No son contingentes, sino necesarias: las mejores escenas de ‘Amanece, que no es poco’

En homenaje a José Luis Cuerda, presentamos este ramillete de escenas que brotaron del bancal en 1988 pero siguen estando fresquísimas.

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04 de febrero de 2020

La muerte de José Luis Cuerdaque ha fallecido hoy a los 72 años, nos impulsa a dedicarle un merecido homenaje. Un homenaje que ha brotado de nuestro corazón como un señor de un bancal manchego, y que solo tiene una forma posible. Porque, ya sea un ejercicio de humor locuelo con ambientación rural, bien una crítica más agria de lo que parece a ciertas cualidades del carácter español y sus cosas, Amanece, que no es poco es una obra maestra de nuestro cine llena de escenas memorables. Aquí hemos reunido una selección (personal e intransferible) de las mismas, para que las cantes tras haber hecho sonar la trompetilla del pregonero.

El corazón (gospel)

Seguramente, el primer momento de esta película frente al cual muchos espectadores españoles de 1989 se quedaron picuetos, por decir algo. Acostumbrados como estaban a un cine que plasmaba la vida del maestro rural como un rosario de miserias, seguro que no se imaginaban esta exhibición de poderío vocal y manos en alto.

“Un hombre en la cama siempre es un hombre”

La convivencia entre Teodoro (Antonio Resines) y su padre (Luis Ciges)  se revela complicadilla desde que les vemos aparecer en su moto con sidecar. Pero es en este momento, oyendo a Ciges decir lo de “me respetarás, ¿no, Teodoro?” cuando entendemos los abismos de absurdo a los que está abocada.

“¡Traete algo de Góngora!”

Es imposible recordar Amanece, que no es poco sin un recuerdo a esos hombres que brotan en los bancales. Y especialmente a nuestro favorito, el pobre Garcinuño, que se quedó sin brotar. Aquí le vemos aconsejando al pobre Tito Valverde después de ese fogonazo de lujuria que hace arder su ropa interior.

Por ‘Fulner’, que no quede

Más allá de la ironía de ver a José Sazatornil ejerciendo de cabo (¡y santo!) de la Guardia Civil, todos recordamos esta bronca antológica al escritor local (que será argentino, pero luce un bigote clavadito al de García Márquez) por haber plagiado Luz de agosto, de William Faulkner. Y no cualquier edición, sino la traducida por Pedro Lecuona para la editorial Goyanarte. A quién se le ocurre.

La visita del alcalde

El momento más berlanguiano de esta película, y seguramente también el que más se presta a ser citado en cualquier ocasión. “Munícipe por antonomasia”, “¡alcalde, todos somos contingentes pero tú eres necesario” “queremos que la muchacha sea comunal ¡y turgente!” son algunas de las cimas de una escena que llega a las cimas más altas de la retórica y de lo aristotélico.

Las elecciones de las mujeres

¿Queréis empoderamiento? Pues aquí tenéis empoderamiento, y de Albacete, además. En estos tiempos de #MeToo que vivimos actualmente, fascina ver a estas señoras rurales reuniéndose para elegir democráticamente los puestos de puta, adúlteras, monja y marimacho.

La rogativa

Como debe ser en un pueblo español de bien, quienes mandan en el villorrio de Amanece, que no es poco son el el alcalde (que convoca elecciones cuando le da la gana) y ese cura interpretado por Cassen que pone firme a su feligresía para rezarle una rogativa al santo. Por suerte, el santo en cuestión no solo hace llover, sino que hace llover arroz de Calasparra.

“¡Qué irse, qué apagarse!”

El pueblo en el que transcurre esta película es tan idílico y tan ordenado que en él la gente lo hace todo bien, incluso morirse. El médico del lugar, sin ir más lejos, disfruta de lo lindo viendo el fallecimiento de uno de sus pacientes, hasta el punto de esperar a su hijo para darle la enhorabuena.

Nadie sabe lo que puede una ingle (y varias, ni te cuento)

Volvemos una vez más a la escuela de don Roberto (Francisco Hernández) para asistir a otra de sus lecciones magistrales. Aunque incómodo por la presencia de adultos, el maestro del pueblo dicta las preguntas de un examen centrado en la parte del cuerpo que une el muslo y el vientre, con un cuestionario muy completito: “Historia de las ingles”, “Las ingles en la antigüedad”, “Un kilo de ingles”, “Las ingles en Andalucía, ¡y el clavel!”, “La ingle y Dios”, son algunos de nuestros temas favoritos.

…Y la clave de todo

Cuando Amanece, que no es poco se acerca al final de sus 110 minutos de duración, uno puede preguntarse a qué viene ese título. Hasta que, para grave chasco del cabo Gutiérrez, al sol le da por salir por el oeste. La estampa del aguerrido guardia desenfundando su pistola para enseñarle al Astro Rey lo que es bueno explica muchas cosas sobre la idiosincrasia española.