Películas animadas para enseñar la muerte a un niño

‘Onward’, primera apuesta animada de Disney-Pixar para 2020, pinta de azul el dolor ante la pérdida. He aquí los filmes que explican el duelo a tus hijos.

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09 de marzo de 2020

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  • Ausencia, soledad, añoranza… Los personajes animados fueron los primeros en enseñarnos lo que era el luto. Experimentamos la muerte con ellos, como parte de esa travesía emocional que siempre es el buen cine. El editor de Pixar, Kevin Nolting (Cars) lo explicaba durante el tour promocional de Del revés: “Para hablar de la vida hay que hablar inevitablemente de la muerte. Nos tomamos nuestro tiempo para asegurarnos de que podemos mostrar un momento así, de que la audiencia está preparada. Las circunstancias del personaje deben conducir a esa pérdida”.

    Onward, con la que la alianza animada Disney-Pixar se estrena en salas en 2020, reflexiona sobre el duelo y la negativa a despedirse definitivamente de un ser querido; en ella, Ian y Barley Lightfoot (las voces de Tom Holland y Chris Pratt en versión original), dos hermanos elfos adolescentes, tratan de dar con algún tipo de magia que les permita pasar un último día con su padre, fallecido. Dan Scanlon (Monstruos University) dirige y coescribe con C.S. Anderson este relato inspirado en su progenitor, que murió antes del rodaje.

    La última apuesta animada se une así a una larga lista de filmes infantiles que reflexionan (y nos hacen reflexionar) sobre el duelo. He aquí otras producciones que te han ayudado a enseñar a tus hijos pequeños qué es eso de la muerte:

     

    Coco

    La pérdida en Pixar siempre resuena. Lo hace desde que aquel flexo se coló en un cine animado dominado por su ahora dueña, Disney. Cuando la animación, malentendida y limitada al público infantil, se empeñaba en rehuir la muerte, Pixar enseñó a los niños de los 80 y los 90 qué significaba decir adiós. Niños a quienes, años después, ya entrados en la edad adulta, les siguen doliendo los acordes de Recuérdame.

    “Solo se muere cuando se olvida”, apuntaban Lee Unkrich y Adrián Molina hace tres años mientras nos adentraban en la tierra de los muertos en Coco, una carta de amor a México, sí, pero también un retrato familiar, de quienes están y, sobre todo, de quienes estuvieron. Todo ello contado a través de un pequeño que sueña con convertirse en músico pese a las objeciones familiares y que, durante el Día de Muertos, se ve inmerso en un viaje hacia los orígenes de su familia. Junto a él, está ella, mamá Coco, piel arrugada, pelo canoso trenzado y mirada afectuosa tras la que esconde a nuestros mayores.

     

    Kubo y las dos cuerdas mágicas

    Desde Los mundos de Coraline hasta Los Boxtrolls, Laika ha creado mundos fascinantes en los que ha representado temas ásperos, reflexiones crudas sobre la familia, las relaciones paternofiliales o el autoconocimiento. Kubo y las dos cuerdas mágicas, probablemente su obra más completa, trata todos estos aspectos a través de un joven tuerto que canta cuentos épicos al son del shamisen en el Japón antiguo.

    Sin embargo, el filme gira sobre todo en torno a la pérdida de los seres queridos: ese padre que dio la vida por él, esa madre enferma que le da su último suspiro, ese abuelo y esas siniestras tías que se aparecen a modo de espíritus. Entre monos, mechones de pelo, padres-escarabajo y armaduras legendarias, está la historia de un chaval obligado a crecer demasiado rápido, que convive con la muerte y el poder de la memoria tanto como Coco.

     

    Bambi

    Hay quienes hoy en día aún aseguran que ver la muerte de la madre de Bambi en su infancia los traumatizó de por vida. Con esta película llegó la cuestión sobre si un filme infantil debía o no mostrar de forma tan cruda la muerte. Una cosa era mencionarla de forma implícita, como en Blancanieves y los siete enanitos, optar por reflejarla como una pérdida que podía ser temporal, como en Dumbo, o rozarla para después salir airoso de sus garras, como en Pinocho; y otra, plasmar en pantalla a un cervatillo que pierde a su madre a causa de la bala de un cazador.

    ¿Estaba los niños preparados para afrontar la pérdida a una edad tan temprana? ¿De identificarse con el pequeño protagonista y darse cuenta de que su madre no los acompañaría para siempre? Las preguntas siguen repitiéndose hoy en día. Sin embargo, en cuanto a las respuestas, la revolución que supuso Bambi demostró a la Casa del Ratón, casa animada sin rival por aquel momento, que sí se podía mostrar la pérdida de forma aleccionadora para su público más joven.

     

    Buscando a Nemo

    Otro comienzo de película Disney atronador es el de Buscando a Nemo. Imposible no empatizar con la desesperación en los ojos de Marlin tratando de dar con Nemo cuando, apenas unos minutos antes, lo hemos visto perder a su mujer e hijos a manos de una barracuda.

    Esta vez, la pérdida se representa a través de Marlin y no tanto de Nemo: el pez payaso, que de un momento a otro lo pierde casi todo, se aferra a lo único que le queda, su hijo. En él vemos representado el miedo, la sobreprotección y la dependencia de una relación paternofilial, todos ellos estragos de la muerte. 

     

    Mi vecino Totoro

    Hayao Miyazaki y su Studio Ghibli saben mejor que cualquier otro templo de la animación cómo retratar la muerte. Para prueba, La tumba de las luciérnagas, un viaje crudo, devastador y emocional que, sin embargo, no es muy apto para los más pequeños. Si lo es, en cambio, Mi vecino Totoro, uno de los títulos más queridos del estudio japonés.

    No es tanto Totoro, espíritu del bosque que acompaña a las hermanas Satsuki y Mei, el que en este caso alecciona al público infantil sobre la pérdida, sino la madre de las protagonistas, gravemente enferma en el hospital. Mientras su padre crea para ellas un mundo de duendes y fantasmas, esa figura materna fundamental en cualquier familia las obliga a enfrentar la realidad, el paso del tiempo, la vida que se escapa. Siempre con el humanismo y la maestría, marcas de la casa.

     

    Up

    ¿Cómo no llorar con Carl y su esposa Ellie en la secuencia inicial de Up? Todo comienza con un niño que finge pilotar un avión pegado a un globo azul. Una voz que sale de una casa abandonada llama su atención. En ella, se encuentra con un aniña que conduce un timón. Ella será el amor de su vida, como nos muestra el filme en los próximos siete minutos de metraje. Entre bodas, picnics, corbatas y globos, nos cuentan su historia, pero que acaba con final infeliz: Ellie fallece. Es el adiós inevitable en una pareja de dos que no sabe estar el uno sin el otro. Siete minutos en los que, a través de Ellie y sin artificios narrativos, Pixar resume una vida. 

    Hace unos años nos enterábamos que los animadores  se valieron del color rosado, más en concreto del llamado Ellie-magenta (sus escenas tenían tonalidades rosadas o algún complemento de este color, como la ropa de Ellie) para que el público lo asociara a ella y su pérdida estuviera más presente.

     

    El rey león

    52 años después de que Disney enseñara a los más pequeños con Bambi que ni siquiera una madre es para siempre, la Casa del Ratón rescató el mensaje con con cierto felino real arrollado por una estampida de ñúes tras ser traicionado por su propio hermano. No contentos con dejar a Simba huérfano de padre, los guionistas añadieron ese plano del cachorrillo pidiendo ayuda… Pero ya era demasiado tarde.

    En Simba se repite la representación de la pérdida de la inocencia, del ‘niño’ que, sin entender muy bien cómo, se ve desprovisto de aquello que había dado por seguro.

     

    Toy Story 3

    El vínculo que un niño crea con sus juguetes es casi familiar. Todos tenemos ese oso, muñeca o dinosaurio que perdimos y aún sentimos un pequeño pinchazo en el corazón al recordarlo. Tal vez por eso es tan fácil identificarse con el universo de Toy Story, porque la pérdida de la inocencia con el inevitable paso del tiempo o el amor irracional a un trozo de tela con ojos son intrínsecos del ser humano. 

    Sin embargo, en su tercera producción, la saga fue más allá. En una de las escenas más crudas de esta historia, Woody, Buzz y el resto de juguetes de Andy se enfrentan cara a cara a la muerte. Ellos se agarran de las manos, resignados ante el inevitable final, mientras nosotros, adultos y niños, nos aferramos al borde de la incineradora. Al parecer, los responsables se plantearon incinerar a todos los juguetes, pero la inminencia de esa muerte no deja de ser un potente aprendizaje para los más pequeños de la casa a través de una de las franquicias favoritas de los niños.

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