Por qué ‘It: Capítulo 2’ te gusta menos que ‘It’

A pesar de que lo tenía todo para ser una obra de terror redonda ‘It: Capítulo 2’ estropea la experiencia porque está muy por debajo de su predecesora.

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08 de septiembre de 2019

Andy Muschietti tomó la decisión de contar la historia más terrorífica del mundo, la del mal absoluto, el ser que es al mismo tiempo todos tus miedos, de manera cronológica. Al contrario que la obra de Stephen King y también que la primera versión televisiva Muschietti quería cambiar el ritmo de la narrativa y jugar con las emociones del espectador con una especie de miniserie que llega a las 5 horas de metraje en su conjunto y que, si nos esforzamos un poco, podríamos valorar como una especie de Boyhood del terror. 

Sin embargo, a pesar de clarísimos aciertos como el elenco adulto de este Capítulo 2 (una enorme ovación para el papel de Bill Hader como la versión adulta de Richie Tozier), como una ración de secuencias de terror memorables de las que podríamos destacar la visita de Beverly a su antigua casa o el encuentro entre It y una adorable niña bajo las gradas de un partido de béisbol juvenil… A pesar de todo ello esta segunda parte está muy por debajo de su predecesora. 

Ni siquiera haciendo el ejercicio de verlas seguidas podemos salvar este malogrado intento de cerrar la historia de It con una dosis extra de emotividad y terror. Ni una cosa ni la otra funcionan. 

Si estás leyendo esto es porque has salido del cine tras ver el Capítulo 2 raro, con la sensación de que podría haber sido mejor y preguntándote qué diablos ha fallado si con la fascinante primera parte ya estaban todos los elementos sobre la mesa para conseguir un clímax a la altura… Esto es lo que ha fallado:

LA FALTA DE QUÍMICA 

Olvídate de la sensación de camaradería que se construye durante la primera parte de It. Aquí, a pesar de que los personajes se reencuentran 27 años después casi sin acordarse los unos de los otros, nunca llega a fluir esa estrecha relación que se supone deberían tener a medida que la pesadilla avanza. . 

Beverly y Bill no tienen absolutamente nada de química como tampoco la tienen Eddie y Ritchie. Esto genera una serie de escenas incomodísimas donde se supone que los personajes conectan, se unen, se quieren, se ayudan pero donde no hay nada real, nada que traspase la pantalla. Todo es impostado a pesar del esfuerzo de los actores. El elenco más joven funciona muchísimo mejor, siendo, de hecho, los flashback las partes más emotivas de la película. 

Jessica Chastain es una actriz increíble pero funciona mucho mejor en sus escenas en solitario que compartiendolas incluso con James McAvoy, con el que ya ha rodado unas cuantas películas, de hecho el mayor agujero se encuentra entre estos dos personajes. Es extraño verles juntos, hay una sensación de unión impostada. 

LAS DECISIONES DE GUION ABSURDAS

De la misma forma que el argumento de la primera parte funcionaba con total claridad, como un reloj, como si todo ocurriera con naturalidad a pesar de contemplar un mal extremo, sin origen y sin ningún tipo de explicación, en esta segunda parte hay momentos de guión que han sido forzados para llevar la película a donde el director quería llevarla. Esto no sería un error a priori… ¿Qué hay más bello en el cine que dejarnos llevar por las trampas de las películas? Sin embargo, aquí alguien ha escrito con prisas y ha acumulado un par de excusas baratas para llevar a los personajes a un punto a todas luces innecesario para la historia. 

Vamos al grano… ¿A qué viene que los personajes se tengan que separar obligatoriamente para encontrar las reliquias de su infancia? ¿Qué es esto, una yincana, un videojuego e It es el malo final? 

Esta cosa de separar a los personajes es un invento de la película. Se entiende que Muschietti tiene la necesidad de separar a los personajes para darles unas misiones secundarias específicas y de esta forma poder explorar de forma individual los miedos de cada uno de ellos. Esto también lo hace Stephen King de manera mucho más orgánica en la novela y de hecho, al estar tan mal contado aquí, en la película, queda lejos de cumplir su cometido. Como resultado queda un fragmento larguísimo de metraje donde se acumula un susto tras otro de la misma factura. Acaban perdiendo la gracia, claro. 

Los personajes quieren permanecer juntos y tampoco entienden por qué han de separarse. Y contra esto es imposible de luchar por muy guionista o director que seas. Es una decisión tan chunga que el espectador corre el peligro de salirse completamente de la película.

TODOS LOS SUSTOS SON EL MISMO

Los sustos están muy bien hechos. Y si eres de los que pegan un salto del asiento, con It Capítulo dos pegarás más de uno, sin embargo todos son tan parecidos que acabarás por cogerle el tranquillo y podrás incluso echarte un par de cabezadas en mitad de una escena de tensión.

Salvamos la escena de la vieja y Beverly que parece que ha sido ideada por Shyamalan… Una maravilla. También la escena más terrorífica y tensa de la película que sería la rodada bajo las gradas de un partido de béisbol… Sin embargo, el resto de sustos ya los hemos visto. Pennywise apareciendo de repente entre pasillos, en la alcantarilla, en el otro lado de la habitación, convertido en un leproso al otro lado de la cortina, al cerrar el espejo del baño… 

EL ABUSO DE LA BSO Y DEL CGI

Este Capítulo 2 está muchísimo más poblado que el primero de seres fantásticos, asquerosos y perturbadores. Hay de todo: bebés con cuerpo de mosca, cabezas de niños con patas de araña, leprosos, abuelas decrépitas… 

Pero los CGI provocan que cada bicho fantástico pierda fuerza. A cada cual más irreal y por lo tanto menos creíble y al final menos terrorífico. Pero siempre hay una solución para todo y lo que ha hecho el director para solventar este problema de abuso de efectos es atosigarnos con una banda sonora que nos obliga a cada instante a ponernos en alerta. Funciona porque al final nuestro cuerpo se ve obligado a sobresaltarse o relajarse en una dictadura de melodías atronadoras. Un castigo que, desde luego, no merecemos. 

165 MINUTOS Y AÚN NO CONOCEMOS A LOS PERSONAJES

Pero sin duda el peor de los errores que ha podido cometer Muschietti en este Capítulo 2 ha sido tenernos anclados en la butaca casi tres horas para no contarnos absolutamente nada de esos adultos que durante 27 años han estado viviendo éxitos personales y fracasos sentimentales arruinados por un mal que no lograron derrotar en su infancia. 

¿Cómo es posible que en 165 minutos no nos dé tiempo a saber qué sienten, qué desean y cuáles son las pérdidas y anhelos de los protagonistas? 

Durante toda la película observamos a unos adultos que son caricaturas de sus versiones infantiles. Si el metraje consistiera en que los niños han vivido una especie de efecto mágico tipo Big y se han convertido en adultos de la noche a la mañana la película funcionaría de la misma manera. 

Faltan conflictos, falta una evolución… Algo que muestre en pantalla como cada uno de ellos ha pasado por 27 años de experiencias, buenas, malas, aburridas, excitantes… O sea, la vida. Claro que plasmar la vida no es fácil.

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