Nacho Cerdà: “Phenomena es el concierto del cine”

Aprovechando el estreno de Phenomena Take Two (GREMLINS + GREASE (BRILLANTINA) + DESAFÍO TOTAL + ALIENS, EL REGRESO) el 11 de mayo hablamos con su fundador sobre el futuro del cine y las bragas de Sigourney Weaver. Por ANDREA G. BERMEJO

10 de mayo de 2013

Foto de Martí Fradera

 

¿Por qué las sesiones de Phenomena se llenan cuando las salas de cine convencionales cada vez están más vacías?

Creo que todo se achaca al producto en sí. Esto tiene parte de verdad –pueden ser más atrayentes las películas de antes que las de ahora–, pero creo que Phenomena aporta otra cosa diferente: la experiencia de ver esas películas en un entorno adecuado, que no se puede repetir en casa ni en las multisalas. De todas formas, no todas las sesiones son de llenos absolutos. Pero sí es cierto que hay un común denominador que es el de considerar Phenomena como una fiesta más allá de la percepción de la película.

¿Phenomena recupera el carácter de evento que ha perdido el cine en los últimos años?

Yo creo que ahí está la esencia del cine de exhibición comercial que debería haber perdurado con el tiempo pero que en los últimos años ha ido perdiendo. Se ha perdido el encanto de lo que no se puede repetir. Cuando nosotros íbamos al cine de pequeños era una experiencia única, nos acercábamos a ello sin saber demasiado sobre la película a diferencia de lo que ocurre ahora, que hay muchísima información por todos lados. Había una cierta inocencia en el momento en el que se corrían las cortinas y comenzaba una especie de ritual. Eso se ha ido enfriando, mecanizando… Y la magia de la exhibición cinematográfica siempre ha pasado por ahí. Es como el teatro o como un concierto. Todo el mundo tiene el CD, todo el mundo se ha comprado el vinilo. Sin embargo, vas al concierto porque lo vives de otra manera. Phenomena es el concierto del cine.

 

¿Por qué no vamos al cine?

Yo te hablo desde el lugar de alguien que ha ido siempre al cine. He ido perdiendo las ganas, la pasión, esa emoción por ir al cine. Empezó en los años 80 cuando todos esos locales de una sola sala empezaron a fragmentarse y se perdió la gran pantalla. Al cabo de muchos años se fueron desplazando a las afueras de la ciudad. Se perdieron detalles como las cortinas, la música, la taquillera… Hay una falta de cariño hacia el público que está comprando una entrada y que espera un servicio.

Entonces… ¿no toda la culpa es de la crisis económica?

Creo que echamos demasiados balones fuera, que si la culpa es de la piratería, del público… Hay que hacer más autocrítica. Yo estoy convencido de que el cine tiene un futuro. Es un espectáculo y las personas necesitamos que nos cuenten historias, evadirnos… El perfil de nuestro público es, precisamente, el que la exhibición cinematográfica sataniza, es el joven que está todo el día en internet, en las redes sociales, que en teoría se descarga todo y piratea. Es el público que nos ha apoyado, así que es al contrario.

¿Esa decepción que arrastras desde la adolescencia es el germen de Phenomena?

Sin duda. La necesidad de recuperar la ilusión fue lo que me llevó a crear Phenomena, que no es que sea algo nuevo sino que es una reinvención de algo que existía. Porque en definitiva el cine de barrio siempre ha estado y el doble programa y las pelis que proyectamos. No me he inventado nada, sólo lo he recuperado.

 

¿Cómo arrancaste el proyecto?

Fue en verano de 2010. Pensé “es muy grave que no vaya al cine”. Veía las películas en dvd pero no iba a las salas. Se me ocurrió que sería genial volver a disfrutar de las películas en pantalla grande y que, tal vez, habría más gente como yo a la que le apeteciese hacer lo mismo. Me lié la manta a la cabeza y me puse a recuperar ciertos títulos que habían sido importantes para mí. Los busqué en las mejores condiciones, en 35 mm. La idea era recuperar un cine con cierta personalidad que se proyectase en las mejores salas y convocando al público. Que fuese un evento de corte popular, no comercial. Era una idea arriesgada y, al mismo tiempo, fruto de la pasión que yo sentía sin tener en cuenta si iba a funcionar o no, con una necesidad detrás que, por suerte, ha sido compartida por mucha gente.

¿Te costó mucho conseguir las copias?

Mucho. Porque con la digitalización se ha ido perdiendo la costumbre y el equipamiento de los cines se ha ido transformando. Nosotros nunca hemos querido proyectar ni en dvd ni el Blu-ray. No es nuestro espíritu. Sería defraudar a nuestro público y traicionar la esencia de Phenomena de “volver atrás”, no como algo peyorativo sino como una reivindicación, un ejercicio de nostalgia proyectado en un futuro. Por eso era muy importante buscar las copias en 35 mm. Ha habido copias que venían de Los Angeles, Francia, Londres…

¿Se parece a la función de un programador de un festival?

Es lo mismo. La búsqueda de copias de 35 mm siempre ha sido previa a la programación. Buscamos películas que nos gusten pero que podamos proyectar, no cualquiera nos sirve al no ser que sea un título especial. Hay un título que nos costó ocho meses que fue Superman. Era uno de los primeros que quería programar y, por falta de copia, no lo pudimos programar hasta pasados los meses que invitamos al productor de la película a presentarla. Se convierte en un acto de presentación de la película muy festivalero.

 

 

¿Dónde buscáis las copias?

Por ejemplo, la de Superman la encontramos en Londres. Nos negaron por activa y por pasiva que existiese. Finalmente, a través de contactos que tenemos, fuimos por la puerta de atrás y nos dijeron que sí que existía esa copia pero que no la dejaban a nadie. Lo gestionamos con el productor y al final nos la dejaron para hacer un par de pases que fueron para mí como volver a la infancia. El tema de las copias es difícil, no sólo hay que buscarlas sino chequearlas.

¿El requisito para elegir las películas es que sean títulos populares?

No. Phenomena, a aparte de reivindicar lo obvio –no hay que ser un lumbreras para reponer Regreso al futuro– es descubrir películas. Yo cuando iba al cine de reestreno o al cine de barrio descubría grandes cosas. Ahora el público es más reacio a descubrir algo nuevo. Yo estoy luchando para que nuestros espectadores se fíen de nuestro criterio. Quiero que Phenomena haga que el espectador recupere la curiosidad.

Phenomena nace como una necesidad pero se acaba convirtiendo en un negocio. ¿En qué momento te das cuenta de que eso es así?

En el momento en el que el público nos apoya. Hicimos una inversión a fondo perdido y lo recuperamos hasta el punto de que pudimos reinvertir en otras películas o en otras sesiones que no son tan comerciales. Hicimos una retrospectiva de cine fantástico español de los 60 y los 70 o sacamos una copia de Mil gritos tiene la noche, de Juan Piquer Simón. Ahora Phenomena inaugura un sello que se llama Phenomena Premiere, queremos traer películas que no han sido estrenadas. Hicimos un pase de Killer Joe, la última película de William Friedkin. Me gustaría traerla también a Madrid.

Háblame de la primera sesión de Phenomena.

Fue muy especial, hicimos unos folletos y posters y salimos en cuatro medios. Todo el mundo me decía que habían recibido un folleto de Alien y Tiburón y pensaron que era tal marcianada que se acercaron a ver que era. Elegí Tiburón porque es la razón de que hoy estemos aquí hablando. Y Alien porque estructuralmente me parecía que encajaba bien con Tiburón: dos monstruos, aunque uno estuviese en el mar y el otro en el espacio. La gente pensaba que iban a venir cuatro gatos y aparecieron 1300 personas.

Tuvo que ser muy emocionante…

Mucho. Me subí al escenario y les dije: “Vamos a necesitar un barco más grande”. Además, en esta sesión hubo un espontáneo que en Alien, en la escena en la que Sigourney se despelota, se levantó y gritó: ‘¡Dios bendiga esas bragas!’. Provocó una risotada general, claro. El cine de barrio tenía eso también. Meses más tarde, dirigiendo la segunda unidad de Luces rojas, la segunda película de Rodrigo Cortés, tuve la oportunidad de conocer a Sigourney Weaver y le conté la anécdota. Le hicimos un vídeo para presentar una sesión de Aliens, el regreso que íbamos a hacer en Phenomena. En el vídeo se cuidó de contarnos que llevaba puesta las bragas.

 

¿Vais a llevar Phenomena a otras ciudades?

Tampoco quiero convertir esto en una multinacional. Si lo llevamos a otras ciudades es para que el público pueda disfrutar de ello. Obviamente queremos recuperar costes para poder seguir invirtiendo pero la motivación principal es que la gente descubra nuevo cine y lo disfrute. Y me incluyo yo. Yo me quedo en las sesiones de Phenomena. Voy súper nervioso porque quiero que todo salga bien pero me quedo. Porque cuando era pequeño hacía esto mismo, proyectaba pelis en Super 8 para mis colegas. Estaba pendiente del proyector pero también de sus reacciones.

¿Qué sesión doble nos propones?

La que me gustaría programar ahora mismo… Marathon Man y Atmósfera cero. Ni siquiera son pelis de serie Z, en su momento fueron grandes estrenos. Ahí está el equilibrio, en programar pelis comerciales y otras menos conocidas. Por ejemplo, con la sesión de Tarantino hicimos un experimento. Programamos Pulp Fiction con Django. La gente se encontró un despropósito descabellado y se lo pasó bomba.

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