‘Los profesores de Saint-Denis’: cómo hacer una película de instituto (conflictivo) a la francesa

En la sala virtual de la distribuidora A Contracorriente, se estrena el último grito en películas de instituto de la conflictiva banlieue parisina.

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17 de abril de 2020

Hay películas de instituto, como todas aquellas comedias americanas de los 80, y películas de instituto conflictivo, como Mentes peligrosas (John N. Smith, 1995). Eso en Hollywood. Y luego está la versión francesa.

Nuestros vecinos tienen su peculiar forma de entender el subgénero, y Los profesores de Saint-Denis representa una suerte de culminación del mismo, ya que se trata de la primera película realizada, a cuatro manos, por dos ex alumnos –Mehdi Idir y el rapero Grand Corps Malade– de esos centros educativos, tan muticulturales como abocados a la delincuencia, que se encuentran diseminados por los arrabales más marginales de París.

Como en la reciente Especiales, Saint-Denis, al norte de París, es el telón de fondo de esta comedia dramática, que se estrena en algunas plataformas (Apple TV) y en la sala virtual de la distribuidora A Contracorriente, recién inaugurada en este periodo extraordinario de exhibición cinematográfica alterada.

Los profesores de Saint-Denis comparte estructura con una película reciente dirigida por otro joven cineasta oriundo del extrarradio parisino: si en Los miserables, de Ladj Ly, la cámara seguía los pasos de un policía (encarnado por el gran Damien Bonnard) recién destinado a Montferneil, la cámara de Idir y GCM se enamora de Zita Hanrot, deslumbrante revelación de la magnífica Fátima (Philippe Faucon, 2015), a la que hemos visto recientemente redibujada en Las golondrinas de Kabul. En este caso, ella acaba de llegar a Saint Denis no para ejercer de profesora, como parece sugerir el título, sino para ocupar el cargo de responsable de los vigilantes del colegio García Lorca.

A diferencia del filme de Ladj Ly, que empieza como Día de entrenamiento (Antoine Fuqua, 2001) y termina como Stress –el clip de Romain Gavras para Justice (2008)–, Los profesores de Saint-Denis combina cierta sofisticación videoclipera y bombos hiphoperos, con la carga social y el buen humor que, al menos en Francia, ha dominado el género desde sus cimientos.

Para demostrarlo, elaboramos un pequeño recorrido histórico con sonados ejemplos de institutos conflictivos en el cine francés. Y es que, pese a su prestigio como generador de un pensamiento crítico, el sistema educativo galo también se ha caracterizado por la exclusión social. No es lo mismo en el centro que en la periferia, el sistema no parece diseñado para absorber los alumnos con marcos familiares complicados. Y menos con las últimas reformas del gobierno de Macron, que perjudica todavía más a los institutos situados en el cinturón más desfavorecido de la capital francesa.

Cero en conducta (1933): La piedra fundacional

Jean Vigo, el espíritu rebelde del cine francés, director de esa obra maestra que es L’atalante (1934), se inspiró en su propia infancia para este no menos magistral clásico de 45 minutos, que se rodó en Saint-Cloud, al otro lado del Sena y del Bois de Boulogne.

Los protagonistas son tres «jóvenes diablos», estudiantes traviesos que serán castigados y se rebelarán contra el orden establecido, con la ayuda de un nuevo vigilante, imitador de Charlot en el filme, y años después tomado modelo por Tati para crear a Monsieur Hulot. Considerada en su día como un panfleto libertario, la película fue censurada, y Vigo nunca pudo verla en una sala de cine. Ahora está en YouTube.

 

La revancha de los profes (1985): Comedia ochentera

Las comedias ochenteras que causaban furor en EE UU en los 80 tuvieron su reflejo chauvinista, como fue el caso de Los cateados (Claude Zidi, 1980), que se desarrollaba en un instituto de Versailles, un entorno más bien pijo, o esta comedia de Patrick Schulmann con Patrick Bruel y Fabrice Luchini, que protagonizaron hace poco, ya en la tercera edad, la feel good movie de manual Lo mejor está por llegar (2019), título irónico donde los haya.

Con guiño a Cero en conducta incluido, aquí forman parte de un cuarteto de profesores que a su manera, tosca y soez, también se rebelará contra el sistema. La película, en la que los más conflictivos son los propios profesores, se rodó en Boulogne-Billancourt, enfrente de Saint-Cloud, en un instituto que ahora se ha convertido en una comisaría de policía. También está en YouTube.

 

¡Qué suerte ser profe! (1996): Última salida, Saint-Denis

Una década después, el cine francés se adentraba en el entorno multicultural de Saint-Denis, siguiendo el ya clásico esquema de un apocado profesor de Historia –nada menos que Gérard Depardieu– trasplantado, tras un desastre familiar, de un tranquilo instituto de Annecy al colegio Serge Gainsbourg, un centro considerado ‘sensible’.

Dirige el vitriólico dibujante Gérard Lauzier (autor de la celebrada serie Las cosas de la vida), que ya dirigió a Depardieu en Mi padre, mi héroe. Entre los malotes a los que se enfrenta el profe, cabe destacar la presencia de Roschdy Zem, que empezaba a perfilarse como representante de esa otra Francia con raíces magrebinas.

 

La clase (2008): La Palma de Oro

El género obtuvo sus cartas de nobleza con esta película de Laurent Cantet, basada en el libro autobiográfico del también protagonista François Bégaudeau, que llegó a lo más alto del Olimpo de la Cinefilia al lograr la Palma de Oro en el sacrosanto Festival de Cannes. Como en Los profesores de Saint-Denis, el reparto más joven está formado por alumnos del mismo centro en este caso situado en el penúltimo de los 20 arondissements de París.

También guionista del filme, Bégaudeau se inspiró en sus vivencias en el difícil colegio Mozart, pero la película se rodó, a lo largo de un verano, en el Jean Jaurés. El filme apuntala un tema muy explotado en los últimos años: cómo motivar, aunque sea saliendo del marco académico, a un alumnado que proviene de un entorno extremadamente marginal. El mismo Cantet volvería a tratarlo, manejando la misma técnica semidocumental, en El taller de escritura (2017).
Ambas están en Filmin.

 

La profesora de Historia (2014): La lección del Holocausto

Ariane Ascaride, la musa de Guédiguian, es la profesora del instituto Léon Blum de Créteil, una banlieue al sureste de París, que, para motivar a sus desmotivadísimos alumnos, les lleva a participar a un concurso nacional sobre “los niños y adolescentes en el sistema de los campos de concentración nazis”. La visita a un museo dedicado al tema, y el encuentro con uno de los últimos supervivientes, les cambiará para siempre.

Marie-Castille Mention-Schaar se inspiró en una historia real, y también rodó con auténticos alumnos de colegios de Créteil, además de integrar la historia de un joven que, de manera simétrica a la evolución de sus compañeros, se deja tentar por el islamofascismo. La película se estrenó en Francia en diciembre de 2014, apenas un mes antes de la traumática tragedia de Charlie-Hebdo. También está en Filmin.

 

El buen maestro (2017): el extrarradio no es tan fiero como lo pintan

Un poco como Depardieu en ¡Qué suerte ser profe!, Denys Podalydès es un profesor trasplantado. En este caso del prestigioso Lycée Henri-IV a un colegio de Stains, banlieue colindante con Saint-Denis. El viaje del director fue similar al del personaje. Durante un año, Olivier Ayache-Vidal, un burgués del centro de París que nunca había dirigido un largo, asistió al colegio Barbara, sentado en el último pupitre como si fuera el eterno repetidor, tomando apuntes de todo lo que veía.

Una vez más, se trata de motivar a alumnos que han sido dados por imposibles en un ambiente que el realizador no encontró tan hostil como esperaba. Durante su estancia, no presenció apenas episodios de violencia, ni vio droga moviéndose por las aulas. La banlieue no era tan fiera como se la habían pintado… en tantas películas. Disponible en Filmin.