Por qué hacer una película de ‘Uncharted’ no tiene (demasiado) sentido

Por mucho que nos encante Tom Holland como Nathan Drake, adaptar los videojuegos de Naughty Dog al cine implica un par de problemas

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08 de junio de 2019

La adaptación de Uncharted iba a convertirse en uno de esos proyectos malditos que deambulan por Hollywood sin esperanza de hacerse realidad, pero en el último momento Sony decidió dar un golpe sobre la mesa y darle al film tanto una fecha de estreno (18 de diciembre de 2020) como un director, Dan Trachtenberg. Tras la salida de Shawn Levy como realizador pero el mantenimiento de Tom Holland como intérprete de Nathan Drake, así las cosas, parece finalmente que la película acabará llegando a buen puerto.

A la hora de discernir qué podemos esperarnos de este film, el primer detalle importante es, sí, la propia presencia de Holland. La juventud de este intérprete dejaba claro (tal y como el estudio no tardó en confirmar) que las aventuras cinematográficas de Drake tendrían lugar en etapas anteriores a lo visto en sus videojuegos, dentro una maniobra similar a la realizada con Spider-Man con el propio Holland interpretándolo (en el Universo Cinematográfico de Marvel), además del debut de Miles Morales en la formidable Spider-Man: Un nuevo universo.

Dado que los fans de esta saga desarrollada para PlayStation por Naughty Dog ya han tenido oportunidad de conocer al protagonista en su versión juvenil (teniendo los flashbacks un papel importante en dos de sus entregas), esta decisión no deja de tener cierto sentido, y de refrendar la elección del vivaz y carismático Holland como un Drake bastante adecuado. Pero, realmente, ahí terminan las facilidades.

¿Es posible hacer una buena película basada en un videojuego?

Es sin duda la gran pregunta y una que, junto con la adaptación de animes, lleva tiempo siendo una tarea pendiente para Hollywood. Los ejemplos son numerosos y para todos los gustos, empezando por supuesto con la delirante Super Mario Bros. de 1993 pero teniendo continuidad con descalabros más recientes como Assassin’s Creed o Warcraft: El origen (a la que curiosamente, más allá del correspondiente varapalo crítico, no le fue demasiado mal en la taquilla china). La lista de infamias es larga y capaz por sí sola de que muchos fans auguren automáticamente que la película de Uncharted sea un desastre. Porque, parece, no le queda otro remedio.

Últimamente, sin embargo, han surgido razones para creer. Las recientes Tomb Raider y Detective Pikachu, sin ser en absoluto grandes películas, sí poseían una absoluta dignidad como blockbusters capaces de seducir al público sin tomarlo por tonto, y quizá lo más conveniente sea que Trachtenberg y su equipo reparen en los logros de esta dupla. En el caso de la película protagonizada por Alicia Vikander (que por afinidades argumentales es el que más nos importa), la clave estuvo en mantener las principales características del juego que la inspiró, paralelamente a darle un tratamiento cinematográfico de suficiente atractivo.

Así, alejándose de las fantasmadas pajilleras que representaban tanto los primeros juegos de Lara Croft como los film de Angelina Jolie, Tomb Raider prefería recrear tanto el argumento como el espíritu del reboot que la franquicia sufrió en 2013 a manos de la escritora Rihanna Pratchett. Lo que, en la práctica, condujo a que viéramos a una Lara más humanizada que nunca que sudaba, sufría heridas y se retorcía de dolor en el suelo tras una pirueta mortal, viéndose involucrada además en una angustiosa aventura de supervivencia.

La película de Roar Uthaug dependía para su éxito de la total entrega de Vikander y, sí, se las apañaba para aterrizar de pie. Su caso, como el de Detective Pikachu recreando fielmente el videojuego homónimo, parece demostrar que es más fácil triunfar cuanto menos te despegas del material original, y mejor interiorizas las claves de su narrativa. Algo que podría justificar el fracaso de otras adaptaciones que, queriendo enarbolar la etiqueta de “originales”, se estrellaban por todo lo alto (Super Mario Bros. es la mejor muestra de esto), pero que también podría suponer un problema para Uncharted.

La saga que creció junto a su protagonista

¿De qué va la saga Uncharted? Pues es sumamente fácil de resumir, y en muy pocas palabras. La saga Uncharted va de las aventuras de Nathan Drake (voz y gestos de Nolan North), un cazador de tesoros canallita y encantador capaz de tener siempre guardada una frase ingeniosa con la que rebajar la tensión del momento. Su debut tuvo lugar en 2007 a través de Uncharted: El tesoro de Drake, y la directora encargada de ponerlo en pie (Amy Hennig, absoluta eminencia del mundo de los videojuegos) nunca ocultó cuál era su intención primordial: encauzar el espíritu de las películas de Indiana Jones a través de un juego de acción desenfrenada.

Las claves del primer Uncharted, por ello, cabe achacarlas a una espectacularidad en orgánica combinación con las aventuras plataformeras en las que Naughty Dog llevaba tiempo especializándose (como demuestra su trabajo al frente de las sagas de Crash Bandicoot y Jak & Daxter). En la segunda entrega (El reino de los ladrones), no obstante, Hennig extremó el ingrediente de la espectacularidad nada más comenzar el juego, con una primera fase adrenalítica que encontraba a Drake tratando de escalar un tren suspendido encima de un precipicio.

Uncharted 2 condujo por tanto estos ingredientes a una perfección formal, pero aquí no concluirían los avances de la saga. En Uncharted 3: La traición de Drake Amy Hennig y su equipo realizaban el intento más serio hasta la fecha de introducir profundidad argumental en las aventuras de su protagonista, tratando de que este evolucionara de arquetipo molón a personaje con todas las letras que incluso tenía un pasado (y ahí es cuando fueron inaugurados los flashbacks a los que Tom Holland, teóricamente, dará continuidad). El paso lógico, llegados ese punto, solo podía ser algo como Uncharted: El desenlace del ladrón, entrega final de la saga y un absoluto hito en la historia de los videojuegos.

El desenlace del ladrón, en cuya producción Neil Druckmann acabó relevando a Hennig, poseía un guión elaboradísimo que deconstruía a su protagonista y tejía la trama no tanto en base a la tradicional búsqueda del tesoro como a partir de sus relaciones personales. Con Elena, su esposa, y con Sam, su hermano al que creía muerto hasta entonces. Y, si pensabas que todas estas decisiones pugnaban por hacer de El desenlace del ladrón lo más parecido al Indiana Jones y la última cruzada de la saga Uncharted, felicidades, porque eso es justo lo que consiguieron Druckmann y los suyos. Y de qué manera.

El problema del lenguaje

La relación de Uncharted con las películas de Steven Spielberg no se reduce a la puesta en escena y al ritmo que tanto Hennig como Druckmann quisieron conservar, sino que también ha ido con el tiempo ampliándose a cuestiones más sutiles y ambiciosas. Teniendo claros los paralelismos entre La última cruzada y El desenlace del ladrón (intentos formidables de insuflar profundidad al personaje y delimitar su lugar en un mundo no demasiado ajeno al nuestro), la ambición de los juegos de Naughty Dog por aunar guiones complejos también ha acabado derivando en una asunción progresiva del lenguaje cinematográfico.

Sobre todo a raíz de El reino de los ladrones, pero perfeccionada con la entrega siguiente y, sobre todo (sin salirnos de Naughty Dog), en The Last of Us. Este juego también fue dirigido por Druckmann y su influencia en El desenlace del ladrón es más que evidente, al tiempo que la decisión de Hollywood de realizar una película basada en su historia se antoja tan problemática como el propio film de Uncharted. Su buceo en el lenguaje del cine (retomando planos, diálogos y formas de planificar la acción) sirvió para dotar a la historia de más fuerza, y todo estaba preparado para que El desenlace del ladrón supusiera un punto y aparte.

Hablando claro, el guión de la cuarta entrega de Uncharted es potentísimo y capaz de trascender por sí solo la historia del medio, como resume esa escena en la que Nathan y Elena echan una partida al Crash Bandicoot (primer gran éxito de Naughty Dog). Con semejantes mimbres, es muy difícil que esta fuerza tanto conceptual como expresiva (y capaz de abrazar cimas narrativas desconocidas por el cine) vaya a poder mantenerse en una película al uso, y a lo máximo que podría aspirar el film de Trachtenberg es a recrear puntualmente la sensación de jugar.

Como hizo, por ejemplo, el cortometraje protagonizado por Nathan Fillion. Pero, siendo realistas, hay muy pocas probabilidades de que este calco de las dinámicas videojueguiles fuera suficiente para ensamblar un largometraje al uso. ¿Recordáis esa escena bochornosa de Lara resolviendo rompecabezas de colores en la última Tomb Raider? Pues eso.

Una nueva esperanza

Todo apunta, en efecto, a que Sony y el equipo que ha reclutado para adaptar Uncharted está atado de pies y manos. En caso de tomar la decisión más lógica y adaptar la apasionante historia de los dos últimos juegos (como, a tenor de la elección de Holland, es esperable que acabe haciendo), la película se toparía con la incapacidad de conservar la magia que poseen momentos como el jugador controlando al aventurero mientras camina por el desierto en La traición de Drake. O haciendo lo propio cuando este afronta su jubilación haciendo tontunas al comienzo de El desenlace del ladrón.

Si intenta lo contrario y ensaya una historia totalmente nueva que trate de replicar el espíritu de los juegos, en cambio, Trachtenberg y los suyos se enfrentarán de forma aún más ruidosa con la insuficiencia del cine para recrear la relevancia de Uncharted. Su película, por tanto, parece resignada a constituirse como un producto menor, una nota a pie de página en la rotunda historia que han construido Hennig, Druckmann y compañía. Pero podría existir una tercera vía.

Y esta es la que tiene que ver con lo que dijo Shawn Levy, destinado a dirigir en compases anteriores de la producción. Este cineasta aseguró que su intención era que Uncharted se convirtiera en “el Indiana Jones de la generación que no tuvo Indiana Jones”. Utilizando parte de su background como excusa (y limitándose a confirmar el cásting de Bryan Cranston, que sería un magnífico Sully), la película de Sony podría tomar el testigo del arqueólogo ahora que este está punto de jubilarse. Y más teniendo en cuenta que, según palabras de Harrison Ford, no hay opciones reales de que algún otro actor interprete a Jones.

Todo está dispuesto para que, luego de Indiana Jones 5, Nathan Drake pueda ser su heredero; tan sólo tendría que serlo como criatura cinematográfica que no dependa estrictamente de los juegos, y siga su propio camino. En caso de que la película se obstine en depender de ellos la batalla estará perdida, pero podría haber una posibilidad si todos asumen lo que Nathan Drake puede darle realmente al cine y a las nuevas generaciones. Que no es otra cosa que continuidad, y determinación por que la aventura nunca termine.

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