Nacho Vigalondo elige sus películas favoritas de 2011

'Extraterrestre', su segundo largo, se estrena el 23 de marzo. El director de 'Los cronocrímenes' nos hace más llevadera la espera hablándonos de las 5 películas que más le han gustado del año pasado. Por ANDREA G. BERMEJO

09 de enero de 2012

Antes de que acabase el año nos hicimos eco de las mejores pelis de 2011 según Sight & Sound , Roger Ebert , Cahiers du Cinema  , The New Yorker o Jonás Trueba, y nos pusimos delante de la cámara para hablaros de las favoritas en la redacción de CINEMANÍA. Con el 2012 recién estrenado, el cineasta cántabro Nacho Vigalondo, rescatador patrio de la poética de la ciencia-ficción, viaja en el tiempo para recordar las películas que más le han impresionado del año que se fue. Éstas son:

 

 

Diamond Flash (Carlos Vermut)

Una absoluta maravilla. Imaginad las hazañas de un superhéroe contadas en negativo, o sea, a través de diálogos entre las mujeres que lo rodean, su esposa, su cliente, la villana… El guión es soberbio y las interpretaciones, de no creérselas. Al final de la película son más las preguntas que quedan en el aire que las que se responden, y eso, extrañamente, es lo que cierra el sentido de la película. Un largometraje minúsculo, completamente autofinanciado que me ha hecho creer como ninguno de este año que esto tira hacia adelante.

Melancolía (Lars Von Trier)

Por una vez la depresión se retrata como lo que es, un desajuste químico que tiene muy poco de glamouroso y que rara vez encierra un tesoro. Von Trier se tira media película mostrando el salto al pozo de lana gris, y la otra mitad explicando que la única circunstancia en la que la depresión te coloca en una posición aventajada es el fin del ego a lo grande. O sea, el fin del mundo. Una película que en el recuerdo cada vez se hace más y más dulce.

Drive (Nicholas Winding Refn)

Cuando su director la presentó en Toronto la describió como “una película de John Hughes en cuya segunda mitad todo el mundo muere”. En efecto, después de ver Drive pesan tanto los estallidos de violencia cruda como los deambulares románticos en una Los Ángeles bellísima. Pocas películas pueden considerarse exitosas, pero casi ninguna provoca un impacto cultural sobre el momento como ésta. Más allá de la banda sonora y la chupa con el escorpión, Drive consigue devolvernos la inocencia como espectadores, a través de los golpes de efecto que nos la quitaron en su momento.

Clown (Casper Christensen)

La película danesa más vista del año demuestra que aplaudirle las gracias a Resacón en Las Vegas es el equivalente a felicitar al chef por una sopa de sobre. Esta producción de Zentropa (démosle las gracias de nuevo a Von Trier), el colofón cinematográfico de una serie de televisión que todavía tengo por ver, narra las aventuras de dos especímenes de clase media-alta que, en un esfuerzo imposible por demostrarse amigos, padres, maridos y amantes perfectos, acaban tocando fondo del modo más inimaginable. Sólo digo que, entre risa y risa, la sensación de incomodidad deja en bragas a A Serbian Film.

Bullhead (Michael R. Roskam)

La película que Bélgica manda a los Oscar debería ser el Déjame entrar de este año que viene, o sea, la película europea de género que pilla desprevenido a medio mundo por lo sorprendente de su propuesta y el aplomo de su caligrafía, consiguiendo darle la mano al público moderno y al clásico. Una trama ambientada en el submundo del tráfico de hormonas protagonizada por un macho alfa castrado cuyo perfil nos explica el título de la película y cuyo trágico destino se respira desde el primer segundo. Christopher Nolan y Guy Ritchie deberían verla tomando apuntes.