Mulan es la mejor princesa Disney: estas 10 razones lo demuestran

Nunca evita una pelea, tiene la mejor historia de amor y sus mascotas siguen siendo lo más: la mejor heroína del estudio sigue viviendo en China.

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22 de noviembre de 2019

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  • Si Mulan viviera en los EE UU del siglo XXI, ya podría votar, beber alcohol e ir a garitos. Pero, como su ámbito sigue siendo la China imperial, el hecho de que acabe de cumplir 21 años solo quiere decir una cosa: su reinado como la mejor princesa Disney ya ha superado las dos décadas. La legendaria guerrera, que llegó a los cines en noviembre de 1998, es uno de los personajes del estudio más queridos por los fans. Y, sin ánimo de desmerecer a sus compañeras, es nuestro miembro favorito de su nómina principesca. Si te parece que exageramos, échale un vistazo a estas razones para adorarla: seguro que acabas dándonos la razón.

    No es perfecta (ni falta que le hace)

    Por si hubiese dudas, este epígrafe no se refiere a los estereotipos de género en la China feudal. Aunque el desfase entre la heroína y su contexto nos dé momentos de gran jolgorio, aquí nos referimos a que el personaje se define tanto por su heroísmo como por sus puntos débiles como persona: Mulan es impulsiva, actúa sin pensar en muchas ocasiones y tiene una preocupante tendencia a venirse abajo cuando les cosas le salen mal. ¿Dónde está la gracia? En su forma de superar esos obstáculos para acabar siendo una heroína hecha y derecha. 

    Sabe luchar 

    Está claro que el ‘renacimiento de Disney’ en los 90 dotó a los filmes del estudio con protagonistas femeninas más ‘redondas’ que nunca hasta el momento, en el sentido dramático. Pero Mulan nos da aquello que ni Ariel, ni Bella, ni Pocahontas pudieron entregarnos: una heroína de acción. Pese a que sus comienzos en este ámbito son titubeantes, por decir algo, tanto la batalla contra los hunos en la nieve como el clímax final en la Ciudad Prohibida nos hacen pensar que Ellen Ripley, Sarah Connor Imperator Furiosa se irían con ella de buen grado a cenar cogotes de merluza, beber vino de arroz e intercambiar consejos sobre cómo machacar a los malos.

    Tiene las mejores mascotas

    Cuando las noticias sobre el remake de Mulan empezaron a llegarnos, ¿cuál fue la que más nos deprimió? Pues la ausencia de Mushupor supuesto. Al grito de “deshonra para tu vaca”, todos recordamos lo mucho que el desastroso dragoncito (Eddie Murphy en VO, José Mota en la versión castellana) nos hizo reír cumpliendo las órdenes de los ancestros Fa de la manera más torpe posible. El grillo Crik-Kee aporta el factor riquiño, mientras que el caballo Khan es la montura impetuosa (y con un sentido del humor puñetero) que toda heroína wuxia necesita. Así pues, nuestra chica gana en este campo.

    Tiene el villano menos tópico

    Seguro que, si viste Mulan en tu infancia, cierta muñeca abandonada en la nieve del Himalaya ocupa un lugar especial en tus pesadillas. Y no nos extraña: el caudillo huno Shan Yu es uno de los villanos más tremebundos de la historia de Disney precisamente por lo verosímil que resulta. Porque, sinceramente, es poco probable que ninguno de nosotros se encuentre con una bruja malvada, un dios vudú o un gran visir aficionado a la magia negra, pero la amenaza de un general sediento de sangre siempre estará ahí…

    Tiene la mejor historia de amor

    Como bien apuntó Frozen en 2013, las historias Disney sobre amores inmortales a primera vista tienen un puntillo inquietante que no podemos olvidar. Incluso La bella y la bestia, uno de los primeros trabajos del estudio que se atrevió a darle un poco de chicha al romance, evocaba tétricamente un caso de abusos consentidos (cuando no de síndrome de Estocolmo). Así pues, podemos decir que a Mulan le sonrió la suerte con Li Shang. Porque, puestos a encontrar al amor de nuestras vidas, nosotros siempre preferiremos apreciar sus finas dotes para la esgrima, el kung fu y la estrategia militar antes que quedarnos embobados al verle en un baile o en la cabaña de unos enanitos.

    Tiene el chiste más fino

    Para pillar este matiz hace falta un poco de atención, pero merece la pena. Recuerdas que el seudónimo usado por Mulan cuando se alista en el ejército es “Ping”, ¿verdad? Pues en mandarín, esa es la palabra para “jarrón”. Un jarrón chino, por supuesto. Y, usada para describir a una persona, tiene connotaciones similares a las de “florero” en castellano: alguien (generalmente una mujer) cuya función en la vida es servir como objeto decorativo sin que pueda (o le dejen) salir de ese papel. Así pues, usando ese nombre falso, Mulan está rebelándose contra unas circunstancias que quieren convertirla en una mujer sumisa… o, lo que es lo mismo, una ‘mujer florero’. Sutil, ¿verdad?

    Trepa como nadie

    Con una canción motivacional de la talla de Un hombre haré de tinosotros también estaríamos dispuestos a ir más allá de lo imposible. Pero esas cosas es más fácil decirlas que hacerlas, lo cual hace que hoy sigamos poniéndonos en pie cuando vemos a Mulán subiendo a lo alto de ese cochino poste y tirando la flecha a los pies de Li Shang. Ni todo el jade de Pekín compraría tamaño subidón.

    Se gana la lealtad de sus compañeros

    Ante un trío de gañanes como Yao, Lin Chien-Po, cualquiera tiraría la toalla y les daría por irrecuperables. Menos mal que Mulan está hecha de otra pasta. A lo largo de la película, la vemos pasar del torpe (o la torpe) del pelotón a una líder carismática que lleva a sus compañeros a primera línea. Y no solo eso: los chavalotes están dispuestos a transformarse en las concubinas más feas del harén imperial si la heroína se lo pide. Poca broma, teniendo en cuenta lo que el resto de la película nos ha contado sobre los roles de género en su momento y lugar.

    No necesita magia

    Dejando de lado a las princesas dotadas de superpoderes, como Elsa Rapunzel, la mayoría de las heroínas Disney se benefician de, digamos, una ayudita sobrenatural para lograr sus metas. Pero el caso de Mulan está muy lejos de eso: en vez de un hada madrina, ella solo tiene a Mushu, lo cual la obliga a ganarse todo lo que consigue con la única fuerza de su cerebro y sus músculos. Tal vez si el Gran Dragón de Piedra no hubiese tenido aquel pequeño percance, su aventura habría sido más fácil… pero nosotros la admiraríamos menos.

    Y lo mejor de todo: no es una princesa

    Dadas las drásticas desigualdades sociales en la China del siglo VI, podría decirse que ser la hija de un terrateniente, como Mulan, equivale a un título principesco. Pero no nos engañemos: cuando decide tomar las armas, nuestra protagonista no tiene nada que heredar ni nada que ganar, salvo librar a su padre de una muerte horrible en el frente. Una razón más (y tal vez la más importante) para citar a los antiguos clásicos y sentenciar: “La flor que crece en la adversidad es las más rara y hermosa”. O, en una versión alternativa: “¡Una chica como esa no te la encuentras en cualquier dinastía!”. 

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