Por qué las últimas ganadoras de los Oscar no importan a nadie

Las cosas como son, la Academia no ha galardonado a 'Green Book' como mejor película, más bien se ha conformado… Y esto lo lleva haciendo toda la última década.

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27 de febrero de 2019

Hay un problema con los Oscar. Lo hay porque ya no es cuestión de que al final la ganadora sea al gusto de todos, eso ya da igual. El tema es que el Oscar a mejor película ha dejado de ser relevante para Hollywood, que al final es la industria que premia, y por supuesto mucho menos para la historia del cine.

Llevamos años acumulando una lista de películas ganadoras que no importan a nadie, sobre todo con el paso del tiempo, con los segundos o terceros visionados. Con perspectiva cualquiera puede darse cuenta de que no han supuesto nada grave para la historia, ningún avance sustancial, ninguna historia renovadora, ninguna gran película. GRAN PELÍCULA con todas las letras y en mayúsculas.

¿De quién es la culpa? Nos tememos que del sistema de recuento de votos.

Recuperamos un artículo del experto en esta materia Fernando de Luis-Orueta: Cómo se recuentan los votos para el Oscar a mejor película.

En este artículo Fernando explica cómo es este recuento de votos desde hace ya diez años, cuando se impuso: “El mismo que se lleva aplicando desde 1936 en el proceso de nominaciones, pero que solo se había empleado en la votación final en la categoría reina de 1934 a 1945 y que se usa de nuevo desde 2009, cuando se amplió el número de nominados a mejor película hasta diez”. 2009, justo cuando empieza la debacle…

La cosa es sencilla. Hay dos puntos clave en el sistema:

El primero es que los académicos enumeran del 1 al 8 las películas candidatas de la que más les ha gustado a la que menos.

El segundo es la forma que tienen los auditores de separar las papeletas en montones basándose en la película que más figura en primera posición. Si esta tiene más del 50% ha ganado… pero, según cuenta Fernando en su artículo, esto nunca ocurre. Así que lo siguiente es repartir las papeletas de la película que haya obtenido menor puntuación entre las restantes. Así sucesivamente hasta que una película acumule el 50%.

Resumiéndolo mucho: “Para ganar es necesario recibir votos no sólo en primer lugar sino también en segundo, tercero o cuarto”.

La conclusión es por tanto que las ganadoras lo han sido por consenso, sí, pero el resultado deja en entredicho si ese consenso hace justicia al nivel cinematográfico de un año de películas en Hollywood.

Empecemos por ejemplo con Green Book. Es una muy buena película, condescendiente, bonita, con personajes bien escritos e interpretados, muy disfrutable, emocionante en ocasiones, sentimental, graciosa en otras ocasiones pero es una película olvidable. Con el paso del tiempo Green Book no será otra cosa que aquella película bonita sobre un blanco y un negro que se hacían amigos. No hay nada en ella que pueda ser catalogada como una GRAN PELÍCULA. Una película que ha hecho historia. La mejor de su año… Es, como mucho, la película que gusta a todo el mundo. Por eso ha ganado, claro. Sin embargo, dentro de varias décadas (y esto quedará escrito para futuros improperios) sí que nos acordaremos de Roma como una película gigante o de La favorita como la película de época que reinventó (o al menos retorció) su género.

 

EN TIERRA HOSTIL GANA EL OSCAR EN 2010

En tierra hostil es una película prácticamente perfecta. Un drama bélico que es pura adrenalina. Además, otra de las cosas maravillosas que tiene es que su directora, Kathryn Bigelow (y que también ganó su Oscar) pasa completamente de hacer discursos morales y va directa al grano. Pero en definitiva… ¿Es la mejor película bélica de la historia? Evidentemente no. Hay varias por delante y sin premios. Hoy, años después, En tierra hostil ya no es tan impactante… ha perdido. Pero eso se veía venir, no hablamos con la ventaja del tiempo.

Ese año debería haber ganado… Avatar. Os guste o no, tengáis o no vuestras fobias con James Cameron, este era su año (otra vez). Porque Avatar si cambió el paradigma, si renovó la forma de consumir cine (haya cuajado o no) es un punto de inflexión. A parte de ser una aventura epiquísima (también muy convencional, sí) y llena de romanticismo.

 

EL DISCURSO DEL REY GANA EL OSCAR EN 2011

La sombra de Harvey Weinstein era tan alargada por aquel entonces, que con su presencia arrastrándose por todas las fiestas o eventos preOscar consiguió que esta película digna de Tom Hopper consiguiera, finalmente llevarse el premio. Hoy ya no es ningún misterio reconocer que El discurso del rey aunque es una película estimulante y también elegante, no es en ningún caso memorable o trascendente… Y mucho menos oscarizable. Pero ahí está, en el Hall of Fame para los siglos de los siglos.

Ese año debería haber ganadoCisne negro por ser esa especie de mezcla oscura y perturbadora entre Las zapatillas rojas y Eva al desnudo. O La red social por contar la epopeya del emprendedor más importante de nuestro siglo, contada, además, a través de los diálogos mejor escritos posibles firmados, claro, por Aaron Sorkin. O incluso Valor de ley, la película de unos Coen que consiguen la proeza de mejorar el clásico homónimo. Lo que se dice, matar al padre. Cualquiera de estas opciones hubiera sido mejor y más loable que la ganadora.

 

THE ARTIST GANA EL OSCAR EN 2012

Este sería el caso único en estos diez últimos años de Oscar que la película ganadora es una película que aguanta el tiempo, a la que ama todo el mundo y que supuso una nueva página en la historia del cine. The Artist volvió al tono del musical clásico de Hollywood sin perder la noción del contexto, de los felices años 2010. Es una proeza visual… puro cine y puro entretenimiento.

Como mucho podemos contemplar que ese año muchos pensaban que sería el año de El árbol de la vida…

 

ARGO GANA EL OSCAR EN 2013

Con Argo tenemos el mismo caso que Green Book, una película resultona, bienintencionada, dirigida sin demasiada pasión pero con oficio, con algunas interpretaciones destacadas y que cuenta una historia previsible pero cuyas piezas encajan. Y por supuesto lo más importante: es condescendiente con el espectador dándole lo que quiere. Ni siquiera es la mejor película de Ben Affleck.

Ese año debería haber ganado… La vida de Pi. ¿Acaso existe una película en los últimos 20 años que supere la reflexión que hace aquí Ang Lee sobre la narración y sus posibilidades? Ya os lo digo yo: No. Pero es que, además de eso, La vida de Pi es visualmente preciosa. No se ve… se admira.

 

12 AÑOS DE ESCLAVITUD GANA EL OSCAR EN 2014

Lo único interesante en esta película, de nuevo bienintencionada y poco más, es el personaje de Benedict Cumberbatch, un tipo normal con esclavos a su cargo. No un villano, no un negrero… Un tipo normal como podríamos ser tú y yo si viviéramos en aquella época y tuviéramos capital suficiente para tener tierras infinitas y gente que las trabaje. Solo esto merece la pena, el resto es un despropósito que además no tiene nada que ver con la compleja forma de dirigir de Steve McQueen.

Ese año debería haber ganado… Gravity, la aventura espacial de Alfonso Cuarón o Her, la cinta de Spike Jonze que se atreve a contar, como nadie lo había hecho antes, cómo una inteligencia artificial se enamora de un ser humano. Ambas películas dieron el pistoletazo de salida a los mejores años que el género de ciencia ficción ha vivido nunca en el séptimo arte.

 

BIRDMAN O (LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA) GANA EL OSCAR EN 2015

Con un segundo visionado ya no hacen falta más explicaciones. Es una película terrible que solo sirve (tanto su argumento, como sus personajes, como su estética) para que Iñárritu pueda dar rienda suelta a su técnica como director. Sin importar, y ahí está el pecado, la narrativa… El relato. Eso sí, la banda sonora con un solo de batería constante es, y sigue siendo, una barbaridad.

Ese año debería haber ganado… Boyhood. No hace falta complicarse mucho. Una película rodada durante algo más de una década para acabar con un resultado tan profundo y tan sutil que hoy en día sigue siendo un visionado casi místico. Uno de esos oscars incompresibles. Al parecer ese año los académicos se conformaron con un plano secuencia falso.

 

SPOTLIGHT GANA EL OSCAR EN 2016

Una película sobre periodismo que camina entre el drama y el thriller. Una película necesaria que los Académicos premiaron con muchos segundos y terceros puestos en sus papeletas. Spotlight es eso, un segundo o tercer puesto… Nunca un primero. No es ni tan profunda, ni tan relevante, ni tan mítica como para ganarse el premio más importante del año… Ese que ni siquiera Todos los hombres del presidente tiene.

Ese año debería haber ganado… Mad Max: Furia en la carretera. Una obra maestra incontestable que devuelve el cine de acción a su edad dorada y, de hecho, lo supera. Es una película pura, extraña y abrumadora en todos los aspectos. No pasará de moda jamás. Todo lo contrario que Spotlight que hoy ya huele a alcanfor.

 

MOONLIGHT GANA EL OSCAR EN 2017

Recordemos cómo Moonlight ganó el oscar ese año:

Por esto, y solo por esto, pasará a la historia Moonlight. Una película impoluta en su estética y cobarde en todo lo demás.

Ese año debería haber ganado… La La Land. Da igual que os guste o no, La La Land es el musical más importante de toda una generación (o varias). Es la película en cuya historia de amor, la de Sebastian y Mia, necesitamos creer. Su importancia ya la explicó mejor que nadie Juan Sanguino en su artículo: POR QUÉ LA LA LAND ES LA PELÍCULA QUE MEJOR RETRATA A LA GENERACIÓN MILLENNIAL. Y eso que este año fue el año en el que también competía la película de ciencia ficción más importante desde 2001: Una odisea en el espacio: sí, La llegada.

 

LA FORMA DEL AGUA GANA EL OSCAR EN 2018

2018 fue el año que ganó el cuento adorable. La versión freak de Amélie. La película más maniquea de los últimos años. Todavía nos preguntamos qué le vieron los académicos (aparte de su número musical sacado de The Artist) para darla si quiera un segundo o tercer puesto en sus papeletas. Un año después pocos consideran La forma del agua una GRAN PELÍCULA, ni siquiera la mejor entre la filmografía de Guillermo del Toro.

Ese año debería haber ganado… Call me by your name. Una película sensible que describe como pocas la sensación de enamorarse por primera vez, la furia del verano. La mezcla perfecta entre Rohmer y La vida de Adéle. La película de amor que podemos ver una y otra vez sin cansarnos y desgarrándonos siempre y cada una de las veces.

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