Por qué ‘Gravity’ no debería ganar el Oscar

Te damos cinco razones por las que la película de Alfonso Cuarón debería perderse en el espacio como Sandra Bullock. Por MARILÓ GARCÍA

26 de febrero de 2014

Queda menos para los Oscar y en CINEMANÍA ya le estamos dando lo que se merece (es un decir) a las películas nominadas. Hemos cortado el traje años 50 a Philomena, resumido el naufragio de Capitán Phillips, destapado el fraude de La gran estafa americana, y, como no podía ser menos, vituperado a la principal competidora de Gravity, 12 años de esclavitud. A la película de Alfonso Cuarón le hemos buscado las costuras y es que no hay nada como ese traje de astronauta a medida que luce Sandra Bullock en su peripecia por el espacio –en 3D– más comentado desde Kubrick.

 

Mejor director, pase; pero, ¿mejor película? ¡No!

Si hubiésemos preguntado a Cuarón cuando sólo era un niño nos habría confesado dos secretillos. Uno podía hacerse realidad: soñaba con ser director de cine, algo que ya ha demostrado con creces. El otro parecía más de película, inalcanzable: ser astronauta. No es lo mismo, claro, pero con Gravity Cuarón ha debido sentirse la mar de feliz, completo. El mexicano me cae bien, hasta me hizo gracia su incursión en el cine blockbuster con la entrega de Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Pero para qué engañarnos, a la hora de darle un Oscar por su último trabajo me surgen muchas dudas. Lleva años nominado en diferentes categorías en los Oscar (opción a mejor guión, entre otros, con Y tu mamá también e Hijos de los hombres)–, pero nunca ha pescado nada. Todos dicen que éste es su año, con 10 nominaciones, lo que tampoco justifica que deba llevarse el premio gordo (ya tendremos nuestra dosis sentimentaloide si gana Leonardo DiCaprio frente a Matthew –a pesar de todo, THE BEST– McConaughey). Cuarón sí ha ganado como mejor director en los Globos de Oro y en los BAFTA, entre otros premios. Por ello, que se contente con un Oscar en esta categoría y con ser la número 1 en el top de Empire, y deje de soñar con el de mejor película, que ha llegado al límite en su cupo de deseos.     

Una película sin alma

Salir de la sala de cine, visiblemente mareada, tras vivir una experiencia única en 3D, no quita para que me plantease cuál era el mensaje de Gravity si es que tiene alguno. No es extraño que uno de los mejores amigos de Cuarón sea James Cameron: cuando se estrenó Avatar en 2009, el mexicano vio el cielo abierto. En el caso de Gravity, el universo –hacia el infinito y más allá– porque ésa era la tecnología necesaria para hacer realidad su particular 2001: Una odisea del espacio. En efecto, técnicamente Gravity se sale (la mayoría de las críticas positivas redundan en su calidad visual). No hemos visto nada igual y Cameron se sentirá muy orgulloso (o envidioso) del resultado. De hecho, llegó a decir que era la mejor película espacial que se había hecho nunca. Pero una vez que apartamos el formato, los medios, ¿qué nos queda? Nada que ver con Kubrick. Gravity es puro entretenimiento, pero no nos remueve por dentro. No hay controversia para esta alegoría, no hay un trasfondo espiritual o revulsivo para el hype del año. El mensaje final (ojo posibles spoilers) es que los rusos qué malos son, China nos salva y la Bullock renace saliendo del agua, enderezándose con dificultad y sufriendo esa gravedad de la que habla el título (fin de espoilers). En definitiva, olvídate del trasfondo filosófico y conténtate con las volteretas Circo del Sol Style de la Bullock. Que la contraten en Las Vegas.

 

Efectista y, sobre todo, previsible

Hablar de este punto sin contar el final de la película es imposible. Así que si no has visto Gravity mejor no sigas leyendo. Todo resulta previsible en Gravity: sabes que va a haber un accidente (vale, es lo lógico, ya lo adelantan los trailers, y sin esto no habría historia), sabes que la Bullock se va a quedar sola en el espacio (ella es la absoluta protagonista), sabes que el regreso de Clooney no puede ser más que una alucinación (hombre, te puede hacer ilusión creer que está vivo, pero es IMPOSIBLE que pueda volver, lo que importa es el sacrificio anterior que ha hecho el personaje y ya) y sabes que la Bullock va a conseguir sobrevivir, porque es una luchadora, no se rinde, y porque Gravity tiene que tener algún tipo de moraleja final y darle sentido a esa ‘gravedad’ de la trama. Eso es lo máximo en una película sin dobles lecturas y con un final cerrado. En una película en la que vemos un accidente similar –Europa One (2013), dirigida por Sebastián Cordero con Sharlto Copley–, y aun sin ser para tirar cohetes, el desarrollo y el final resulta bastante más sorprendente. Mientras sonríes absorto con las imágenes que te hacen sentir chiquitín y te dejas llevar con la boca abierta te das cuenta pronto de que la historia de Gravity se resume en: chica perdida en el espacio consigue volver a casa. Por cierto, cuando vi a Clooney que desaparecía del mapa sin quitarse el casco, me dije: ‘Este tío tiene que volver. No me puedo creer que no le vayamos a ver el careto’. ¿No lo pensaste? Así fue.

 

Actores interpretándose a sí mismos

El personaje de Sandra Bullock podría haberlo interpretado Angelina Jolie, pero el encarecimiento de la producción echó para atrás esta posibilidad. Al mismo tiempo, habían pensado en Robert Downey Jr. antes que en George Clooney. Ellas, ambas, pueden mostrar ese lado luchador, de autosuperación. Ellos encajan en el perfil de optimista graciosillo. El problema es que la elección final de Bullock-Clooney ha traído todo tipo de comentarios malignos. Empezando porque los ves a ellos y no a los personajes. La Bullock con su cara de sargento, como de amargada sin causa, parece de cartón piedra en muchas ocasiones. Si la hubiesen recreado estilo Avatar nos hubiera conmovido igual. Cero. De hecho, la actriz fue nominada a mejor personaje de animación. Por no hablar del pelo. Que Cuarón se recree en su cuerpo atlético llega a cansar. Por eso, se han esforzado en vender el duro entrenamiento al que se ha sometido la actriz. El caso de Clooney es más sangrante. Realmente pinta poco, y mucho menos con el casco puesto. Al menos de ahí salió uno de los mejores chistes de Amy Poehler y Tina Fey en los Globos de Oro, al insinuar que Clooney huía de la nave porque la Bullock era de su edad. De haber sido dos actores desconocidos sus peripecias nos hubieran interesado aún menos. Jamie Foxx también lo cree así.

 

Detalles ridículos

Obviando que no todo lo que cuenta Gravity es real, sí hay detalles que no pasan desapercibidos y que parecen más propios de alguna comedia protagonizada por la Bullock. Que George Clooney, como confesó, idease la escena de la alucinación, dice mucho de la película en general. Esa escena, al menos, da un poquito que pensar (¡hola Solaris!).  ¿Qué más cosas no estaban en el guión original de Cuarón que no se han contado ni se contarán? (Hasta se habló de un final alternativo). Más detalles surrealistas. Apretar botones en chino porque sí. Manuales en ruso y en chino con unos dibujos que ni para niños. Propulsarte con un extintor como si fueras Wall·e. La escena final en el agua (con la que muchos piensan en El planeta de los simios), con ese ángulo en escorzo como si la Bullock fuera Godzilla demostrando lo grande que es el ser humano, en fin… Gravity pasará a la historia por removernos el estómago, pero queda lejos de la perfección si no consigue alimentarnos el espíritu.

 

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