¿En qué se gasta el dinero Nicolas Cage?

El actor derrocha sus ingresos en serpientes, mansiones encantadas, cráneos reducidos y cómics

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07 de enero de 2020

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  • Debe ser cosa de familia: cada vez que un nuevo miembro del clan Coppola llega a este mundo, los dioses del cine le dan una porción de talento… y también le abren un agujero en la mano para que fluyan los millones. Esta maldición se le ha aplicado en todo su rigor al patriarca Francis Ford (¿alguien dijo “Corazonada”?), y parece haber llegado al paroxismo en el caso de su sobrino Nicolas Kim Coppola, alias ‘Nicolas Cage’. Además de un actor presto a desaprovechar sus dones (aunque también hace buenas películas, lo juramos), ‘Tito Nic’ es un aficionado a gastarse dinerales, cuyo carácter manirroto le ha ocasionado severos disgustos con el fisco de EE UU. Así las cosas, aunque Cage sigue siendo una de las estrellas mejor pagadas de Hollywood, ha pugnado muchas veces para evitar la bancarrota. ¿Qué gastos pueden llevarle a uno a gastarse un patrimonio de 137 millones de euros? Aquí te lo enseñamos.

    Mascotas exóticas

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    Con una famiglia como la suya, resulta casi normal que ‘Nic’ se entienda mejor con las criaturitas del Señor que con los seres humanos. Ahora bien: fijémonos en las mascotas de marras, y daremos crédito a aquellos que describían su mansión de Bel Air como “un zoo”. Cage se ha dado el gusto de alimentar a un tiburón (llamado ‘Mordisquito’, para más señas), un pulpo, un cocodrilo y, sobre todo, a dos cobras reales albinas a las que bautizó ‘Moby’ y ‘Sheba’, cuya adquisición le llevó a tener siempre cerca una buena dosis de contraveneno, por si las moscas. En general, Nicolas Cage parece ser un gran amante de los reptiles, y se afirma que el grueso de su colección lo componen criaturas de sangre fría, pero también halló hueco en su libro mayor para pájaros exóticos, así como para un buen número de perros con pedigrí.

    El cráneo de un dinosaurio

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    Aficionado a muchísimas cosas, ‘Nic’ es también un contumaz coleccionista de fósiles. Y a diferencia de la mayoría de nosotros, que tenemos que conformarnos con un trilobite o una rama de helecho (y eso, con suerte), a él le gusta jugar duro: una de sus piezas más preciadas es el cráneo de un Tarbosaurus bataar (pariente lejano del T-Rex), de cerca de 67 millones de años de antigüedad, que ganó en 2007 tras pujar duramente con otro aficionado, un tal Leonardo DiCaprio. La pieza, de dimensiones épicas, le salió a Nicolas Cage por alrededor de 288.000 euros, y también le granjeó algún inconveniente que otro: por lo que se ve, había llegado a pública subasta por cauces poco claros, seguramente importada ilegalmente desde China. Aun así, está claro que a nuestro héroe no se le aplican las sabias palabras de Homer Simpson: “Tendrá todo el dinero del mundo, pero hay algo que jamás podrá comprar… ¡un dinosaurio!”.

    Una tumba (con forma de pirámide)

    tumba

    Pese a que todavía es relativamente joven, Nicolas sigue el ejemplo de los grandes hombres de hogaño, preocupándose mucho por el descanso eterno y por su legado para la posteridad. Para probarlo, mencionaremos una de sus compras más sonadas: una parcela en el cementerio Saint Louis de Nueva Orleans, famoso camposanto donde está enterrada la hechicera Marie Laveau (a la que recordarás con el rostro de Angela Bassett en American Horror Story: Coven). Tras hacerse con el terrenito, Cage ordenó construir en él un sepulcro a la medida de su grandiosidad. Hablamos de una pirámide con la inscripción “Omni Ab Uno” (“Del Todo a la Unidad”, en latín). Según cuentan, las cagemaníacas de la Ciudad Creciente han llenado el panteón con marcas de pintalabios, y eso que el actor aún no se ha mudado dentro.

    Una casa embrujada

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    ¿Qué tendrá Nicolas Cage con Nueva Orleans? Pues, seguramente, algo relacionado con su afición al vudú. ¿Y con American Horror Story? Pues no lo sabemos, pero algo debe haber: en 2006, ‘Nic’ se gastó 3,6 millones de euros en una mansión del Barrio Francés, el corazón histórico de la capital de Luisiana. ¿Qué tenía de especial el edificio? Pues que se trataba de la casa donde, de acuerdo con la leyenda, habitó Delphine LaLaurie, aquella terrateniente aficionada a torturar a sus esclavos interpretada por Kathy Bates en la serie de Ryan Murphy. Por supuesto, la leyenda continúa afirmando que la casa está llena de fantasmas. Y aquí estamos seguros de que Cage lleva a dichos fantasmas más derechos que una vela, ¡faltaría más!

    Cabezas reducidas

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    No sabemos si Nicolas Cage habrá puesto alguna vez sus pies en la Amazonia: imaginarlo nos hace evocar escenas dignas de Aguirre, la cólera de Dios, así que no es plan. Pero lo que sí sabemos es que entre sus múltiples colecciones se halla una de cabezas reducidas, ese peculiar método de conservación practicado por tribus como los Jíbaro y los Aguaruna. Señalemos que preparar uno de estos trofeos es bastante complejo (a no ser que uno recurra a los servicios del hechicero de Bitelchús) y que, según la tradición amazónica, ser propietario de una cabeza reducida le otorga a uno soberanía sobre el alma del difunto propietario. ¿Estará ‘Nic’ practicando para hacerle lo mismo a los guionistas de El hombre de mimbre?

    El Lamborghini del Sha de Persia

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    A estas alturas, decir que Nicolas Cage también es aficionado a comprar coches de lujo resulta una obviedad. Pero así es: por lo visto, nuestro héroe siente predilección por los deportivos italianos de carrocería delirante, de los que posee tantos ejemplares que necesita un hangar en el aeropuerto de Santa Mónica para hacer las veces de garaje. El ejemplar más preciado de su colección es un Lamborghini Miura SVJ que perteneció al déspota Mohammad Reza Pahlevi hasta que la Revolución Islámica de 1979 le privó de su trono. Cage se hizo con esta preciosidad en 1997, tal vez para celebrar su doblete taquillero con Cara a cara Con Air, dejándose más de cuatrocientos mil euros en la tontería. Señalemos que, a decir de un confidente, a Cage se le da fatal conducir, y apenas se pone al volante de sus 50 bólidos.

    Cómics a tutiplén

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    Como saben sus fans, Nicolas Cage debe su apellido artístico a Luke Cage, ese héroe blaxploitation de Marvel que pronto tendrá su propia serie en Netflix. Así las cosas, decir que al actor le gustan las viñetas es un eufemismo: una leyenda, desgraciadamente sin confirmar, asegura que nuestro hombre recibe mensualmente todos los lanzamientos en papel de la Casa de las Ideas. De lo que sí estamos seguros es de que, en 2002, durante un momento de estrechez económica, ‘Nic’ se vio obligado a desprenderse de una colección de tebeos valorada en casi un millón y medio de euros, y entre los que se hallaban joyas tales que el primer número de Action Comics (el debut de Superman) y el número 38 de Detective Comics, con la primera aparición de Robin en una aventura de Batman. Por lo visto, Cage guardaba dichos ejemplares en vitrinas, como las obras de arte que son.

    Un avión privado

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    Después de todo lo que hemos dicho hasta ahora, esto queda hasta vulgar, pero allá va: Nicolas Cage también es (o fue) el orgulloso propietario de un reactor marca Gulfstream. Algo que le emparenta con otras estrellas de Hollywood… y que podría haberle llevado a desembolsar entre 9 millones y 54 millones de euros, según los precios que dicho fabricante publica en su web. ¿Algo más? Pues sí: dichos precios corresponden a modelos de segunda mano. Sigue leyendo cuando se te pase el mareo.

    Una isla del Caribe (con iguanas)

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    Vale, esto también es otra constante en los divos de Hollywood con ganas de gastar. Aun así, hemos de dejar constancia de que ‘Nic’ fue el propietario de Leaf Cay, una isla situada en el mismo distrito de las Bahamas donde Johnny Depp tiene su retiro caribeño. Por desgracia para Cage, la isla de marras es el hogar de una rara y endémica variedad de iguana, lo cual (si bien debió satisfacer el amor de nuestro hombre por los reptiles) limita seriamente las licencias para construirse una mansión en condiciones. Así las cosas, nuestro hombre renunció a la parcela en 2012, poniéndola a la venta por un precio estimado en 6,4 millones de euros. Actualmente, Leaf Cay alberga un resort para turistas que, a juzgar por las fotos, resulta muy poco escrupuloso con el medio ambiente.

    Caviar para todo el mundo

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    Tras tanto pitorreo, debemos consignar una cosa: los despilfarros de Nicolas Cage no abarcan sólo a sus propios caprichos. El actor es conocido también por haber realizado donaciones inesperadas, poco publicitadas y de muchas cifras en favor de organismos como la Cruz Roja o Amnistía Internacional. Y también gusta de acometer actos de solidaridad extravagante, como el que llevó a cabo durante el rodaje de Te puede pasar a ti en 1994: un buen día, Cage envió a un miembro del equipo a Petrossian, una conocida tienda neoyorquina de comida para gourmets, a fin de que le comprase una buena cantidad de caviar para agasajar a sus compañeros de plató. Casi 3.000 euros, fue lo que pagó ‘Nic’ por aquel aperitivo.

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    Su título, no debéis olvidarlo, era 'The Unbearable Weight of Massive Talent', y es la idea más loca que ha dado el cine últimamente.

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    Su título es 'The Unbereable Weight of Massive Talent', haciendo plena justicia a la completa locura que parece abrazar su argumento.

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