Películas que hacen estallar el termómetro

Agosto... ¿Hay un mejor mes para encerrarse y ver todas esas películas que un día nos hicieron sudar?

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09 de agosto de 2013

Puede parecer de locos pero sin duda el verano es la mejor estación para pegarse al sillón (literalmente si es de cuero) y ver esas obras cinematográficas que se rodaron para hacer estallar el termómetro. Primero porque nos vamos a sentir mucho más identificados con los protagonistas que si estuviéramos en pleno enero, tapados con una manta. Segundo porque podemos aprovechar el calor externo y el que nos transmita la peli en cuestión para jugar a quitarnos prendas con nuestro amigo/a especial. Y tercero porque tú y yo sabemos que el sudor es sexy.

Para guiaros por este descenso a los infiernos hemos calificado las películas por grados. Desde las más calurosas hasta las que dejan quemaduras de segundo grado. ¿Estáis preparados para empezar a quitaros la ropa?

38º – El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962)

En ciudad de México hace mucho calor y la humedad en los sitios con mayor altitud puede ser asfixiante. Luis Buñuel, que era así de retorcido, decidió encerrar a un grupo de burgueses en el salón de una mansión durante días. Mientras los sirvientes y cocineros escapan corriendo del lugar, los invitados comienzan a darse cuenta de que no pueden salir de la habitación por razones inexplicables.

Los días pasan, hace calor, no hay comida ni bebida y el aire empieza a estar viciado porque los invitados hacen sus necesidades allí mismo. “Hueles a ballena”, le dice uno de los personajes a una dama. Los nobles pierden sus formas mientras Buñuel se ríe detrás del telón. El olor, el sudor y en definitiva esa atmósfera nauseabunda traspasan la pantalla.

39º –  La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954)

En esta obra maestra de Hitchcock el bueno de James Stewart no sólo tiene que permanecer en una silla de ruedas con la pierna escayolada, también tiene que soportar los rígidos cuidados de su enfermera, la presión de Grace Kelly, su novia, para casarse con él, el aburrimiento al no poder hacer nada en su minúsculo apartamento y si todo esto fuera poco este hombre de acción tiene que lidiar con una terrible ola de calor que asola Nueva York.

Las noches de insomnio se repiten hasta que Stewart encuentra su entretenimiento, observar a los vecinos con su cámara. Nadie ha vuelto a resolver un crimen en pijama (sudado, por cierto) como lo hizo James Stewart en esta película.

40º – El diablo sobre ruedas (Steven Spielberg, 1971)

Spielberg se propuso empapar las frentes de América con este telefilm. Y lo consiguió, pero no solo porque hiciera cruzar una de las zonas más desérticas y aisladas de Estados Unidos a Dennis Weaver, ni tampoco por el calor que desprendían los tubos de ese Pymouth Valiant en el que viajaba, ni siquiera por el aspecto oxidado y polvoriento del camión cisterna que quería matar inexplicablemente al protagonista. La proeza de Steven fue repartir los grados de tensión por todo el metraje para que los espectadores no tuvieran tiempo de beber, ni de lavarse la cara, ni de respirar.

41º – Un día de furia (Joel Schumacher, 1992)


El agobiante calor de Los Ángeles es sin duda uno de los motivos por los que a Michael Douglas se le fue la cabeza en Un día de furia, eso y un atascazo a primera hora de la mañana, una ex mujer que le prohíbe ver a su hija, un refresco muy caro, las cadenas de comida que ignoran las demandas de los clientes, parques de golf en medio de la ciudad, más atascos, más obras, más y más calor… Para cualquiera estas serían razones suficientes para destrozar unos ultramarinos, dar su merecido a un par de pandilleros y acabar con la tontería de un ciudadano racista y homófobo. Aunque es posible que poner en vilo a una ciudad entera pueda ser exagerado siempre estarán ahí tipos como Robert Duvall para ponernos en nuestro sitio.

“¿Hoy ha sido un día caluroso, verdad?”, se oye en ese maravilloso diálogo del final. Efectivamente, unas gotas de sudor en la frente pueden ser la chispa que encienda la mecha que nos haga explotar.

42º – Chinatown (Roman Polanski, 1974)

En esta obra magna del cine negro un inconmensurable Jack Nicholson tiene que lidiar con los atractivos de la guapísma Faye Dunaway mientras intenta averiguar qué hay detrás de los intereses de Mulwray, el jefe de Servicio de Aguas de Los Ángeles y el mejor papel de John Huston. La ciudad arde en plena sequía y Polanksi nos arrastra al infierno, tanto al espectador como a un Nicholson, que casi pierde la nariz por meterse donde no le llaman.

La ciudad de Los Ángeles está sedienta y el detective Gittes quiere saber porqué Mulwray no quiere construir un pantano pero  en el camino nos hará pasar calor con sus escenas en pleno desierto sin quitarse ni el traje, ni el sombrero, ni la (mítica) venda en la nariz que rompió el propio Polanski.

43º – Tarde de perros (Sidney Lumet, 1975)

Ahora vamos al sucio y caluroso Brooklyn, donde unos Al Pacino y John Cazale, empapados de sudor y encerrados en un banco que iban a robar antes de que todo saliera mal, discuten por qué en la televisión dicen que los dos son homosexuales. Sidney Lumet retrata con algo de humor absurdo y un par de afilados toques de denuncia un atraco que ocurrió de verdad.

A parte de los rehenes que se desmallan por el sofocón, el rostro ido y sudado de un John Cazale en permanente disposición para cometer una locura y una hoguera improvisada en la papelera del banco nunca nos olvidaremos de ese despeinado y descamisado Al Pacino diciendo al agente de policía: “¡Bésame!  Cuando me joden, me gusta que me besen en la boca”.

44º –  Un tranvía llamado deseo (Elia Kazan, 1951)

Richard Day, el director artístico de Un tranvía llamado deseo, reprodujo a la perfección el calor y la humedad asfixiantes de Nueva Orleans a base de decorados. Day se llevó el oscar. Pero esa atmósfera no hubiera servido de nada si no la hubiera habitado un colérico Marlon Brando que dejó sin aliento a varias generaciones. Verle pasear con su camiseta ajustada y sudada por esos vecindarios ahogados por la intensa humedad del Missisipi, observar como camina borracho pegando bandazos por las paredes o temerle cuando estalla un vaso contra la pared son algunas de las cosas que merece la pena experimentar cada verano. Elia Kazan tenía complicado igualar las líneas de este infernal drama sureño escritas por Tennessee Williams, y casi lo supera.

45º – El gran Gatsby (Jack Clayton, 1974)

Una de las cosas que hacen que la versión de Clayton supere por poco a esta última dirigida por Luhrmann es la sensación de estar bajo un extenuante calor. El mejor ejemplo es aquella escena en la que Tom, el marido de Daisy, y Gatsby discuten sobre quién debe estar con ella. La tensión del momento se suma al bochorno de un Nueva York enfurecido y febril debido a la ley seca.

Aquí sudaron todos, el inmaculado Robert Redford que no se quita su maravilloso traje rosa ni siquiera cuando el agüilla empieza a hacer charco, el bruto y arrogante Tom, interpretado por un Bruce Derne de fino bigote y la delicada e irritante (por qué no decirlo) Mia Farrow, que no solo suda si no que aparece con la cara demasiado rosa, suponemos que del disgusto.

46º – Boogie Nights (Paul Thomas Anderson, 1997)


El calor en esa California de los setenta llena de botines, camisas desabrochadas y minúsculos bañadores es nocivo. Pero aparte de ese sol que broncea todo lo que toca, Boogie Nights es un retrato sobre la industria pornográfica donde se ve casi todo lo que hay detrás de las cámaras y bastante de lo que hay delante. Paul Thomas Anderson nunca ha vuelto a ser tan explícito. Pero es que la historia de Dirk Diggler, una estrella porno con un atributo fuera de lo normal interpretado por un musculado Mark Wahlberg, no puede ser contada de forma subliminal.

Ningún productor se esperaba un drama de tres horas sobre el ascenso y caída de un actor porno, pero Anderson hizo una obra sublime y calenturienta -inspirado en un documental suyo titulado The Dirk Diggler Story– que les hizo sudar a ellos y a los críticos.

47º – Giro al infierno (Oliver Stone, 1997)

Sean Penn abre las puertas del mismo infierno cuando tras tener un accidente de coche en el desierto de Arizona decide pasar la espera (que se hará eterna) en un extraño pueblo donde todos sus habitantes parecen sacados del imaginario de un loco.

Oliver Stone dibuja un thriller calenturiento lleno de mentiras, violencia y sexo. Jennifer Lopez se muestra más ardiente que nunca, Joaquin Phoenix más desequilibrado que de costumbre y Sean Penn no para de sudar la camiseta, en parte por ese aire desértico que quema pero también porque no entiende nada de lo que ocurre a su alrededor.

48º – La ley del deseo (Pedro Almodovar, 1987)

No basta con un Antonio Banderas perdidamente enamorado de Eusebio Poncela. No es suficiente la pasión de un triángulo amoroso que completa Miguel Molina. No valen los celos. Ni las mentiras. Ni los crímenes. Ni si quiera esa polémica escena de sexo anal protagonizada por Antonio y Eusebio consigue alterarnos el pulso. O al menos no del todo, hasta que Carmen Maura, en mitad de una calurosa noche madrileña, pide desesperada que la rieguen. Bendito Bochorno. Y es que no hay más ley, que la ley del deseo.

49º – El chico del periódico (Lee Daniels, 2012)

Puede que a priori el sofocante calor que invade este drama sureño parezca solo una escusa para que Zac Efron este en calzoncillos gran parte del metraje pero dentro de esta historia sobre condenados a muerte y atractivas (y extrañas) mujeres hay confrontaciones raciales, líneas argumentales con tintes detectivescos, un retorcido tratado sobre la homosexualidad llevado hasta el límite por un sudoroso y sangrante Matthew McConaughey y sobre todo, un contenido sexual en el que Nicole Kidman se siente a gusto jugueteando con una salvaje vulgaridad. Nunca la australiana ha sido tan deseable. Entre tanto podemos comprobar cómo el denso bochorno de los pantanos de Florida puede amasarse con las manos.

50 º – Y tú mamá también (Alfonso Cuarón, 2001)

Alfonso Cuarón subió el termómetro (y el pulso) con esta película sin tabúes que retrata el viaje sin rumbo de dos buenos amigos con una mujer que necesita dejar a un lado la horrible realidad. Y tú mamá también es una película ardiente y muy sexual, pero también reflexiva y profunda.  Por un lado tenemos a unos jovencitos Gael García Bernal y Diego Luna con la libido por los aires y por otro lado a una siempre atractiva Maribel Verdú con ganas de probar y jugar con todo para esquivar la inevitable depresión.

Nadie ha sabido retratar un país a través de las ventanillas de un coche como Cuarón en esta película. Y nunca se verá un ménage à trois tan ardiente, conflictivo y fraternal.

51º – La gata sobre el tejado de zinc (Richard Brooks, 1958)

Caliente. La gata sobre el tejado de zinc caliente, así se titula realmente esta adaptación cinematográfica de la obra original de Tennessee Williams. El entorno claustrofóbico se condensa y forma esas gotas de sudor que brotan de la cara de un Paul Newman alcoholizado, lleno de dolor y secretos. Una tormenta se acerca mientras los conflictos de una obtusa familia sureña estallan en su mansión familiar.

El aire agobiante del sur traspasa la pantalla desde el principio, cuando una Elizabeth Taylor sobrenatural se quita las medias (tomándose su tiempo, claro) manchadas de helado. Al final todo termina con las lágrimas de un inolvidable y atormentado Newman agarrado a un vaso de whiskey.

52º – Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)

Podría parecer suficiente tener a Selena Gomez, Vanessa Hudgens, Ashley Benson y Rachel Korine toda una película en biquini para que entren los calores, o a un James Franco irreconocible  y extrañamente ridículo y atractivo al mismo tiempo saboreando con placer el cañón de una pistola, pero es que además el retorcido de Harmony Korine nos coloca en la Florida más llena de excesos. House vigorizante, minúsculos bañadores, culos, pectorales, cerveza resbalando por todas las partes del cuerpo

El filme gustó y asqueó a partes iguales, pero no dejó a nadie indiferente. Cuidado porque puede subirte la fiebre mirando este acalorado espectáculo.

53º – La caza (Carlos Saura, 1965)


En pleno verano hace calor en casi todos los puntos de la península ibérica pero en Castilla el sol pica más que en ninguno. Y es en un pueblo de Castilla donde Carlos Saura colocó a cuatro ex combatientes franquistas en un caza de conejos. El coto pertenece a uno de ellos, José, que monta la cacería porque quiere pedir un préstamo a Paco, un tipo listo con otro tipo de problemas que invita a la jornada a Luis, un hombre alcoholizado que trabaja en su fábrica.

La tensión crece a medida que el calor es cada vez más inaguantable. “Este sol me está poniendo nervioso”, anuncia la voz en off de José. El sudor remarca el odio y las frustraciones latentes entre los tres. La intensidad de la jornada aumenta al mismo ritmo que los disparos. No todos serán certeros.

54º – Fuego en el cuerpo (Lawrence Kasdan, 1981)

“No deberías llevar esa ropa.
¿Por qué? Solo es una blusa y una falda.
Entonces no deberías llevar ese cuerpo”

Este diálogo ya es suficiente para incendiar una cama matrimonial. Pero Fuego en el cuerpo llega aún más lejos. Kathleen Turner era una bomba a punto de explotar y le calló en las manos a un tipo normal con el rostro de William Hurt. En medio de una ola de calor en una ya por sí sola calurosa localidad de la costa de Florida Hurt se pone en manos de esta atractiva mujer casada que quiere quitarse de en medio a su marido. Suele ser en las escenas de cama, donde Turner y Hurt comparten fluidos y planes criminales, cuando se suele desmallar el espectador medio.

Y por supuesto siempre estará Ted Danson bailando en la bochornosa noche del sureste norteamericano.

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