‘Parque Jurásico’: Y los dinosaurios dominaron la Tierra

21 años después del estreno de 'Parque Jurásico', tan denostada por la crítica como alabada por el público, es necesario volver sobre una película revolucionaria.

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01 de septiembre de 2014

PRÓLOGO

El 21 de marzo de 1994, el nombre de Steven Spielberg sonó por fin en el Dorothy Chandler Pavilion como ganador al Oscar a Mejor Director. Tras tres nominaciones sin premio (E.T., Encuentros… e Indiana Jones), por fin su nombre resonaba, en la madre de todas las noches, pronunciado por Clint Eastwood. Frente a Clint, a Steven se le veía diminuto, como un Galliminus frente a un Tyrannosaurus. Se tuvo que poner de puntillas para abrazar al altísimo cowboy, al viejo vaquero, al dinosaurio representante del Hollywood clásico, que pasaba así el testigo a Spielberg en su película más académica. Siete estatuillas. Un gran triunfo para Spielberg… aunque no el único: aquella misma noche, otra de sus películas, Parque Jurásico, obtenía tres galardones.

LO QUE DIJERON LOS PERIÓDICOS

Al día siguiente, por supuesto, nadie se acordó de los lagartos gigantes. Los titulares se centraron en que ¡por fin! la Academia había hecho justicia al hombre que más dinero había dado a Hollywood desde 1975 y su Tiburón. ¿Por qué había que reparar en aquella película para niños? La lista de Schindler era seria, épica, larga y en blanco y negro. ¿A quién le importaba aquella fantasía para pequeños ávidos de comprar merchandising?

En primer lugar, porque La lista de Schindler no habría sido posible sin Parque Jurásico. Nadie quería invertir en una película sobre el Holocausto tan dura. A no ser que Spielberg hiciera una concesión llamada Parque Jurásico. Se lo contó el propio Steven a su biógrafo, Joseph McBride. “Sid Sheinberg, presidente de la MCA, sabía que después de dirigir Schindler no podría ser capaz de hacer Parque Jurásico”.

La tragedia de seis millones de judíos frente a una aventura escapista. Era de prever que la crítica se lanzara sobre Parque Jurásico como una manada de Velocirraptors sobre un Dilophosaurus herido. “Falta de calidez humana”, dijo el difunto Roger Ebert; “no es una gran película”, dijo el Wall Street Journal; “lo gélido de los humanos compensará la nauseabunda tropa de Nunca Jamás de Hook”… señaló el Village Voice. Las críticas se recrudecieron al tiempo que la película iba ganando más y más dinero: en solo cuatro meses había recaudado más que E.T., convirtiéndose en la película más taquillera hasta aquel momento con 913 millones de dólares; el éxito fuera de EE UU fue tan espectacular que la industria francesa exigió protección para su cine; según Forbes, Spielberg se convirtió en “el trabajador mejor pagado de la historia de Hollywood o de cualquier industria del entretenimiento”, con un total de 250 millones de dólares en su bolsillo por el porcentaje de taquilla.

 LO QUE DIJO SPIELBERG

El error que cometieron los críticos fue, como siempre, pensar que el público es rematadamente idiota. Ocurre, más a menudo de lo que se piensa, que sin haber leído a Bordwell y Thompson, los espectadores son capaces de saber más de cine que los críticos. Tal vez no sepan verbalizarlo, pero sí sentirlo. Y en el caso de Parque Jurásico había tanto corazón de Spielberg como en La lista de Schindler. Para empezar, los dinosaurios no eran para él un bichejo más. Por entonces, ya había producido En busca del valle encantado (Don BLuth, 1988). “Como la mayor parte de mis películas, Jurassic Park nace de mi niñez. Siempre coleccioné modelos de dinosaurios y me fascinaba su enorme tamaño”. Spielberg, quintaesencia del californiano, nació en Cincinnati, pero se crió en Nueva Jersey, cerca del condado de Haddonfield, un lugar que ni aparecería en la Wikipedia de no ser porque fue allí donde se descubrió el esqueleto del Hadrosaurus foulkii, el primero completo de la edad moderna. Al Spielberg niño, como a todos los habitantes de la zona, se les inculcaba el orgullo del lugar por los huesos del más famoso de sus habitantes: salidas culturales al yacimiento, charlas en la escuela… En 1960, Spielberg y sus amigos acudieron a un cine en el que se proyectaba El mundo perdido, de Irwin Allen. “No subimos al gallinero con bolsas rellenas de pan mezclado con leche y queso. En el momento del clímax, empezamos a hacer sonidos de vomitona y lanzamos el contenido a la platea. Era una broma, pero pronto nos dimos cuenta que habíamos iniciado una cadena de vómitos. Detuvieron la proyección, encendieron las luces y tuvimos que salir por piernas”. ¿Les suena de algo? Debería: la anécdota es la confesión de Gordi a los Fratelli, uno de los momentos más hilarantes de Los Goonies.

Así que cuando Spielberg se enteró de que Michael Crichton iba a publicar ese pastiche de El mundo perdido de Conan Doyle mezclado con la Oveja Dolly y su propia Almas de metal que era Parque Jurásico, no se lo pensó y levantó el teléfono para convencerle de que le vendiera los derechos. Crichton le dijo que todos los estudios estaban interesados en su obra: Warner llegó con Tim Burton; Columbia con Richard Donner; Fox con Joe Dante… Pero Crichton tenía claro que quien debía rodarla era Spielberg y Universal. “Steven es un genio en el uso de la tecnología sin que la tecnología condicione la historia”. Spielberg le dio un plus personal al mojón que era la historia de Crichton: así por ejemplo, es difícil no ver en el personaje de Hammond (Richard Atenborough) y su olvido de sus deberes como abuelo un reflejo de lo que ocurría en esos momentos en la propia vida de Steven: la producción de Parque Jurásico y preproducción de La lista de Schindler le tenían tan absorbido que descuidaba su vida familiar. Pero, tal vez, quien mejor ha descrito la verdadera esencia de Parque Jurásico haya sido Richard Corliss en Time: “Ninguna película es tan personal como esta… una cinta cuyo argumento es el proceso, una película sobre lo complejo que resulta crear entretenimiento en la era del microchip. Es una película enamorada de la tecnología (como Spielberg) que, sin embargo, teme su mal uso (como Spielberg)”.

Parque Jurásico

 

LO QUE DIJO LA HISTORIA

“No tengo ningún reparo en reconocer que con Parque Jurásico pretendía rodar una secuela de Tiburón… Esta vez en tierra”, afirmó Spielberg. La segunda parte superó a la primera. Con creces , tal y como hemos visto, a nivel meramente económico. Pero lo realmente importante fue el cambio que supuso para la manera de entender el cine. Si Tiburón creó el blockbuster moderno, Parque Jurásico lo reinventó. No hay historia del cine actual, es decir, del que llegó con la digitalización, que no considere a Parque Jurásico como su punto de partida. André Bazin, teórico de teóricos, siempre se sorprendió por la tardanza en el nacimiento del cine. La tecnología estaba ahí, pero no llegaba el invento; lo mismo ocurrió con el sonido… Y lo mismo pasó con la aplicación de los ordenadores al celuloide. En 1985, el mismo Spielberg produjo la que está considerada como la primera película con personajes en CGI (imágenes generadas por computadora): El secreto de la pirámide (Barry Levison). Allí, un caballero medieval cobraba vida y salía de su vidriera en una simpática y memorable escena creada por Industrial Light and Magic y su subsidiaria Pixar (sí, por entonces George Lucas todavía no se había divorciado y había vendida la futura gallina de los huevos de oro). Sin embargo, la idea no fructificó. Algunos le echaron la culpa al desastre financiero de Tron, otros al hecho de que, en aquel estadio, los espectadores eran perfectamente capaces de dilucidar qué había sido creado por ordenador y qué no.

Spielberg era presa del temor contemporáneo. De hecho, su intención era que lo dinosaurios fueran animatrónicos de los de toda la vida. Para eso, llamó al mago Stan Winston, el genio detrás de Alien y a Phil Tippet, el papá de Robocop. Había que curarse en salud. Dennis Muren, uno de los capos de Industrial Light and Magic, le dijo que los dinosaurios podían hacerse por ordenador. La respuesta de Spielberg fue escueta: “Demuéstramelo”. Muren convocó a Spielberg y a Tippet a un visionado del ataque del Tyrannosaurus a los niños. Tras ver el metraje, Tippet se giró hacia Spielberg y le soltó: “Creo que soy un animal en extinción”. Acababa de cambiar la historia del cine.

Por supuesto, ILM no estaba preparada para un rodaje completo en CGI en el tiempo disponible, así que los dinosaurios fueron una mezcla de animatrónica y ordenador. Se calcula que solo seis minutos son completamente CGI. Entre ellos, la célebre estampida de los Galliminus. Spielberg tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos y acostumbrarse a utilizar el ordenador. Puede que hoy nos resulte difícil de creer pero, a principios de los 90, a Spielberg las computadoras le daban yuyu. He aquí, de nuevo, otro de las personalísimos trazos autorales de la denostada Parque Jurásico. No es casual, que el malo del filme sea el corrupto director informático del parque, Dennis Nedry (Wayne Knight). Papá Spielberg se separó de mamá Spielberg, un suceso que el pequeño Steven jamás consiguió superar. Papá Spielberg era… informático.

Parque Jurásico

 

EPÍLOGO

Aquel verano, frente al éxito de Parque Jurásico y el fracaso de El último gran héroe, Variety titulaba: “Los lagartos le comen la tostada a Arnie”. El héroe de carne, hueso y esteroides había pasado a mejor vida. Dos años después, ya no era concebible una película sin CGI. Había CGI fantasmagórico (Casper), CGI de zoológico (Jumanji) y la primera película creada completamente por CGI (Toy Story). La cantidad y calidad del CGI se convirtió en el reclamo de los blockbusters veraniegos. Convertir en real lo irreal, en visible lo imposible, ha sido el mantra desde entonces. Con el CGI de Parque Jurásico llegaron lo superhéroes y las películas de catástrofes (si es que acaso no son lo mismo). El cine explosionó… o implosionó. El año pasado Spielberg y Lucas se reunieron ante jóvenes directores con ese halo de dinosaurio que rodeaba a Eastwood en 1994 y se expresaron con la amargura de un animal en extinción: “La gente va a pagar 25 dólares por ver la próxima de Iron Man y 7 por ver Lincoln”, afirmó, tras confesar que su magna epopeya sobre el mítico presidente estadounidense estuvo a punto de ser relegada a la televisión. En última estancia, el éxito de Parque Jurásico abrió la puerta a la digitalización completa del cine, a la muerte del celuloide, y a una nueva forma de distribución. Adiós al rollo, a lo físico; hola a ceros y unos. Parque Jurásico cambió lo que esperamos en una sala de cine. Como al profesor Hammond, a Spielberg le ha acabado por devorar su propia criatura. Para que luego dijeran que Parque Jurásico no era una película personal.