Pesadilla en la cabina de proyección

'El gran hotel Budapest' no es el único caso en el que los cineastas intentan asegurarse de que su obra se vea en buenas condiciones.

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21 de marzo de 2014

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  • El gran hotel Budapest, la nueva película de Wes Anderson, cuenta una historia que se desarrolla durante varias épocas históricas. Para marcar esa diferencia cronológica, el director ha decidido filmar cada momento histórico rindiendo homenaje a su cine característico, al menos en lo que a la relación de aspecto de las imágenes se refiere, es decir a la proporción entre su alto y su ancho. Dado que la mayor parte de la narración tiene lugar en 1932, año en el que la relación 1.33:1 (pantalla cuadrada) se convirtió en el estándar (Academy ratio), ése es el formato utilizado por el cineasta durante más tiempo (aunque en realidad se trate de un 1.37:1, como explica el propio Anderson en Slate). Para las secuencias que tienen lugar en 1968, la imagen se hace panorámica hasta alcanzar el espectacular 2.35:1, muy frecuente durante la época. Por último, para las breves escenas de 1985 a la actualidad, pasamos al 1.85:1 al que estamos tan habituados, ya que es el formato panorámico actualmente mayoritario en películas y televisiones. El salto entre relaciones de aspecto dentro de la película no es una novedad de El gran hotel Budapest (por ejemplo, piensa en la reciente Oz, un mundo de fantasía), pero constituye una parte fundamental de la visión artística de Anderson y sus intenciones narrativas para la historia, por lo que pasarlo por alto resultaría catastrófico.

    Conscientes de su importancia, la distribuidora Fox Searchlight acompaña las copias de la película en EE UU de estas instrucciones para la cabina de proyección, donde se indica la forma correcta de exhibir la película. En el papel se avisa de que, pese a los cambios de formato, la proyección debe ajustarse a 1.85:1 con el logo de la distribuidora, no después, para que no se pierda imagen en las variaciones posteriores. También se dan indicaciones sobre el volumen y luminosidad óptimos.

    El Gran Hotel Budapest

    Aunque se trate de un caso llamativo por su particularidad, esta práctica tampoco es exclusiva de la película de Wes Anderson, y resulta habitual con mayor o menor grado de detalle. Las instrucciones/recomendaciones de proyección pueden ir de lo meramente burocrático a casos tan concretos y llamativos como los siguientes.

    Pixar

    Pixar

    La gente del estudio del flexo pone una gran dedicación y empeño en el control del modo en que sus películas terminan llegando a quienes se sientan en una butaca dentro de una sala de cine para verlas. De hecho, tienen una página web dedicada exclusivamente a comunicarse con los proyeccionistas. Con mensajes como este: “La presentación lo es todo; tu trabajo es importante para nosotros. Hemos pasado años realizando las imágenes y sonidos de esta película y ahora está en tus manos. Confiamos en ti para darle a tus clientes una proyección perfecta”. La web muta con cada nuevo estreno, por lo que actualmente sigue la versión dedicada a Monstruos University. Además de las instrucciones para cada tipo de proyección (copias en 35 mm., digitales en 2D y en 3D), hay un mensaje personal del director Dan Scanlon dirigido a los proyeccionistas y dueños de cines: “Pensamos en vosotros como una extensión de la familia Pixar y apreciamos que vuestro nivel al proyectar Monstruos University sea tan alto [como el nuestro al realizarla], sabemos que os encanta brindar a vuestro público proyecciones perfectas. Sois nuestros guardianes de la calidad. Por favor, tomaos el tiempo necesario para ver la película antes de su primera proyección y asegurar que la imagen es brillante y enérgica y los niveles de sonido son los adecuados. Cuento con vosotros para ayudarme a llevar mi película al público de la mejor manera posible”. Incluso organizan un concurso para premiar al mejor proyeccionista con una visita a sus estudios.

     

    Stanley Kubrick

    Stanley Kubrick

    Un director tan meticuloso, detallista y obsesivo como el neoyorquino no podía permitir que sus años de preparación y largas horas de rodaje componiendo milimétricamente los encuadres y trabajando hasta conseguir la cantidad de luz adecuada se fuera por la borda por culpa de un proyeccionista poco atento. De hecho, seguro que al autor de 2001: Una odisea del espacio le daba rabia no poder encargarse él mismo de la proyección de sus películas en todo el mundo para conseguir una calidad óptima. En 1975, con motivo del estreno de Barry Lyndon y sus escenas iluminadas con velas, mandó esta carta personal a los proyeccionistas con sus indicaciones, subrayando incluso el tipo de música que debía sonar en las salas antes del inicio del filme, durante su intermedio y al final de la proyección.

     

    Terrence Malick

    Terrence Malick

    El director texano empezaba su carta dirigida a los cines que proyectaban El árbol de la vida afirmando que “aunque la correcta proyección cinematográfica está convirtiéndose rápidamente en un arte olvidado, considero a los proyeccionistas los últimos artesanos de la exhibición cinematográfica y os imploro ayuda para llevar El árbol de la vida adecuadamente a la gran pantalla”. Aunque Malick se esforzaba por resumir las instrucciones precisas de proyección para su película ganadora de la Palma de Oro, ya sabemos que en algunos cines le hicieron muy poco caso.

     

    David Lynch

    David Lynch

    Para la proyección de Mulholland Drive, el genio de Montana tenía dos peticiones muy concretas: subir el volumen a tope, para que la opresiva banda sonora de Angelo Badalamenti penetrara bien en el cerebro  del respetable junto a ese sobrecogedor momento Llorando en el club Silencio, y dar un extra de espacio a la imagen por la parte superior. Lynch no sería él mismo si no dejara alguna que otra nota de misterio al final al finar de cualquier mensaje, ¿no? 

     

    Michael Bay

    Michael Bay

    La preocupación por las correctas condiciones de proyección del trabajo propio no es ninguna exclusividad de autores con reconocimiento crítico. Alguien tan poco sospechoso de dedicar una gran reflexión al discurso artístico de sus obras (y bien que hace) como Michael Bay quiso ponerse en contacto con los proyeccionistas de Transformers: El lado oscuro de la Luna para que no racanearan en potencia lumínica de los proyectores y dejaran las imágenes 3D de su filme tan oscuras y faltas de definición como, por desgracia, suele ser práctica habitual en algunas salas sin respeto hacia sus clientes. En vez de cerrar con esa animosa “Hagamos que el público vuelva a creer” que empleó, habríamos preferido que Bay amenazara con volar por los aires los cines que tuvieran intención de bajarle la luz a sus primorosas explosiones y orgías mecánicas. A ver si así le hacían caso.

     

    David Yates

    David Yates

    David Yates

    El tema de la luminosidad en las proyecciones 3D no era ninguna tontería, sobre todo en aquellos años locos donde se buscaba por todos medios la implantación del formato (¿te acuerdas?) y se estrenaban películas estereoscópicas a porrillo, la mayoría de las veces fruto de conversiones de postproducción que oscurecían aún más la imagen. Esta situación chocaba con cines no dispuestos a gastar demasiado en la potencia lumínica, dando como resultado proyecciones realmente deslucidas y enervantes. Cuando la conclusión de la saga Harry Potter llegó a los cines, el director David Yates mandó a las cabinas de proyección una carta de dos folios pidiendo por favor que no le hicieran la faena de bajarle la luz a Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte 2. Las peripecias del joven mago ya se habían ido oscureciendo ellas solas en tono durante cada entrega anterior.

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