Nueve terroríficas películas sobre brujas para ir ambientando Halloween

Rituales satánicos, ancianas que lanzan poderosos conjuros, jóvenes poseídas, danzas macabras o los horrores de la Inquisición. Es la brujería a través del cine.

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24 de octubre de 2019

Las brujas son todo un género cinematográfico en sí mismo. Las ha habido más románticas, empezando por Me casé con una bruja (1946) con Veronica Lake, Me enamoré de una bruja (1958) con Kim Novak y el bueno de James Stewart, o Prácticamente magia (1998) con Nicole Kidman y Sandra Bullock. Divertidas y estrafalarias en Las brujas de Eastwick (1987) con Susan Sarandon, Michelle Pfeiffer y Cher y un desatado Jack Nicholson, o Las brujas de Zugarramurdi (2013) de Álex de la Iglesia, tocando varios los palos, desde la comedia al thriller.

Están las de cuento de hadas o fantasías épicas, como las de Blancanieves, El Mago de Oz o Willow (1989), elaborando impensables pócimas o lanzando peligrosos conjuros. Pérfidas y malévolas como la de Angelina Jolie (más o menos) en Maléfica: Maestra del mal, estrenada en nuestras pantallas el pasado viernes 18; o injustamente acusadas de hechizos y quemadas en la hoguera como nos recuerdan los horrores reales de los tiempos de la Inquisición.

Símbolos del mal, también de la liberación femenina o la lucha contra las normas y prejuicios impuestos. No acabaríamos fácilmente con ellas, me refiero a las películas con brujas. Por eso las acotaremos a las que pueden dar más repelús. De acuerdo en que en la siguiente lista faltaría El proyecto de la bruja de Blair (1999), pero es que la única bruja que aparece está en el título.

Suspiria (2018 / 1977)

Suspiria 2018

El clásico de Dario Argento de los 70 es un hipnótico ejercicio de puesta en escena, de poderío visual, de estética y color y una obra maestra del giallo, aunque en la versión de Luca Guadgnino, con Dakota Johnson y Tilda Swinton (interpretando dos papeles, y uno de ellos ¡de anciano!, el Dr. Jozef Klemperer) las brujas aparecen mucho más por allí. No encontraremos escobas voladoras, pero sí la vinculación con la danza de los ritos ancestrales del más frenético de los sabbats, con coreografías elaboradas y terroríficas (una en particular, para poner los pelos de punta). Y está ese alucinante aquelarre final sobre el que aún estamos debatiendo si era un delirio genial o una tomadura de pelo de proporciones cósmicas. En cualquier caso, el de Guadagnino fue un remake distinto.

La autopsia de Jane Doe (The Autopsy of Jane Doe, 2016)

La autopsia de Jane Doe

Una de las propuestas más inquietantes de los últimos años tuvo en su momento un estreno muy limitado en cines. En fin. Siempre queda el streaming. El noruego André Øvredal, director de Troll Hunter o de la reciente Historias de miedo para contar en la oscuridad producida por Guillermo del Toro, construyó una de las propuestas más efectistas e impactantes de terror duro y puro, con un padre e hijo solos en la morgue e intentando averiguar lo que le ocurrió al cuerpo sin vida e incorrupto del cadáver de la joven que tienen en la mesilla. Emile Hirsch y Brian Cox eran el hijo y el padre respectivamente, y a Olwen Catherine Kellyle le tocó el papel de pasarse casi toda la película yaciendo desnuda, y encima sin mover ni un dedo.

La bruja (The Witch, 2015)

La bruja

El norteamericano Robert Eggers logró uno de los debuts más aclamados en el género, más por la crítica que por el público, con esta historia de una familia de colonos, en la Nueva Inglaterra de 1630, estableciéndose fuera de la muchedumbre, en una apartada granja cerca de un bosque. Era un compendio sobre las supersticiones, la incidencia de los puritanismos y los fanatismos religiosos, de despertares sexuales y liberaciones frente a las normas sociales, religiosas o patriarcales, abierto a numerosas lecturas. Y Anya Taylor-Joy estuvo espléndida como la hija adolescente y mayor.

Arrástrame al infierno (Drag Me to Hell, 2009)

Arrástrame al infierno

Después de la trilogía de Spider-Man con Tobey Maguire, Sam Raimi se propuso hacer un entretenimiento más ligero, volviendo a sus raíces, y estas eran las del terror y la comedia. Más de lo segundo que de lo primero hay en Arrástrame al infierno, aunque posee sus buenos sustos marca de la casa. Una joven empleada de banca (Alison Lohman) se verá sumida en una maldición cuando le niegue el aplazamiento de las cuotas de la hipoteca a una ancianita, solo que esta es una bruja (Lorna Raver). La película también tuvo el oportunismo de estrenarse en pleno apogeo de la Gran Recesión, que había puesto patas arriba la economía mundial en 2008, y con las entidades bancarias en el punto de mira.

Cuando fuimos brujas (The Juniper Tree, 1990)

Cuando fuimos brujas

Desde Islandia, una de esas joyas ocultas e interpretada por una joven Björk de 24 años. Obra de la directora Nietzchka Keene, es la historia de dos hermanas que, durante la Edad media, deben refugiarse en la montañas después de que su madre fuera quemada en la hoguera por brujería. No es de terror, aunque la sombra de los hechizos sobrevuelen por su historia e imágenes, sino tirando más a mística. Los bucólicos paisajes y la inocencia de unas niñas contrastando con la intolerancia, los fanatismos y la misoginia. Además, Cuando fuimos brujas merece estar en esta lista porque está de “actualidad”. En el Festival de Sitges pudo verse la copia restaurada, (también se proyectará en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián y en el FICX de Gijón). Una copia que a nuestros cines llegará, en un número limitado de salas, el 8 de noviembre. Inmejorable ocasión para (re)descubrir la película de Nietzchka en todo su esplendoroso y bergmaniano blanco y negro.

Martillo para brujas (Kladivo na carodejnice / Witchhammer, 1970)

Martillo para brujas

Seguimos en el territorio de los clásicos, y en blanco y negro porque el director checoslovaco Otakar Vávra realizó la mejor película que se haya hecho sobre los horrores e injusticias de la Inquisición. Ambientada en el siglo XVII, se documentó en textos de juicios reales y los resultados no pueden ser más dramáticos y contundentes. Una caza de brujas que acabará con la mayor parte de los habitantes de un pueblo, ricos y pobres, y detrás de la cual acabarán confluyendo intereses directamente relacionados con la codicia, para hacerse con las propiedades y bienes de los sentenciados. Durísima y magistral.

La semilla de diablo (Rosemary’s Baby, 1968)

La semilla del Diablo

Tal vez el clásico más popular y mítico sobre hechiceros y hechiceras, magia negra, confabulaciones con el maligno y el advenimiento del hijo de Satanás. Se lo debemos a Roman Polanski y a Mia Farrow como la joven ama de casa que acaba de entrar a vivir en un tétrico edifico de apartamentos de Nueva York (rodado en parte en el edificio Dakota de Manhattan, al que le persigue una ganada fama de lugar maldito). Otra obra maestra y también una inmejorable muestra del auge del interés por las temáticas sobre ocultismo y brujería en el cine de los 60.

La máscara del demonio (La maschera del demonio/Black Sunday, 1960)

La máscara del demonio

El apartado de los clásicos sigue dando para mucho. No menos icónico fue y sigue siendo uno de los títulos referenciales de la escuela italiana y una de las grandes películas de Mario Bava (y eso que, dirigiendo en solitario, era su ópera prima). Una bruja vengativa resurgirá dos siglos después para sembrar el terror entre los descendientes de aquellos paisanos que la condenaron a muerte (aplicándole la máscara del demonio del título, provista de púas en su interior). Se inspiró en el relato de terror El Viyi de Nikolái Gógol e influenciaría a reputados cineastas en el género que llegarían después. Pero ya vale la pena ver aunque solo sea por la actriz británica Barbara Steele en su primer papel como protagonista y, desde entonces, la gran musa del terror de los 60.

Häxan: La brujería a través de los tiempos (1922)

Häxan 1922

Es increíble, hace nada menos casi 100 años que el danés Benjamin Christensen plasmó una obra fundamental, pionera en muchos aspectos y con trucajes y efectos ópticos totalmente innovadores. Mezcla de documental y escenas dramatizadas para la pantalla partiendo de las concepciones fantásticas del mundo, el universo y lo desconocido de civilizaciones antiguas. Un viaje a través de la mitología y los ritos que se les atribuye a las brujas con paradas, de nuevo, en los atropellos y mezquindades de la Inquisición o en casos de monjas poseídas, incluso dándole cierto rigor científico (para la época), por ejemplo, relacionándolo con la histeria. Ser anciana y fea en la Edad media no era fácil, tampoco era cómodo para las jóvenes y bonitas. No escatima momentos eróticos o un verismo que le llevó a reproducir exactamente herramientas de tortura usadas por la Inquisición. El mismo Christensen interpretó a Satán en una propuesta que conserva intacta su capacidad aún de fascinar.

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