas cantado tan alegremente y prestándole la misma atención que al respirar, resulta que esa combinación precisa de notas no pertenece al acervo cultural inmemorial, sino que es una composición relativamente joven y está bien amarrada por derechos de autor nada complacientes. Por ejemplo, la documentalista Jennifer Nelson tuvo que pagar 1.500 dólares (1.187 euros) para poder utilizar la canción en la película que estaba preparando sobre… la historia de Cumpleaños feliz. Aunque la productora pagó, también llevó el caso a los tribunales el año pasado, como informó The Hollywood Reporter, con la intención de que la canción pasara a dominio público. No obstante, el juicio sigue pendiente de resolución y de momento es un gigante como Warner Music quien ostenta sus derechos de reproducción en obras de difusión pública con ánimo de lucro, aunque la historia de cómo llegó a conseguirlos sea algo complicada.

    Por un lado está la música, obra de las hermanas Mildred Jane Hill y Patty Smith Hill: una organista y una profesora infantil de Kentucky que en 1893 publicaron un libro de canciones escolares entre las que se encontraba Good Morning to All, tonadilla destinada a que los alumnos dieran la bienvenida a la profesora cada día de clase. El tema caló hondo entre la muchachada y algunos alumnos empezaron a cantarlo en fiestas de cumpleaños, cambiando la letra por la sencilla felicitación que conocemos hoy. Por cosas de la viralidad y la transmisión espontánea de memes —que ya existían antes de internet—, la canción se propagó y empezó a aparecer identificada como Cumpleaños feliz en libros de partituras de 1912. No fue hasta los años 30 del siglo XX que Jessica Hill, hermana de las autoras, se dio cuenta de que Good Morning to All podía dar dinero gracias a su expandido uso como canción de cumpleaños en felicitaciones postales —el primer telegrama cantado de Western Union— y musicales de Broadway —As Thousands Cheer, de Irving Berlin—. Aunque su demanda para cobrar beneficios retroactivos no llegó a buen puerto, sí se asoció con la editorial musical Clayton F. Summy Company, que publicó la partitura de Happy Birthday (to You) en 1935 registrando su copyright.

    En 1942, Patty y Jessica Hill crearon The Hill Foundation, Inc. con la intención de recuperar todos los derechos de Happy Birthday (to You)/Good Morning to All incluso de las manos de Clayton F. Summy, pero también sin éxito. Debido a las sucesivas ampliaciones de la ley de protección de derechos de autor en EE UU esos derechos no caducarán hasta 2030; en el caso de la Unión Europea la fecha es 2016, 70 años después de la muerte de Patty Hill, la última autora superviviente. ¿Pero cómo ha acabado la canción en manos de una megacorporación como la Warner Music Group? Para hacer más digerible la ristra de adquisiciones y fusiones del conglomerado multimedia durante las últimas décadas, diremos que la Clayton F. Summy Company pasó a formar parte de la firma de educación musical Birchtree, Ltd., que en 1988 fue comprada por Warner. A día de hoy, ellos son los propietarios de los derechos de Cumpleaños feliz, llegando a embolsarse una cifra estimada en 2 millones de dólares anuales en licencias de utilización pública —la multa por utilización fraudulenta puede ascender hasta los 150.000 dólares—.

    Así que la próxima vez que escuches Cumpleaños feliz en una película o serie, ten por seguro que sus responsables han pasado por caja. Eso sí, esta complicada situación de copyright deja la puerta abierta a soluciones creativas, como que los autores decidan no gastarse el dinero en comprar una canción popular que conoce todo el mundo sino en un reemplazo. Por ejemplo, Los Simpson se lo pidieron a Michael Jackson; quien, a pesar de todo, tampoco la pudo cantar por obligaciones contractuales. Pero esa es otra historia.