Películas energéticas: 7 sistemas de cine para ahorrar en el recibo de la luz

¿Harto de pagar facturas astronómicas? Estas fuentes de energía son renovables, eficientes y, sobre todo, cinematográficas. Ojo a las multas, eso sí.

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01 de julio de 2015

El sudor corre por litros, los aparatos de aire acondicionado sufren y las neveras emiten estertores: está claro que en veranos como este, cuando el sol decide regalarnos su energía al por mayor, el consumo de electricidad aumenta, y por tanto el temido recibo de la luz sube hasta cifras astronómicas. Para colmo, el Ministerio de Industria prepara un nuevo Real Decreto que gravará con tasas aún mayores que las actuales (y, en los casos de infracción, con multas de infarto) a quienes decidan recurrir al autoconsumo de energías renovables, instalándose unas placas solares en la azotea para sacarle partido al caloret. 

¿Qué hacer en una situación así? A nosotros se nos ocurren dos soluciones: la primera, ir más al cine, que todos sabemos que se está fresquito. Y, la segunda, aprovechar las películas que allí vemos como fuente de inspiración para enjugar nuestro consumo de vatios. Porque las fuentes de energía propuestas desde la ficción en celuloide son numerosas, y muchas de ellas resultan menos inverosímiles de lo que parece: échale un vistazo a estas propuestas, y seguramente te entrarán ganas de hacerte con uno de estos aparatejos… aunque varios de ellos resulten irrealizables en la vida real, y su posesión pueda acarrearte un previsible multazo.

Matrix (Hermanos Wachowski, 1999)

La energía alternativa: Bioelectricidad, obtenida mediante seres humanos en conserva.

Su aplicación: Discutible, cuanto menos. Vale que, si esos bichos orgánicos tan bordes han impedido el acceso a un recurso limpio y renovable como es la energía solar, una civilización de máquinas superinteligentes debe tomar medidas. Pero eso de alimentar tus procesadores debe necesitar una potencia considerable: tengamos en cuenta que cada cuerpo humano en buen estado de salud genera unos 100 o 200 vatios al día (que pueden llegar a 400, en casos de deportistas muy entrenados), de los cuales una buena parte se va en mantener sus funciones corporales, y que el gasto medio de un ordenador de escritorio es de unos 300 vatios cada 24 horas. Así pues, la alternativa parece poco viable, máxime si una necesita gastar recursos en entornos virtuales así como cyberpunk y en mantener a raya al eventual mesías, por más que éste sea tan inexpresivo como Keanu Reeves. En el guión original de Matrix, señalemos, las máquinas usaban a los humanos para expandir su capacidad de procesamiento (el equivalente, más o menos, a ponerle más módulos RAM a tu PC), pero los productores pensaron que los espectadores no lo entenderían.

Mad Max: Más allá de la Cúpula del Trueno (G. Miller, G. Ogilvie, 1985)

La energía alternativa: Gas metano generado por la descomposición de excremento porcino. Si no lo pillas, da igual: con que sepas revolver mierda de cerdo, sobra

Su aplicación: La maquiavélica Tía Ama (Tina Turner) no sólo cuenta entre sus virtudes con ese megapelazo ochentero y la capacidad de llevar vestidos de cota de malla (peso aproximado: 55 kilos) sin desfallecer al sol del Páramo. También sustenta su Negociudad mediante una fuente de energía que resulta eficiente y limpia, al basarse en el reciclaje de residuos, y que también ayuda a contener uno de los principales responsables del efecto invernadero. Para colmo, la producción de gas a base de cochinos evita esas masacres por quítame allá un bidón de súper que vimos en Mad Max 2. En nuestro mundo preapocalíptico se han llevado a cabo iniciativas similares, bien a partir de la basura orgánica (con artilugios llamados biodigestores), bien mediante el poco sutil método de enchufar un tubo al ano de una vaca para recolectar sus ventosidades. ¿El problema? Pues que el metano es extremadamente inflamable: un Maestro Golpeador con el día tonto, o un Guerrero de la Carretera especialmente manazas, podrían convertir Negociudad en un cráter ardiente al menor descuido.

Monstruos, S. A. (P. Docter, D. Silverman, L. Unkrich, 2001)

La energía alternativa: ¿Has gritado alguna vez pensando que había un monstruo en tu habitación? Enhorabuena: tus sustos han servido para sostener la ciudad de Monstruópolis.

Su aplicación: Para los buscadores de energías limpias, la opción empleada por Monstruos S. A. (la empresa) debería ser todo un caramelito: no contamina, salvo si contamos las lágrimas de los peques como subproducto, y, por lo que vemos en el filme, su rendimiento es sobresaliente. Algo que, puestos a buscar explicaciones, se debería al uso de motores termoacústicos, unos ingenios desarrollados por la NASA y la Universidad de Stanford (entre otras instituciones) que permiten convertir el sonido en energía. Por ahora, estos cacharros están en pañales, pero ya se investiga su aplicación para conseguir, por ejemplo, que uno pueda recargar su móvil sencillamente hablando con él. Y, si tenemos en cuenta que el llanto de un bebé puede alcanzar hasta 125 decibelios, superando el umbral de dolor del oído humano y generando alrededor de un vatio por metro cuadrado de intensidad sonora, las cuentas salen a la perfección.

Iron Man (Jon Favreau, 2008)

La energía alternativa: El reactor de arco, un generador de potencia tan, pero tan cool que sólo Tony Stark (Robert Downey Jr.) podría haberlo inventado.

Su aplicación: Mantiene en movimiento tu armadura superpoderosa, abastece de energía a un rascacielos, impide que esa esquirla de metralla alcance tu corazón, emite una luz azul muy chula… Aparentemente, el reactor de arco sólo tiene ventajas, pero nosotros le hemos encontrado un par de inconvenientes. El primero, que su uso continuado puede provocar envenenamiento por paladio (como vimos en Iron Man 2), y el segundo, que en la vida real no hay nada que se le parezca, siquiera remotamente. Esto último, de todos modos, es inexacto: si buscas en internet acerca de un auténtico reactor de arco, descubrirás que es un cacharro empleado para sintetizar fullerenos, unas moléculas de carbono muy versátiles que, entre otras cosas, podrían emplearse para elaborar placas solares baratas y eficientes. Maldito Stark, ¿es que siempre tiene razón?

El caballero oscuro. La leyenda renace (Christopher Nolan, 2012)

La energía alternativa: Nada menos que el reactor de fusión, uno de los santos griales de la física nuclear. Este Bruce Wayne (Christian Bale) sí que sabe en qué gastarse el dinero.

Su aplicación: Seguramente, el pobre Alfred (Michael Caine) debió suspirar de resignación cuando su jefe le habló acerca de este proyecto. Y eso que, en principio, todo son ventajas. Los reactores de fusión resultan viables sobre el papel, y de entrar en funcionamiento serían extremadamente eficientes, al producir tres veces más potencia que los mecanismos de fisión usados hoy en día. Además, resultarían muchísimo más seguros y menos contaminantes, ya que la posibilidad de una reacción en cadena es casi nula y sus desechos dejarían de ser peligrosos tras ‘sólo’ 150 años (a la basura nuclear que producimos hoy en día le quedan unos milenios de vida media). ¿Dónde está el problema? Pues en que semejante trasto resulta un cebo irresistible para cualquier supervillano, y más si te haces llamar Batman y tu presencia atrae a los criminales dementes como la miel a las moscas. Desde luego, amo Bruce, esto sólo se le ocurre a usted.

Reacción en cadena (Andrew Davis, 1996)

La energía alternativa: Agua. Como lo lees: puro H20 limpio y cristalino. ¿Cómo puede obrarse este milagro? Sigue leyendo…

Su aplicación: Como saben Keanu Reeves y Morgan Freeman, protagonistas de este thriller bastante desnortado, lo de inventar fuentes alternativas de energía es un trabajo de alto riesgo: uno desarrolla su invento con la loable ambición de salvar la Tierra, y ea, ya tiene a todo el lobby petrolero difamándole y persiguiéndole. El invento de marras, por cierto, funciona a base de descomponer moléculas de agua para acto seguido aprovechar sus átomos de hidrógeno mediante combustión: si suena complicado, digamos que también es una inmensa chorrada, y que más de un químico y de un físico debieron llorar amargamente al ver la película. A nosotros, por otra parte, nos recuerda a las andanzas de Arturo Estévez, aquel inventor extremeño que afirmó haber inventado un motor a base de agua en los años 70, y que tanto ha dado que hablar a conspiranóicos de todo pelaje. Señalemos que el motor de don Arturo funcionaba, pero también que requería grandes cantidades de boro, un elemento poco eficiente y más caro que el petróleo.

Southland Tales (Richard Kelly, 2006)

La energía alternativa: Una misteriosa sustancia marina llamada Karma líquido, que no sólo contiene energía física, sino también mental. Vamos, que es una droga potentísima.

Su aplicación: Más allá de sus delirios psicodélicos (y del poder visionario que demostró fichando a Dwayne Johnson para una película tan compleja), Richard Kelly basó su producto en la energía mareomotriz, aquella que deriva del reflujo oceánico. En la realidad, este recurso no llevará a tu todoterreno a hacerle cosas feas al utilitario del vecino, pero sí puede resultar incordiante por los efectos de la corrosión en las centrales y, sobre todo, por sus posibles efectos negativos en la fauna marina, que corre el riesgo de quedarse hecha picadillo por culpa de sus generadores. En cuanto a la posibilidad de que una fuente de energía se convierta en droga… pues sólo hay que pensar en quienes usan productos derivados del petróleo (como la gasolina o el pegamento) para procurarse un viaje de bajo coste, corta duración y devastadores efectos para la salud.

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