Las mejores películas melancólicas del siglo XXI (para amar el otoño)

Llegó la estación de colores ocres, los meses de la melancolía, las historias de amor no correspondido, la añoranza de tiempos pasados y los nudos en el estómago.

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29 de septiembre de 2020

“Luego el verano se desvanece y pasa, y llega octubre. Se fisga la humedad, se siente una claridad impensada, un escalofrío nervioso, una rápida exaltación, un sentimiento de tristeza y de partida”. 

Esto dice Thomas Wolfe del otoño, la estación melancólica. Más melancólica que nunca en estas primeras décadas del siglo XXI, el siglo en el que el aislamiento y la depresión van al alza. El cine, claro, es un reflejo más de lo que somos y jamás ha habido tantas buenas películas que aborden la desesperanza, la tristeza, la pérdida de un amor, de una infancia, de un tiempo mejor.

Vivimos enamorados de la nostalgia, del color azul, dentro de Inside Out seríamos Tristeza, nos encanta regodearnos en los mitos malditos (y serlos ya ni te cuento), nada como la imagen de unas lágrimas que se confunden con los mocos en un llanto desgarrador. 

No pasa nada por ver la belleza en las cosas tristes y está bien levantarnos con ganas de ahogarnos en nuestras miserias, incluso es depurador después de un tiempo estival lleno de besos, de fiestas, de cuerpos, de bailes, de siestas, de constelaciones, de sudor, de salitre, de gazpacho… También hay que bajar. 

Y el cine siempre nos ayuda, como un bálsamo, como las historias que vivimos y viviremos nosotros o a través de otros, a través de un amigo o a través de Julia Roberts. 

Aquí unas cuantas y maravillosas películas estrenadas en este apasionante siglo para acompañaros en el otoño que empieza. De hecho, qué demonios, olvidemos a Wolfe y abracemos a Fitzgerald: 

“¡No te angusties! La vida vuelve a empezar en el otoño”.

ANOMALISA (2015)

La obra maestra de Charlie Kaufman como director. Sin ninguna duda todo el universo kaufmaniano (o cómo se diga) está aquí entre estas marionetas animadas con  la misma voz, literalmente con la misma voz. 

Todos comparten voz menos ese personaje femenino doblado por la magnífica Jennifer Jason Leigh que es la nota discordante, la entrañable imperfección rompiendo la crisis existencial del protagonista, Michael.

Un tipo en un hotel durante una noche fría e impregnada de tristeza y soledad, ensimismado ante su propio desconcierto de haber llevado hasta ahora una forma de vida completamente anodina y que no merece en absoluto la atención de nadie, ni siquiera de él mismo, insensible hacia sus propias experiencias vitales o hacia todas las personas que han formado parte de ella. 

Una cinta demoledora que acaba instalándose en una especie de regeneración vital de su protagonista, que es también su director y que es también todos nosotros. 

 

SHAME (2011)

Shame es una elegante película dirigida por Steve McQueen y cuyo protagonista interpretado por la versión más quebrada de Michael Fassbender es un adicto al sexo. En el rato en el que McQueen nos brinda la imagen más fría y desoladora de Nueva York recorremos la bajada a los infiernos de este miserable ser humano cuyas incursiones sexuales le están destrozando.

Brandon, así se llama, recibe un día la inesperada visita de su hermana Sissy. También inestable y también herida por motivos que no nos incumbe a los espectadores. Sissy es interpretada por Carey Mulligan. Y no creo que haya una escena, un primer plano, que aguante tanta melancolía como su versión de New York, New York. Sencillamente, es abrumador:

IDA (2013)

Y de Frank Sinatra a Naima, de John Coltrane:

Otra escena increíblemente bella para acompañarnos en este otoño y en todos. 

Ida es luminosa y también cruda. La historia de Anna, una novicia huérfana obligada por la madre superiora a conocer a su única pariente viva: una juez alcohólica que le relata la cruel historia familiar y le revela su verdadero nombre, Ida. 

Ida descubrirá otros placeres lejos del hábito y de la vida enclaustrada, y comenzará a sentir nostalgia por lo no vivido en una Polonia retratada con un deslumbrante blanco y negro, a veces casi expresionista, siempre hipnótico. Tan hipnótico como la inocente mirada de Ágata Trzebuchowska. 

 

EL LABERINTO DEL FAUNO (2006)

Hay un motivo por el que esta película es perfecta para acompañarnos en esta estación. En este octubre y noviembre donde siempre nos invade la tristeza. 

El laberinto del fauno es una película sobre los horrores de la guerra, del fascismo y del nazismo. Podría haber tenido un planteamiento más convencional para servirnos en bandeja un ataque de ira que canalizase nuestro resentimiento pero resulta que el contexto fantástico en el que se sumerge Ofelia para evadirse de la realidad es todo lo que Guillermo del Toro necesita para llevar su película a una región profundamente triste.

La película nos va ahogando poco a poco hasta que en un tercer acto terrible ya no nos cabe ni una bocanada de aire más. Ya estamos rotos. 

 

IN THE MOOD FOR LOVE (2000)

El siglo XXI abrió con una obra maestra de Won Kar-wai titulada In the Mood for Love que es la madre de todas la historias tristes de amor que han venido después. 

Es casi inexplicable (y ahí radica su belleza, claro) como el director chino nos sumerge en un espíritu romántico que ya había desaparecido del cine para contarnos la preciosa y terrible historia de amor de un hombre y una mujer que se conocen en un edificio de Shanghai en el que viven mientras sus respectivas parejas viajan por trabajo. Cada vez se hacen más compañía y cada vez son más amigos y un día descubren que sus cónyuges les engañan entre ellos. 

Más allá de la perfección formal y estética de una película repleta de planos preciosos, hay una emocionante y cruel historia planificada con sofisticación y toda la sensibilidad posible para que el espectador la sienta casi físicamente. 

Y siempre que la veas te preguntarás… ¿Cómo consigue Won Kar-wai convertir la represión y la tristeza en una forma de arte tan sexy? 

Los preliminares son esto, amigos y amigas.

 

A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS (2013)

Un ejercicio maestro de los hermanos Coen sobre la invisibilidad, en este caso artística. 

Llewyn (Oscar Isaac) es el retrato perfecto de lo que sería un pobre diablo. Un tipo que atraviesa un Nueva York descolorido (a estas alturas ya os habréis dado cuenta que Nueva York es la ciudad del otoño) y al que le van ocurriendo situaciones extrañas, que tiene encuentros incómodos. Es un tipo arrogante, incluso algo desagradable pero nos cae bien porque nos compadecemos de él. 

Esta es la tragedia de un hombre con talento entregado a la frustrante búsqueda de un éxito que nunca vendrá. Todo es folk en esta canción, el género musical de la melancolía. 

Además a los Coen hay que reconocerles aquí un manejo de la línea del tiempo sublime y sin artificios… Que ya quisiera Nolan, vamos. 

 

RETRATO DE UNA MUJER EN LLAMAS (2019)

Esta película de Céline Sciamma es una absoluta descarga. El amor ido es el que más duele y aquí en esta historia de una pintora del siglo XIX que tiene que retratar a una joven a punto de casarse y sin que esta lo sepa, existe un relato lleno de congoja, de color ocre, de cielos nublados y mar embravezido, de llamas de fuego, de miradas encendidas, de silencios… 

Es la última gran película de amor, delicada y perfecta para ver en esta estación que todo lo envuelve de añoranzas. 

 

LEJOS DEL CIELO (2002)

Esta película es la perfecta explosión de una crisis matrimonial.

1957. Una época donde la homofobia y el racismo eran valores al alza. Un matrimonio perfecto compuesto por una perfecta ama de casa, madre de familia y organizadora de fiestas en el vecindario y un importante ejecutivo de una empresa de electrodomésticos. Y entonces él desvela que es homosexual mientras ella se consuela con su jardinero, negro.

Toda esta tragedia estalla, claro, en pleno otoño. 

 

LOST IN TRANSLATION (2003)

Scarlett Johansson mirando pensativa y anhelante a través de las ventanas de su hotel en Tokio es la imagen de la melancolía. Igual que también lo son esos planos de Bill Murray en la barra del bar del mismo hotel bebiendo el whisky que él mismo anuncia. 

La película de Coppola sobre las heridas que inflige la soledad es bellísima, lenta como la forma de crecer de esos sentimientos entre dos desconocidos que se encuentran y se quieren a través de una hermosa amistad en mitad de las brillantes luces de la ciudad. 

Una historia de amistad también fugaz para dejarte en una inequívoca posición de tristeza y añoranza. Esta que te invade cuando sabes que no volverás a ver a la persona a la que te acabas de enganchar.

 

MELANCOLÍA (2011) 

La vida es insignificante y al mismo tiempo es tensa. 

Un planeta llamado Melancolía se dirige hacia la Tierra. Mientras tanto, en la Tierra, Justine y Michael celebran su boda en la enorme casa de su hermana y su cuñado. 

La película está dividida en dos actos, el primero, el de la boda es glamour y una imperceptible sensación de que algo no va bien. El segundo acto es la crisis existencial de la protagonista frente a un problema bastante mayor, el de un planeta que se abalanza hacia la tierra. 

Más allá de lo bien que Lars von Trier cuenta el desamparo humano dentro del infinito cosmos, el perfecto hallazgo de esta película es el arco del personaje de Justine interpretado por la enigmática Kirsten Dunst.

A medida que el planeta se acerca a la Tierra y el fin de todas las cosas se revela inminente, Justine supera su depresión y recibe el hecatombe con entusiasmo. Esos somos nosotros regodeándonos en nuestro fango, en mitad del otoño, abrumados de tristeza, saliendo a flote mientras escuchamos canciones de amor y vemos películas tristes.

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