Por qué adoramos a Julia Roberts

Desde hace dos décadas, la flamante ganadora del Premio Donostia en el Festival de San Sebastián ocupa un lugar en nuestros corazones. ¿Quieres saber por qué?

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21 de septiembre de 2010

PORQUE EMPEZÓ DESDE ABAJO

La película: Magnolias de acero (1989)

Los años ochenta llegaban a su fin, y en Hollywood acechaba una nueva generación de estrellas. Entre las cuales destacaba una jovencita (21 años) de Smyrna, Georgia, que comenzó a destacar en una serie de filmes de mediano presupuesto como Mystic Pizza o este dramón sureño con una antológica colección de maris de peluquería: Shirley McLaine, Daryl Hannah y la inmensa Dolly Parton dieron la alternativa a nuestra heroína, que se llevó una nominación al Oscar y el pasaporte a la fama.

POR DEVOLVERNOS LA FE EN EL AMOR (Y EN EL CINE)

La película: Pretty Woman (1990)

“La historia de Putanieves y el príncipe”, como la definía una de sus compañeras de trottoir,convirtió a Julia en una gran estrella gracias a sus amoríos con Richard Gere, financiero sin escrúpulos. ¿Por qué? Pues porque, estrenando década (los optimistas 90), el público devoró una comedia dramática a la vieja usanza. Ya fuese por la combinación sexy de una bañera con la música de Prince, por la buena pareja que hacía con el ex American Gigoló o por un guión sencillo y con final feliz, lo cierto es que, con Pretty Woman, Julia Roberts hizo historia.

PORQUE TIENE MAGIA EN EL CUERPO

La película: Hook (1991)

De los tres títulos que una meteórica Julia Roberts estreno en 1991 (Durmiendo con su enemigo Elegir un amor completaban la terna), Hook brilla con luz propia. No por su calidad, ya que hablamos de uno de los títulos menos lucidos de la carrera de Steven Spielberg, sino por demostrarnos que la actriz se movía con soltura en territorios distintos a los del dramón y la comedia romántica. Como le recordaba a un Robin Williams más despistado aún que Dustin Hoffman, si más es menos, ella era infinita.

POR SER UNA ‘CHICA WOODY ALLEN’

La película: Todos dicen ‘I Love You’ (1996)

Anda que no es listo ni nada, el amigo Woody: no contento con marcarse un filme musical (una de sus más secretas pasiones), ni con aupar al estrellato a un Edward Norton incipiente, el neoyorquino de las gafas orquestó una trama psicoanalítica (con una ayudita de Natalie Portman, pequeño demonio) para llevarse al huerto a la que ya figuraba en los rankings como actriz más poderosa de Hollywood. Julia cedía (momentáneamente), suponemos que porque nunca oía cantar al artista.

POR SER LA MARILIENDRE PERFECTA

La película: La boda de mi mejor amigo (1997)

Tras haberla visto haciendo de prosti, de hada, de mujer maltratada y de criada del mismísimoDoctor Jeckyll (Mary Reilly, 1996), ¿qué faceta de Julia Roberts nos quedaba por conocer? Pues la de mala malísima. Siguiendo sus artimañas para arrebatarle el novio a la pobre Cameron Diaz, esta comedia con tintes clásicos nos descubrió a Julia como la amiga que todo gay quisiera tener: sofisticada, cosmopolita y tan pérfida que uno siempre parecerá un santo comparado con ella.

POR SER UNA ESTRELLA ACCESIBLE

La película: Notting Hill (1999)

Tan accesible resultaba Anna Scott, la actriz encarnada por Julia en esta comedia romántica, que al pánfilo de Hugh Grant le bastaba con verla aparecer por su librería para saber que había encontrado el amor verdadero.  Versión en negativo de Pretty Woman según algunos, revisión de viejos mitos sobre el estrellato según otros, Notting Hill es la responsable de que muchos (y muchas) se estremezcan al son de las canciones del soulman Bill Whiters.

POR SER PELEONA

La película: Erin Brockovich (2000)

Un Oscar, como la fama, es algo que hay que ganarse. Con sudor. Por eso Julia Roberts recurrió a un director de prestigio (Stephen Soderbergh) y a un guión de esos que empiezan con la frase based on a true story. En concreto, la de una madre soltera que aprovechó su trabajo como pasante en un despacho de abogados para destapar, ella solita, los tejemanejes contaminantes de una gran empresa. Tras verla así, tan militante, en la gran pantalla, a pocos nos quedó una duda de a quién iba a ir la estatuilla dorada. Y así fue.

POR SABER PEGARSE UNA BUENA FIESTA

La película: Ocean’s Eleven (2001)

Tras el Oscar y sus fastos, a la Roberts y al Soderbergh les correspondía organizar una juerga para celebrarlo. De modo que llamaron a un selecto grupo de amigos (George Clooney, Matt Damon, Brad Pitt), escogieron el lugar (Las Vegas, y sus casinos) y aprovecharon el guión deLa cuadrilla de los once (vehículo de lucimiento para Frank Sinatra y sus amigos) para marcarse un desfase cool, la película más divertida con mucho del director de Traffic. La panda repetiría tres años más tarde en Ocean’s Twelve, hiperbólica secuela con Tess Ocean en el papel de Julia Roberts.

PORQUE SABE SUFRIR

La película: Closer (2004)

Julia, amiga, ¿quién te manda a ti meterte en un lío de cuernos y traiciones? Vale que está basada en una obra teatral de éxito (firmada por Patrick Marber), que dirige Mike Nichols (veterano con garra) y que, con un reparto compuesto por Clive Owen, Jude Law y una Natalie Portman con peluca, sólo faltabas tú para completar el estelar elenco. Pero es que en esta película se sufre mucho. Muchísimo. Es el tributo que hay que pagar por una de tus mejores intervenciones como actriz dramática.

PORQUE PUEDE PROVOCAR UNA GUERRA

La película: La guerra de Charlie Wilson (2007)

Una seña de identidad de los buenos actores: los directores de talento se pegan a ellos como lapas. De ahí que, tras el éxito de Closer, Mike Nichols decidiera sorprendernos con una película tan discreta como candente. Tom Hanks es el congresista sin escrúpulos que sienta las bases del terrorismo islamista, y nuestra Julia la amante vivalavirgen cuyas sugerencias dan lugar (qué cosas) a la fundación de Al Qaeda. Y lo mejor de todo: es una comedia.

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