Pases de prensa: ¿Especie en extinción?

'Nymphomaniac' de Lars Von Trier se ha estrenado en España sin proyecciones previas para la crítica. ¿Perderán los periodistas de cine el privilegio de ver películas gratis y antes que nadie? Por YAGO GARCÍA

03 de enero de 2014

A estas alturas, parece que uno puede esperarse cualquier cosa de Lars Von Trier. Más aún si se trabaja en la prensa de cine e informar sobre sus excentricidades es el pan cotidiano. Pese a ello, el estreno en España de Nymphomaniac. Parte 1 ha desconcertado a más de un miembro del gremio, y no debido a las evoluciones eróticas de Charlotte Gainsbourg, Shia LaBeouf, Christian Slater y compañía. Tampoco se trata de las quisicosas que han rodeado al montaje de la película. Hablamos de que el último trabajo del danés no fue presentado mediante los habituales pases de prensa, esas sesiones a las que pueden asistir (gratuitamente) los periodistas y críticos acreditados, y que se llevan a cabo antes del estreno de la cinta. El cual, en este caso y para más INRI, tuvo lugar el 25 de diciembre.

“¿Qué tiene de raro esto?”, preguntará el lector. Pues tiene bastante. Por lo general, cuando no un filme no tiene pases de prensa antes de su lanzamiento, los profesionales del sector se echan las manos a la cabeza, intuyendo que la película de marras es tan mala que sus responsables prefieren no exponerla a la crítica. Como ejemplo reciente de esto podemos citar Bucky Larson: Born to be a Star, la catastrófica producción de Adam Sandler cuya falta de proyecciones previas en EE UU la hizo aparecer en Rotten Tomatoes con un cero como nota media. En términos más ibéricos, también viene a la memoria el tremebundo caso de Manolete: el malaventurado biopic del torero, recordemos, llegó a España seis años después de su producción, y dos años después de haberse vendido al público estadounidense como vídeo bajo demanda. Huelga decir que, en su caso, los críticos tampoco pudieron verla.

Pero estos casos, esta clarísimo, no se parecen al de Nymphomaniac: la cinta de Von Trier se ha visto precedida de una enorme expectación mediática, y lleva la firma de uno de los directores más valorados (y polémicos) de la actualidad. Venga del propio cineasta, de su productora Zentropa o de Golem, la firma que distribuye la película en España, esta decisión nos da pie a hablar sobre la evolución de las relaciones entre industria y crítica, un tema que CINEMANÍA ya ha abordado en otras ocasiones.

“Lo justo: no escribir ni una línea”

“Cuando una película no se presenta a la prensa, lo justo sería que no se escribiese una línea sobre ella”, afirma Luis Martínez. El redactor jefe de Cultura del diario El Mundo prosigue en la misma línea: “Antes, las productoras y distribuidoras sabían que se la jugaban renunciando a los pases previos. Ahora, sin embargo, puedes leer a veces páginas y páginas escritas sobre una película que aún no se ha estrenado y que nadie ha visto”. Martínez, que vio Nymphomaniac en una convocatoria de prensa en Copenhague, prosigue matizando sus palabras: “Eso es algo que habla mal de nosotros, los periodistas, y que crea un debate dentro de las fronteras del oficio”.

Ahora bien, Luis Martínez advierte también de que, a su modo de ver, “Nymphomaniac está al margen de eso”“Todos los estrenos de Von Trier tienen algo de performance, y están orientados a montar una gorda no sólo en torno a lo que se ve en la pantalla, sino también en torno a la propia película, a la forma en la que esta se ha rodado…”. Martínez nos recuerda también que, desde Anticristo (2009), Von Trier es cada vez más reacio a tratar con los medios. Y remacha: “la decisión [de no hacer pases de prensa] es coherente con un filme que es totalmente antinarrativo, y casi anticine”.

Por su parte, el crítico Sergio F. Pinilla prefiere enfocar esta cuestión desde un punto de vista más práctico. Según este colaborador de CINEMANÍA, enfrentarse a un estreno importante del que no se realizan pases de prensa es “una faena para el crítico”. “No hacer proyecciones para la crítica, o hacerlas uno o dos días antes del estreno, te limita los plazos de entrega dependiendo del medio para el que trabajes: si eres freelance, por ejemplo, no podrás ofrecerte a cubrir ese estreno para una publicación mensual”. Por otra parte, comenta Pinilla, la obligación de escribir una crítica a toda prisa y con el filme recién estrenado invita a las prisas e impide meditar los argumentos, lo cual (volviendo al comienzo) tampoco es plato de gusto.

“El sexo vende”

David Bernal, también colaborador de esta revista (y de Yahoo! Cine) confiesa que su primera impresión al saber que Nymphomaniac no tendría pases fue de sorpresa. “El cine de autor necesita más de la crítica que los blockbusters”, comenta, “porque su público responde mucho más al acicate de una opinión positiva antes de comprar la entrada”. Aun así, Bernal también admite que el caso de este filme es especial: “Von Trier tiene su parroquia de fans, digamos, y además el sexo vende”. En términos más generales, ¿qué piensa este experto cuando se entera de que una película no se proyectará para la prensa? “Lo primero que me viene a la cabeza es: ‘menudo bodrio tiene que ser”, bromea. Y prosigue: “Pero eso no es exacto, porque de las películas horrorosas también se hacen pases”

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Mientras que David Bernal achaca estas situaciones “a la pérdida de influencia de la prensa de cine, y también a la presencia cada vez mayor de críticos amateurs en los pases”, Jara Yáñez prefiere contemporizar. Caimán Cuadernos de Cine, la revista para la que escribe esta profesional, consiguió una opinión sobre Nymphomaniac “gracias a un colaborador que vive en Francia, un país donde la película sí tuvo pases previos”. “En mi experiencia personal”, prosigue Yáñez, “hay una primera posibilidad para la falta de pases: que la distribuidora española no haya recibido a tiempo las copias de la película”. Otro motivo, apunta la crítico, puede ser “el comercial: la compañía quiere controlar el flujo de información, o incluso evitar que se hable de la película”. Caso este último que, añadimos nosotros, se percibe aun cuando sí haya pases: muchos grandes blockbusters se proyectan para la prensa tan sólo tres, dos o incluso un día antes de su llegada a salas comerciales. Por otra parte, finaliza Yáñez, “tratándose de Lars Von Trier, cualquier cosa es posible”.

Internet: ¿solución, o desastre?

Ahora toca señalar un hecho sabido: la industria del celuloide no se libra de la crisis. Y otro más: a fin de realizar un pase de prensa, las grandes majors disponen de sus propias salas de proyección, pero las compañías independientes se ven obligadas a alquilar un cine. Aunque no sea exorbitante (una fuente en una empresa del ramo nos indica que cuesta “algo menos de mil euros”), el coste de esta operación puede poner en apuros a una empresa pequeña. Pero la tecnología tiene remedios para todo, y si hasta hace un tiempo era más o menos corriente que las distribudoras facilitasen copias en dvd cuando no podían hacer pases (o cuando su calendario ponía en apuros a un crítico), ahora lo habitual es facilitar un visionado en streaming por internet. Un remedio práctico, pero que tampoco se libra de la polémica.

Luis Martínez, sin ir más lejos, se muestra bastante hostil a esta práctica: “Los directores de cine piensan sus películas para ser vistas en condiciones óptimas, de modo que casi prefiero que no haya pase de prensa antes de recurrir al streaming”, nos dice. Aun reconociendo que el recurso a internet puede ser “una forma de solucionar una carencia”, el periodista de El Mundo no se anda con chiquitas: “Si tienes una distribuidora y te faltan los recursos para organizar una proyección, es como querer ser piloto de Fórmula 1 sin saber conducir”. David Bernal participa de esta opinión (“las películas se hacen para verse en pantalla grande”), pero con matices. “Los productos de las distribuidoras independientes no pueden competir con filmes que son grandes acontecimientos”, explica, “así que mandar un dvd al crítico, o poner su película en internet, es una forma de asegurarse un nicho en los medios”.

Indicando que su opinión es estrictamente personal, Jara Yáñez da una de cal y otra de arena: “Cuando ves una película, es importante verla bien, pero también es importante verla”, comenta. Y añade: “Estas soluciones facilitan que una película no pase desapercibida, y en algunos casos poder verla en la redacción de un medio resulta mucho más práctico que enviar a un colaborador”. Así las cosas, la opinión de Sergio F. Pinilla es la única en mostrarse favorable sin ambages. “Los pases se realizan sólo en salas de Madrid y Barcelona, lo cual centraliza la información”, comenta, “algo que no tiene sentido cuando la película se facilita online”. “Además”, remacha Pinilla, “La pantalla que tengo en casa es de 27 pulgadas”. Tal vez, en un futuro no muy lejano, todos los críticos de cine hagan bien en procurarse televisores de ese tamaño.

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