Por qué ‘Argo’ no debería ganar el Oscar

Aparece la primera en todas las encuestas y va por ahí coleccionando galardones. Aquí van pelucas, jingles y otras razones por las que Ben Affleck debería 'argo fuck himself'. Por ANDREA G. BERMEJO

20 de febrero de 2013

Que sí, que es una injusticia que no hayan nominado a Ben Affleck a mejor dirección. Que vale, que ya sabemos que todo lo que Argo no rascará en los Oscar se lo está llevando de calle en el resto de los certámenes Baftas, Globos de Oro, Writers Guild Awards, etc–. ¡Si hasta es la favorita de Roger Ebert! Bueno, pues nos da igual. Dentro de nuestro serial quisquilloso con las películas nominadas a los Oscar –aquí no se salva nadie: ¡ni el tigre catequista, ni esos miserables, ni siquiera Haneke!– ha llegado el momento de ponerse tacañones con la que muchos consideran la película más redonda del año. Eso sí, antes de empezar: “Argo Fuck Yourself!”.

 

1. Aquellos maravillosos 70

Vale que no son los grisáceos años de la guerra fría, que Argo queda más cerca estilísticamente de Fiebre de sábado noche que de la maravillosa El topo (Tomas Alfredson) y que Ben Affleck hace lo que puede con esos polos de elastano ajustable y cuello de pico. Vale a los chalecos, a las gafas de duralex –¡hola, Cuéntame!– y a los peinados con raya al medio. Pero no, no y ¡no! a los pelucones. Porque muchos espectadores todavía tendrán memoria de cómo fueron los finales de los años 70 y no colará, ni eso ni el grano de la película, ni los colores ni el diseño de arte. Hay algo en la ambientación de Argo que no termina de ser creíble, que le hace parecer una fiesta de disfraces, gente vestida como si viviese de pronto en los años 70. No puede ser –hablo totalmente en serio– que las calles del madrileño barrio de Malasaña estén mejor ambientadas que una producción hollywoodiense.


2. ¿Dónde está la tensión?


Ni thriller ni comedia. Uno de los principales problemas de la gran favorita en las encuestas es que no se decanta por ninguno de los dos géneros. Ni nos hace reír a carcajadas –los secundarios Alan Arkin y John Goodman se quedan en anécdota– ni nos contagia la intriga del auténtico cine político o de espías cargado de intrigas y despachos. Su guión –también nominado– es farragoso, aburrido, carente de la energía que demostraron los anteriores filmes de Affleck. Con lo fácil que era ir a la hemeroteca y copiar la crisis de los rehenes de Irán tal y como salió en los periódicos.

 
3. El hombre blandengue

Vamos, Ben, ¿nos tomas por tontos? La subtrama amorosa de Rebecca Hall en The Town (Ciudad de ladrones) colaba, ¿pero a quién intentas engañar con esta historia sensiblona de padre divorciado afligido por la ausencia de su hijo que se redime salvando a unos rehenes de Irán? No hacía falta. Además, el puchero no te sienta nada bien. No mentaremos la bicha, Ben, pero haznos caso… tú cuanto más aséptico, mejor.

 
4. Clooney hasta en la sopa

Mira que nuestro amor viene de lejos –de Urgencias–. No hace falta repetir que eres guapo, rico, listo y políticamente activo y tienes una casa con embarcadero en el lago de Como. Pero Clooney, empiezas a estar hasta en la sopa. Y sobre todo… ¿para qué producir un thriller ajeno que está regulero si lo puedes dirigir tú mismo? Sinceramente, Los idus de marzo,  que no se comió un colín, te quedó mucho mejor.

 
5. Un lema ‘argo’ mejor es posible

Buen intento, pero no. Lo sentimos. El lema no nos inspira nada. ¿Argo Fuck Yourself? Pssssse. . Para un rato está bien, sales del cine y haces la broma con los colegas, pero mañana se te ha olvidado. En serio, es poco espontáneo, rebuscado, poco pegadizo. Será por la lengua madre o, quizás, porque Argo, la película-coartada con la que Affleck saca a los rehenes de Irán no aparece más que en el guión –con lo divertido que hubiese sido ver a todos esos espías vestidos de hombres lagarto–. Sencillamente, haz la prueba. Vete a ver No y luego nos cuentas si la alegría ya viene. ¿Argoderse en el doblaje español? Sin comentarios.